Este domingo, día 3 de mayo, IV Domingo de Pascua, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de oración por las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, para la que el Papa Benedicto XVI ha escrito un mensaje invitando a todo el pueblo de Dios a reflexionar sobre el tema bajo el epígrafe general de “La confianza en la iniciativa de Dios y la respuesta humana”. En el mencionado documento el Santo padre escribe: “Resuena constantemente en la Iglesia la exhortación de Jesús a sus discípulos «Rogad al dueño de la mies, que envíe obreros a su mies» (Mt 9,38). La apremiante invitación del Señor subraya cómo la oración por las vocaciones ha de ser ininterrumpida y confiada. De hecho, la comunidad cristiana, sólo si efectivamente está animada por la oración, puede “tener mayor fe y esperanza en la iniciativa divina”.

La conciencia de la importancia de las vocaciones es fundamental en la vida de la Iglesia y, por ello, la oración de todos para que el Señor suscite respuestas generosas a su llamada. Bien sabemos, de manera especial en nuestra diócesis, cuánta falta hacen vocaciones para servir a las personas y comunidades que demandan el pan de la Palabra de Dios y la Eucaristía.

Tenemos que rezar, escribe el Papa, “para que en todo el pueblo cristiano crezca la confianza en Dios, convencido de que el «dueño de la mies» no deja de pedir a algunos que entreguen libremente su vida entera para colaborar más estrechamente con Él en la obra de la salvación.

Ya sabemos que las dificultades con que nos encontramos para una respuesta decidida son muchas, sobre todo en nuestras sociedades occidentales del confort y bienestar, pero no es cuestión de desanimarse. El Señor es capaz de “hacer cosas grandes” con medios sencillos. Con estas bellas palabras termina el mensaje de Benedicto XVI: “Queridos amigos, no os desaniméis ante las dificultades y las dudas; confiad en Dios y seguid fielmente a Jesús y seréis los testigos de la alegría que brota de la unión íntima con Él. A imitación de la Virgen María, a la que llaman dichosa todas las generaciones porque ha creído (cf. Lc 1, 48), esforzaos con toda energía espiritual en llevar a cabo el proyecto salvífico del Padre celestial, cultivando en vuestro corazón, como Ella, la capacidad de asombro y de adoración a quien tiene el poder de hacer «grandes cosas» porque su Nombre es santo (Cf. Lc 1, 49)”.

Manuel Pozo Oller,
Vicario Episcopal
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