Manuel Antonio Menchón
Vicario Episcopal del Clero

No hace mucho, los obispos de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social (CEMCS) han denunciado, con motivo de la XLIV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que algunos profesionales del periodismo relegan a la páginas de sucesos o "ridiculizan en series de ficción" a los sacerdotes que hay en España por los "comportamientos inmorales y delictivos de una minoría infiel".

Además, se han quejado de la "parcialidad" con la que es tratada "con frecuencia" la figura y misión del sacerdote, de la que los medios hablan "faltando a la verdad e injustamente". "La heroica y fiel trayectoria de santidad y entrega a los demás de la inmensa mayoría del clero no puede quedar oscurecida"

No obstante, han lamentado "con mucho dolor" el daño producido y se han solidarizado con las víctimas,  de los actos vejatorios cometidos por estos sacerdotes, a quienes hay que acompañar "con más claridad y justicia".

Y es que ciertamente, hoy día, hay sectores de la sociedad, que solo utilizan un ojo para mirar a los sacerdotes, el ojo inquisidor y acusador de los que sólo quieren ver las faltas, muchas veces y tristemente graves, que comenten o han cometido algún sector del clero. Y esa mirada es tan fija que acaba por globalizar a todo el clero.

Recuerdo que no hace mucho tiempo en un programa televisivo de gran audiencia, el presentador decía que los curas se opone al aborto, porque si no nacen niños no pueden abusar sexualmente de ellos. Y se quedó tan tranquilo después de decir semejante disparate. Así nos metió a todos los sacerdotes en el mismo saco del desprestigio. Claro que de quien dice imbecilidades, no se puede esperar palabras inteligentes.

Para mirar a nuestros sacerdotes debemos usar los dos ojos. No podemos taparnos el ojo crítico, pero tampoco debemos taparnos el ojo que descubre la bondad de las cosas y de las personas.

El pasado jueves, celebrábamos los sacerdotes, las bodas de oro y plata de nuestros hermanos en el ministerio: Alfonso, Jesús, Francisco, José y Francisco. Cincuenta  y veinticinco años de sacerdocio no son pocos. ¡Cuántas cosas han sucedido en este medio y cuarto siglo de la historia personal de cada uno de ellos!

Es curioso que sean bodas de oro y plata para aquellos que nunca han ansiado en su vida acumular ni el oro ni la plata, sino servir a aquellos a quienes han sido enviados: Escuchar los problemas de la gente, atenderlos, apoyarlos, consolarlos; hacer llegar a todos los rincones de la Diócesis la Palabra de Dios;  animar y alimentar con los sacramentos la fe y la esperanza de las gentes de buena voluntad de nuestra tierra; multiplicar los panes de la misericordia con mucha generosidad,  ayudando  a los necesitados, aliviando el frío y el hambre de tantas personas; la ardua tarea de buscar la oveja perdida. Es  así como los sacerdotes se identifican con el Buen Pastor.

De esta manera tan sencilla acogidos por unos, rechazados por otros, pero convencidos de que ser sacerdote es hermoso, porque se sienten  mediadores entre Dios y el pueblo.  Ojalá muchos pudieran haber oído la coincidencia de estos hermanos al afirmar: “Estoy feliz con lo que hecho. Si volviera a nacer, volvería a ser sacerdote”

Tal vez nos podemos preguntar “¿qué es lo  realmente explica todos estos años?

Creo que la única respuesta es el Amor. Y lo sabemos bien, el amor no es poesía, está hecho de entrega, de fidelidad, y eso supone un precio: el sacrificio, la renuncia de sí mismos.

Seguramente que su perseverancia y su fidelidad no ha sido una trayectoria fácil; seguro que ha habido momentos de desilusión y desencanto. Pero a ciencia cierta,  en esos momentos habrá sido cuando hayan sentido de un modo muy especial que es Dios quien ha sido siempre fiel, que es su amor el que les ha sostenido, el que les ha ayudado, y siempre les la impulsado y mantenido en el cumplimiento de la hermosa tarea que un día les encomendó

No estaría mal que, de vez en cuando todos, también los agentes de la  comunicación, abrieran ese otro ojo para observar la vida humilde de los miles y miles de sacerdotes fieles,  como nuestros hermanos de bodas de oro y plata, en contra de ese número tan reducido, pero tan publicitado por los medios de comunicación, de sacerdotes que han sucumbido a la debilidad humana.

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