Hace diez años, el día 24 de enero de 1999, Mons. Álvarez Gastón clausuraba el IV Sínodo almeriense en solemne concelebración eucarística dominical celebrada en el auditorio municipal “Maestro Padilla” en el asistieron más de seis mil diocesanos. Como en la sesión de apertura, celebrada en la plaza de toros de la avenida de Vílchez, el 18 de octubre de 1998, presidían el altar las imágenes de la Santísima Virgen del Mar, patrona de la ciudad y san Indalecio, patrono de la diócesis.

Concelebraron la eucaristía además del obispo presidente de la celebración Mons. Cañizares Llovera, arzobispo metropolitano y Mons. García Santacruz, obispo de Guadix­Baza, y más de ciento veinte sacerdotes. Junto a la presidencia episcopal estuvieron situados el Vicario General y al tiempo Delegado Episcopal para el Sínodo y presidente de una de sus comisiones, D. Ginés García Beltrán, además de los otros presbíteros presidentes de las comisiones sinodales, D. Antonio Rodríguez Carmona y

D. Francisco Alarcón Alarcón. También ocuparon lugares destacados el Vicario episcopal para la Vida Consagrada, D. Esteban Belmonte Pérez, el representante de los arciprestes, D. Diego Alonso Caparrós, la Sra. Presidente del IVª Comisión, Dª María Luisa Chamorro y el secretario general que escribe este artículo. Mons. Méndez Asensio, hijo de Vélez Rubio, arzobispo emérito de la diócesis granadina, se unió a la celebración y participó en ella, sin concelebrar, pero con unas palabras de salutación a todos los presentes al final de la ceremonia.

Aquel 24 de enero amaneció frío pero al tiempo luminoso y espléndido con nieve en las montañas cercanas que abrazan nuestra ciudad de Almería. Era un día de alegría. Los sinodales, y todo el pueblo de Dios, henchido de esperanza dejaba atrás los trabajos de las distintas etapas y, en especial, la propiamente sinodal donde ciento cincuenta y cuatro representantes de todos los sectores diocesanos trabajaron en cuatro comisiones durante siete sesiones particulares y, en particular, en las cuatro maratonianas sesiones generales celebradas en algo menos de tres meses.

El acto de clausura estuvo marcado por una emotividad especial teniendo su momento cumbre cuando después del silencio sagrado de la comunión y oración final se dio lectura al mensaje del Papa Juan Pablo II, enviado a través de la Secretaría de Estado del Vaticano, en el que hacía votos para que el Sínodo que se clausuraba “suponga una renovación y sea fermento de auténtica vida cristiana”. También se leyeron letras de Mons. Justo Mullor García, Nuncio de su Santidad por aquel entonces en Méjico. La asamblea acogió con vibrantes aplausos la intervención de Mons. Méndez Asensio que recordó que “su corazón está unido a esta tierra, en la que he recibido las caricias del Señor”. La lectura del mensaje del Sínodo y el cántico del Himno del Sínodo compuesto por Juan Antonio Maldonado y Alicia Valverde pusieron el broche final a la celebración de clausura. Los documentos presentados al Sr. Obispo fueron aprobados, después del estudio pertinente, como Constituciones sinodales y la ley de nuestra Iglesia diocesana, en el marco de la solemne celebración eucarística celebrada en la S.A.I. Catedral de la Encarnación el 30 de mayo de 1999. El texto, amplio y presentado con gran belleza, además de la acoger la doctrina de la Iglesia recogía quinientas veintiuna orientaciones pastorales y doscientas cinco normas canónicas. En el acto de clausura de nuestro IV Sínodo almeriense de la historia la Iglesia diocesana dejaba atrás casi cuatro años de intenso trabajo y ponía su futuro en las manos de Dios.

El Sínodo contó desde el principio con todo el pueblo de Dios. Mucho hemos de agradecer en su etapa antepreparatoria a los trabajos y desvelos de la Delegación diocesana para el Apostolado Seglar y al eficaz compromiso de su presidente, D. Francisco Fernández López, al igual que su secretaria, Dª María Luisa Anes Fernández.

Nuestro Sínodo diocesano, celebrado casi a los cuarenta años de la convocatoria del Concilio Vaticano II por el beato Juan XXIII, se propuso como grandes objetivos acoger la doctrinal conciliar ampliada con el paso del tiempo por el magisterio petrino y anunciar a Jesucristo en nuestra diócesis urcitana en el concreto ahora del Espíritu divino. Desde estas líneas traemos a nuestra memoria este magno acontecimiento con el deseo de avivar el compromiso de amor con nuestra Iglesia diocesana manteniendo vivo nuestro espíritu de corresponsabilidad sinodal.

MANUEL POZO OLLER, Vicario Episcopal

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