Manuel Pozo OllerAdrede en esta colaboración no me voy a centrar en los aspectos espirituales del año jubilar dándolos por conocidos y entendiendo que son la base sin la cual no tendría sentido alguno esta celebración quedándonos en un mero recuerdo de unos hechos que acaecieron hace cuatrocientos años.

Tampoco voy a repetir la historia de la aparición de la santa Cruz del Voto en la villa de Canjáyar porque tenemos documentación suficiente al alcance de la mano, cito por ejemplo, la página web del año jubilar o el hermoso tríptico informativo elaborado por la Comisión eclesiástica y civil nombrada al efecto por nuestro obispo, Mons. Adolfo González Montes. Para los especialmente interesados remito a los estudios históricos de beneméritos canjilones tales como Emilio Esteban Hanza y Juan Pedro

Con ánimo de abrir horizontes voy a dedicar varias de mis colaboraciones en semanas sucesivas a aspectos, vamos a llamar alternativos, que pueden complementar sin duda la vivencia de estos meses que conmemoran los cuatrocientos años del hallazgo de la santa Cruz efeméride que, sin duda alguna, está suponiendo para la villa de Canjáyar una verdadera gracia de Dios al tiempo que una promoción de la villa y sus gentes extraordinaria.

Vayamos a lo nuestro y empecemos por aclarar conceptos. El término jubileo hace alusión al cuerno de cordero (“yobel en hebreo) usado como instrumento sonoro para anunciar el año excepcional dedicado a Dios. Más tarde, comenzó a significar la experiencia de alegría que suponía el año de misericordia del Señor (“iubilum” en latín). Fijémonos ahora nuestra atención en los libros sagrados del Éxodo (23,10-11), Levítico (25,1-7; 18-20) y Deuteronomio (15,1-6), donde se establece cada siete años la celebración del año sabático en que la tierra debe reposar y, en consecuencia, no era cultivada durante el año en la convicción de que el único dueño de la tierra y de las personas es Dios.

Ya sabemos, mucho más en nuestras tierras de Almería, que aquel sistema de barbecho que recuperaba la tierra nutricia e igualaba desigualdades impidiendo la acumulación excesiva, ha pasado a mejor historia pero no ha desaparecido la enseñanza, a saber, la criatura ha recibido del Creador la creación entera que es su casa y que ha de cuidar. Desde ahí cabe preguntarnos cómo.

Me viene a la memoria la presentación hace unos meses de esa vía que une la ciudad de Almería con la villa de Canjáyar y felicito a los promotores de esta magnífica idea que está en el centro de la espiritualidad del año jubilar en tanto que es una invitación a la peregrinación al tiempo que a la contemplación del misterio del Creador en la obra de sus manos. Habría que hacer propaganda de esta posibilidad de lucrar el jubileo gustando la brisa suave y las dificultades del camino e incluso ofrecer diversas posibilidades para romeros y peregrinos.

Otras muchas cosas se pueden hacer como fruto espiritual del Jubileo para cuidar la Creación, obra y regalo de Dios. No voy a proponer sólo enumerar algunas para que cada cual saque sus consecuencias. Canjáyar se ha engalanado para recibir a los peregrinos y todos los vecinos han hecho un gran esfuerzo para pintar y ornamentar sus fachadas aportando no solo pulcritud sino también una belleza singular; en estos días se prepara una pequeña exposición de su patrimonio lo que supone la limpieza y cuidado de alguna de sus piezas y la posibilidad de poder admirar el patrimonio legado por las generaciones que nos han precedido.

Valorando en su justa medida la importancia espiritual de la celebración del año jubilar no podemos dejar atrás nuestro compromiso en estas nuevas maneras de cuidar la Tierra que bien podrían unirse a otras más sencillas como reducir nuestra bolsa de basura, no usar detergentes o aerosoles que sean contaminantes, respetar y cuidar nuestro entorno.

Manuel Pozo Oller,

Vicario Episcopal

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