Cuando giramos la vista atrás y contemplamos el pasado de nuestra sociedad vemos lo rápido que han cambiado las cosas y lo mucho que lo han hecho. De una configuración de la vida según la fe hemos pasado a organizar nuestras creencias dentro del conjunto de las propias actividades, ocupando éstas un lugar más o menos trascendente según cada uno. Algunas personas viven sin Dios en su vida, sin embargo, otros muchos continúan otorgándole un papel central. Esto nos lleva a cuestionarnos si creer en Dios sirve para algo, si es necesario.

Creer en Dios ¿para qué? Responder a esta pregunta es arduo y complicado, y lo dejo a sabios y entendidos. No obstante, una respuesta resuena en mi interior con gran fuerza: para vivir en plenitud. Esta no es sólo mi respuesta, sino la de millones de cristianos que a lo largo de la historia han encontrado en Cristo el sentido a sus vidas. Quien cree verdaderamente en Dios sabe que no es alguien lejano o etéreo, sino alguien real y presente en la vida del creyente, y con el que puede contar en cualquier circunstancia. El cristiano no se siente vigilado sino amado, tampoco controlado sino libre y nunca sólo sino en la mejor compañía que pueda existir. Así no es difícil entender las palabras San Agustín: «nos has hecho para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que no descanse en Ti».

Quien vive de esta manera es feliz y siente la necesidad de que otros encuentren en Cristo esta misma felicidad, dando así razón de su esperanza. Además, Dios mismo es quien se lo pide personalmente a cada cristiano; según la vocación que reciba cada uno se puede llevar a Cristo a los demás de distintas maneras. Sin embargo, existen también vocaciones específicas en las que Dios pide una total dedicación a transmitir su mensaje, como lo es la vocación sacerdotal. Con este motivo comienza la “Campaña del seminario”, donde la Iglesia entera encomienda a Dios que surjan mensajeros valientes de su Palabra. De forma especial los seminaristas de Almería nos acercamos a los distintos pueblos y parroquias de nuestra provincia a manifestar nuestra experiencia de encuentro con Cristo y animar así a aquellos que escuchan en su interior la llamada especial de Cristo a su seguimiento.

Felipe Alfonso De Mendoza Alemán, Seminarista

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