Manuel Antonio Menchón
Vicario Episcopal de Acción Caritativa y Social

Cuando Dios creó el mundo, en su plan no figuraba convertirlo en una sociedad limitada, sino en una sociedad cooperativista, encaminada a satisfacer las necesidades y aspiraciones económicas y sociales de toda la humanidad. Donde todos tienen una tarea que realizar y todos se benefician de los frutos del trabajo. Algo así como una empresa familiar, en la que las tareas se reparten entre todos, según sus capacidades y entre todos gozan de los logros conseguidos con el esfuerzo común.

Pues  quienes dirigen los destinos del mundo, después que Dios los dejara en las manos del hombre, se han empeñado en enmendarle la plana a Dios, y han transformado la cooperativa fraternal en una sociedad limitada. Es decir, una  sociedad mercantil, dividida en diferentes participaciones que limitan la responsabilidad de los socios. Esa sociedad por ser limitada excluye de las posibles ganancias a los que no son asociados.  Esto ha tenido como consecuencia la exclusión  de posibles beneficiarios, pues solo se aprovechan los que pueden comprar lo que la empresa produce y los que tienen participación en las ganancias. Es decir sólo una tercera parte de la humanidad.

Resignadamente damos por hecho que así tienen que ser y que cuando se habla de globalización, no significa que todos los seres humanos lleguen un día a disfrutar de los bienes de la creación, sino que esa cuarta parte de la humanidad, que tienen el privilegio de formar la élite de esta sociedad limitada, extienda sus tentáculos avariciosos, para enriquecer el patrimonio de sus propiedades, por los puntos cardinales del planeta.  

A pesar de este afán de manipular  y adueñarse todo cuanto sea productivo por parte de esa minoría, no han conseguido evitar que la humanidad entera entre en una situación de crisis económica. De todas formas a ellos les afecta sólo en que obtienen menos beneficios, pero  a la mayoría de los excluidos y desposeídos de sus participaciones en la sociedad,  les afecta hasta en lo más elemental para sobrevivir

Pero no todos estamos de acuerdo con esa aceptación resignada. Hay, gracias a Dios, personas que sueñan y trabajan por la utopía de que es posible otra forma de vivir. Y entre ellos estamos, o deberíamos de estar, los cristianos.

Para recordarnos que esa utopía es inherente a nuestra fe, Cáritas nos ofrece este año como lema: “Si no quieres formar parte de una sociedad limitada, facilita la participación de todos”

Nos quiere recordar  lo que puede ser un buen comienzo para sentar las bases de  una sociedad renovada, de un mundo mejor, de un Reino de Dios tangible en nuestro mundo:   tomar conciencia de que todas las personas son valiosas, independientemente de su situación de debilidad o dependencia;  de que todas las personas son portadoras de capacidades para hacer.

Es importante para los cristianos, en época de crisis, de las vacas flacas bíblicas, revitalizar nuestra virtud distintiva que es la caridad.  Caridad asistencial tristemente necesaria de dar un pez a quien tiene hambre y caridad social, urgente,  de enseñar a pescar para remediar así  de hambre de hoy y el de mañana. Pero no se limita ahí el ejercicio del amor fraterno. Existe también la  caridad política, que nos invita  a colaborar activamente para ir  organizando una sociedad en la que nadie pase hambre ni de pan ni de cultura ni de trabajo ni de libertad ni de compañía ni de paz  ni de amor. Es poner remedio a las injusticias y con ellas a las causas por las que los hombres sufren. Es una utopía con la merece la pena  soñar y caminar.

Vivir la caridad política es participar  activamente y de un modo coherente con la fe cristiana, en las instituciones y plataformas sociales, económicas y políticas  en las que se decide la suerte de los hombres:

Glosando la parábola  del buen samaritano, podríamos decir que esta crisis nos ha abierto los ojos para que nos demos cuenta de que gran parte de la humanidad, ha caído en manos de salteadores que la  han dejado maltrecha, dividida y en situación de indigencia material, moral, espiritual y social. Por el camino pasan ideologías y tendencias, grupos y partidos que, atentos a sus preocupaciones e intereses, "pasan de largo" sin remediar los problemas. Y los problemas de la humanidad, por culpa de unos y otros, siguen sin resolverse. Pero también pasan por el camino los creyentes que van al templo y bastantes pasan de largo.

El cristiano no es  solamente un cumplidor, uno que va a la iglesia, uno que hace limosnas, uno que recita el credo. Es esencialmente uno que ama. Sin la presencia de la caridad, las palabrería, las promesas, no tienen valor alguno, no tienen significado. "Podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor no soy más que un metal que resuena".

Pin It

BANNER02

728x90