El día 1 de mayo será beatificado Juan Pablo II. Como humilde contribución a la preparación para el mencionado acontecimiento quiero traer aquí algunos de sus pensamientos sobre la religiosidad y el catolicismo popular. 

Juan Pablo II trató el tema de la religiosidad popular en abundantes ocasiones. Diversas publicaciones recogen sus exhortaciones a los obispos andaluces con motivo de las distintas visitas “ad Limina”. También nos dejó un elenco de referencias en sus dos visitas a Andalucía en 1982 y 1993 así como con ocasión de algunas de las peregrinaciones de Hermandades y Cofradías a la ciudad de Roma. Particularmente importante fue la homilía  que pronunció en la Basílica de San Pedro en la celebración del Jubileo del año Santo de la Redención en 1984 en el marco de un masivo encuentro del Papa con cofradías.

Para el Papa la religiosidad popular es “una fe que se ha hecho cultura”. Esta afirmación, que hoy en muchos sectores culturales aparece como polémica, es una obviedad histórica especialmente constatable en Andalucía. El Papa entendió siempre que la fe cristiana ha engendrado expresiones culturales propias. A los obispos andaluces les decía en 1982 que los pueblos andaluces “hunden sus raíces en la antigua tradición apostólica, han recibido después numerosas culturales, que les han dado características propias. La religiosidad popular que de ahí ha surgido, es fruto de la presencia fundamental de la fe católica, con una experiencia propia de lo sagrado, que comporta a veces la exaltación ritualista de los momentos solemnes de la vida del hombre, una tendencia devocional y una dimensión muy festiva”. Más adelante, en esta misma alocución, insiste y afirma que no se puede separar la religiosidad popular de la fe cuando comenta que “desligar la manifestación de religiosidad popular de las raíces evangélicas de la fe, reduciéndola a mera expresión folclórica o costumbrista sería traicionar su verdadera esencia”.

Al parecer del Santo Padre la religiosidad popular en Andalucía se ha desarrollado sobre todo alrededor de tres misterios o verdades del cristianismo, a saber, la Pasión del Señor, el Sacramento de la Eucaristía y la devoción a María Santísima. En la visita “ad Limina” de 1982, citada más arriba, les dice a los obispos que de modo especial deben “fomentar y canalizar las tres devociones peculiares, que han sido desde hace siglos, y continúan siéndolo todavía, objeto de predilección en la religiosidad popular de vuestras gentes. Me refiero –prosigue el Papa- a la devoción a Jesucristo en el misterio de la Pasión y en el Sacramento de la Eucaristía, así como a la devoción a su Madre Santísima en los misterios de dolor, gozo y de gloria”. Estas mismas ideas las volvió a repetir en Granada en la homilía ante los educadores en la fe.

El Papa hablaba con frecuencia de la necesidad de completar o de robustecer algunos aspectos de la religiosidad popular y señala que ese robustecimiento espiritual se consigue a través de un mayor compromiso evangelizador. Igualmente insiste en la necesidad de purificar la religiosidad popular. En la alocución del encuentro del Rocío decía a los presentes que las peregrinaciones y actividades de las Hermandades “tienen mucho de positivo y alentador, pero se ha acumulado también, como vosotros decís, polvo del camino, que es necesario purificar”. Y para el Papa la purificación consiste en ser capaces “de dar a estas raíces de fe su plenitud evangélica (...) Todo lo que sea desconectar las expresiones religiosas populares de sus raíces cristianas sería traicionar su verdadera esencia”. El Vicario de Cristo en la Tierra, de una u otra manera, insistía vehementemente ante las hermandades sobre la insoslayable necesidad, fruto y consecuencia del trato con el Señor en la Iglesia, de dar “testimonio de los valores cristianos en la sociedad andaluza y española”. Juan Pablo II, hijo de la piedad popular, es un ejemplo, como en tantos otros aspectos, de amor a la cultura y respeto a las manifestaciones de piedad del pueblo.

Manuel Pozo Oller,

Vicario episcopal

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