Manuel Antonio Menchón
Vicario Episcopal

Tristemente hay que reconocer que las injusticias sociales son causas de la pérdida de la fe en gran parte de las masas. A las víctimas de la injusticia les cuesta reconocer a un Dios bueno en medio de tanta falta de amor... Pero los hay también que no creen por tener una vida demasiado satisfecha. Los grandes privilegiados de la vida, que en su mayoría son los habitantes del primer mundo,  a los que no falta nada, caen en el extremo contrario. ¿Qué falta les hace Dios, si ya lo tienen todo?... Y la crisis se extiende hoy a todos por ese afán moderno de creer en ese otro dios fabricado que tiene su templo en las cámaras de los bancos nacionales donde se guarda el  oro y que se le da culto con el dinero que se tiene entre manos, que se disfruta ya.... La felicidad que promete la fe... está muy lejos.

El  célebre periodista y dirigente socialista Lerroux, que llegó a ser presidente del gobierno en España  entre 1933 y 1935, echaba en cara a los sacerdotes católicos que predicaban un cielo desde hacía veinte siglos y, sin embargo sus iglesias estaban vacías. Mientras que para escucharle a  él, acudían masas importantes.

¡Menudo argumento! Cuando los políticos prometen a las clases más desfavorecidas el “oro y el moro”,  es natural que muchos les sigan embobados. Pero para aceptar lo que Dios ofrece, promete y da, se necesita fe. La diferencia entre Dios y los líderes, es que Dios siempre cumple sus promesas y los líderes,  salvo honrosas excepciones, casi nunca.

Decía Chesterton, el escritor británico, contemporáneo de Lerrroux, que “cuando se deja de creer en Dios, enseguida se cree en cualquier cosa” y podríamos añadir: se cree en cualquier cosa que nos ofrezcan, diciéndonos que eso nos va traer la felicidad.

Pero además de estos aspectos sociales hay otras causas religiosas de la crisis de fe en nuestra sociedad como puede ser  el confusionismo cada día más grande, respecto a la valoración de las distintas religiones La gente sencilla se cuestiona: ¿Es la católica la única religión verdadera? ¿Son válidas las demás religiones no cristianas, en orden a la salvación? La conclusión a la que llegan muchos es que da igual ser cualquier creencia, pues todas son buenas o, al revés: habría que eliminar todas las creencias, porque todas son nocivas. En este caso, esa intolerancia para la religión se basa en que el “ladrón se cree que todos son de su condición” y como ellos son intolerantes, “meten en el mismo saco” a todos los creyentes presentándolos como unos fanáticos convencidos de que es justo matar a los demás que no creen como ellos. 

Pero aún hay otra causa más de esa extendida crisis de fe: la crisis moral y ética. Han desaparecido en nuestra sociedad, sobre todo en esta del bienestar,  las barreras entre el bien y el mal. Para muchos, el concepto de pecado ha quedado obsoleto y lo que es más grave, se llama bien al mal, sin tener conceptos precisos ni criterios formales. Parece que vale todo y la única norma aceptable, es la propia conciencia y el propio criterio.

Pero la crisis de fe, como la luna, tiene dos caras: una negativa y otra, positiva. Crisis viene de una palabra griega, que significa “discernir”, “sopesar”, ver y juzgar lo bueno y lo malo de una persona o de un hecho. En su aspecto negativo, la crisis de fe, es como una maquina demoledora que echa abajo y pulveriza las ideas falsas que tenemos de Dios y de la religión. A Dios no lo podemos hacer a nuestra medida, ni lo podemos manipular. En su aspecto positivo, la crisis religiosa purifica nuestra fe, purifica nuestra idea de Dios y transforma nuestra relación con Él.

Termino con una frase de León  Tolstoi, muy aclaratoria para creyentes, en crisis o no y para no creyentes: “Si te viene la idea de que es falso todo lo que pensabas sobre Dios y de que no hay Dios, no te asustes por ello. A muchos les sucede así. Si un salvaje deja de creer en su dios de madera, no es porque no haya Dios, sino porque el verdadero Dios no es de madera”.

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