A nadie debiera extrañar que la Iglesia sea fiel a su mensaje. Más bien desconcierta que cuando se propone el Evangelio y se enseña lo que cree la Iglesia pareciera que los más interesados en combatir las propuestas cristianas sean los que sin recato alguno públicamente se alinean entre los no creyentes o anticlericales.

Al tiempo me preocupa la falta de coherencia de los demócratas de turno que chantajean con la violencia del dinero o las amenazas para un futuro cuando piensan que su ideología se puede tambalear. No menor preocupación provocan instituciones como nuestras Hermandades y Cofradía que con harta frecuencia se alejan de la enseñanza de la Iglesia para caer tiernamente rendidas en brazos de actores sociales que subvencionan sus actos con la evidente pérdida de la libertad de expresión y de acción.

Dos muestras ilustran lo que digo. La Sra. Alcaldesa de Córdoba, ha sido si cabe el ejemplo más notable pero por desgracia no ha sido el único, ha llamado a capítulo a las Hermandades y Cofradías y no hace falta ser adivino ni haber estado presente en la mencionada reunión para saber el tenor de la misma. No critico la acción de la alcaldesa de Izquierda Unida porque sus razones políticas tendrá. Pero, en verdad, y voy a lo que me interesa, es una vergüenza que nuestras Hermandades y Cofradías hayan perdido el sentido de la decencia en cuanto se venden al señor de turno por el vil dinero empecinadas en lanzar cortinas de humo con el slogan de que la defensa de la vida es un tema político obviando la primera y primaria realidad humana. Algunos, por ingenuos, no reparan que para estar en el  Parlamento o regir una Hermandad con la aprobación del Sr. Obispo diocesano antes han tenido que ser concebidos y paridos.

También, otra señora, la Ministra del Ejército, a través de sus organismos intermedios viene negando la participación de las bandas de música en las procesiones so pretexto de que la milicia no se presta voluntaria para tal fin. Me contaban hace pocos días los Hermanos mayores de Huércal Overa que las contestaciones a sus requerimientos y peticiones por parte de los mandos militares son un verdadero compendio de la antología del disparate. Pues bien con estas actuaciones ponen difícil las cosas a quienes han de explicar a la ciudadanía aquello de que el ejército se nutre del pueblo y sirve al pueblo.

Lástima que los medios de comunicación no entren en estas noticias y estén preocupadísimos en difundir, lo que por otra parte es evidente, que en la Iglesia somos muchos y vivimos un sano pluralismo que, por cierto, sería de desear también para las instituciones sociales de todo tipo siendo asunto impensable de aplicación en partidos, sindicatos y otros organismo civiles donde la disciplina de partido es elevada a categoría de dogma de la ciudad secular.

Estas lluvias pasadas, en honor a la verdad, también han dejado sus lodos en nuestra Diócesis y en nuestras Hermandades y Cofradías. Es sentir común en la ciudadanía, así me lo ha expresado mucha gente, que los Hermanos mayores no han estado a la altura de las circunstancias refugiándose a los sumo en un comunicado genérico de defensa de la vida y haciendo manifestaciones públicas “políticamente correctas”. Me llena de congoja que la respuesta a la Jornada de Oración y Defensa de la Vida, que por otra parte se celebrará de aquí en adelante cada 25 de marzo, sólo se haya celebrado en el ámbito de las ideas y no en el de la fe y oración.

La verdad que el silencio de los movimientos y asociaciones de fieles cristianos laicos ha sido también clamoroso. Nos falta descubrir la insoslayable dimensión pública de la fe y el necesario testimonio, en este momento más que nunca, en medio de nuestra sociedad española paganizada. A tal grado llega la situación que quien haya leído los periódicos o escuchado la radio o televisión en estos días pasados y no conozca nuestra realidad eclesial pensará que las únicas asociaciones diocesanas son las Hermandades y Cofradías por la polémica creada y el silencio del resto de asociaciones y movimientos.

Nuestro obispo hace un análisis de la situación actual acertadísimo en una de sus últimas publicaciones donde nos advierte de la realidad evidente de “deseclesialización” que estamos viviendo y ante este estado de cosas, junto con el debate de pareceres en la plaza pública, no cabe más recurso que la fe y la aceptación de la tradición y el magisterio de la Iglesia sin reservas. A más de uno habría que decir en situaciones como las que comentamos, antes de hablar ore; antes de hablar, si duda, consulte lo que enseña la Iglesia. Hoy, como por otra parte hemos de hacer siempre, hemos de volver al Evangelio con una frase que leída en nuestro contexto retrata nuestra realidad: “Los discípulos remaban con dificultad porque el viento les era contrario”.

Manuel Pozo Oller,Vicario Episcopal.

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