Hace unos días asistí acompañando al Sr. Obispo al homenaje que la sociedad almeriense rindió al empresario D. José Antonio Picón. No hace falta hacer aquí una reseña biográfica sobre la persona del homenajeado pues, además de ser bien conocido en nuestra Almería por su humanidad y sus iniciativas emprendedoras, los medios de comunicación de manera especial en estos días pasados se han encargado de recordar y ampliar detalles de este gran hombre.

En estas letras sólo pretendo resaltar dos breves reflexiones que pretenden complementar las muchas y buenas palabras de afecto y consideración de tantas y diversas personas e instituciones hacia la persona del homenajeado y su trayectoria empresarial.

Me emocionó la naturalidad al expresar en un foro de gentes diversas su fe en Dios y su pertenencia a la Iglesia que sin duda han sido el motor de una espiritualidad cristiana singular centrada en la creación de puestos de trabajo que han generado riqueza a miles de familias almerienses  y que han sido el mejor de ejemplo de amor al prójimo y de caridad al hermano. Es hermoso ver que el Evangelio y su concreción en la doctrina social de la Iglesia encuentra su plasmación concreta en iniciativas empresariales de inspiración cristiana que como desde antaño se viene diciendo “no dan peces a los necesitados sino la caña para que aprendan a pescar”.

También sentí una alegría inmensa al escuchar las palabras emocionadas de su nieta Marta y, en especial, cuando haciendo alusión a la bondad de su abuelo se preguntó cómo sería Dios. Me fascinó que una joven pudiera dejar caer en medio del auditorio semejante perla preciosa que sólo había leído y escuchado en místicos y filósofos de postín cuando reflexionan sobre las vías o caminos para llegar a Dios y convienen que donde hay bondad y belleza, allí está Dios.

Hoy doy gracias al Señor porque esta tierra nuestra de Almería, a la que conocimos otrora postrada en la pobreza, ha sido levantada por emprendedores como D. José Antonio con mucho esfuerzo y dificultades, apoyados siempre por el calor de la familia y en la fe cristiana, han ido creando riqueza al tiempo que amigos. ¡Qué cunda el ejemplo!

Manuel Pozo Oller,
Vicario Episcopal.
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