Manuel Antonio Menchón
Vicario Episcopal

El pasado día cinco de Octubre, el Papa Benedicto XVI, inauguraba la XII Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos.

Para los no my versados en el leguaje eclesial, seguramente la palabra “sínodo”, puede sonarles a “reunión”, “congreso”, “comisión”, asamblea”…Pero nada hay más lejos de su verdadero significado. Sin meterme ahora –no es caso-en piruetas filológicas, dejaré simplemente claro que la palabra “sínodo”, procede del griego común, el griego que hablaba la gente sencilla y vine a significar: “caminar juntos” o “hacer el camino juntos”.

Los sínodos instituidos por el Papa Pablo VI, al concluir el Concilio Vaticano II, tiene como misión ayudar al Papa en su tarea de gobierno y servicio a la comunidad cristiana universal. A él asisten obispos elegidos por el Papa y otros elegidos por los demás obispos de cada nación, que previamente han estudiado y reflexionado sobre unos “documentos base” del tema que se va a tratar, normalmente monográfico, sobre el acontecer de la Iglesia en el mundo actual. Pues bien este “sínodo” tiene como tema de reflexión “La palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia”. Quiere esto decir que los padres sinodales, van a deliberar y proponer cauces para que los cristianos “caminemos juntos”, guiados y amparados en la Palabra de Dios.

A este propósito en el “documento base”, llamado “lineamenta” (esbozo temático) enviado a los Obispos y otros cristianos para su estudio previo, en su capítulo tercero, recoge expresiones tan sugerentes como estas: “La Palabra de Dios en la misión de la Iglesia; la misión de la Iglesia es proclamar a Cristo, la Palabra de Dios hecha carne; la Palabra de Dios debe estar siempre al alcance de todos; la Palabra de Dios, gracia de comunión entre los cristianos; la Palabra de Dios, luz para el diálogo interreligioso; la Palabra de Dios, fermento de las culturas modernas; la Palabra de Dios y la historia de los hombres…

Tal vez el Papa y sus consejeros han tenido en cuenta al convocar este “sínodo” que sólo un pequeño porcentaje de cristianos lee la Biblia todos con frecuencia, aduciendo la falta de tiempo o bien que consideran esta práctica religiosa como menos importante que sus otras actividades diarias. Hay también quienes se resisten a aceptar que la Palabra de Dios escrita, como la palabra verdadera con la que Dios ha querido comunicarse a los hombres a los que ama y piensan que las afirmaciones bíblicas no son más que una opinión más entre otras y, por supuesto, entre la suya propia.

Pero el Dios bíblico no es un Dios solitario e inaccesible, sino que busca al hombre, quiere dialogar con el hombre, quiere encontrarse con él. Dios se manifiesta, se revela en obras y palabras. La Biblia habla de Dios y Dios habla en la Biblia, y por lo tanto, no es una opinión más es Dios en diálogo de amor, que ofrece el “camino” verdadero.

En este “caminar” de la Palabra es donde se sitúa la misión de los cristianos, como testigos ante el mundo actual. Porque, no es infrecuente, que los cristianos, servidores de la Palabra, sintamos la tentación de callarnos. Y, sin embargo, tendríamos que saltar de gozo por vivir en una época en la que la Iglesia, en un mundo sin Dios y sin Cristo, es empujada a romper el silencio de Dios.

Porque la Palabra inspirada por Dios ilumina la nuevas mentalidades y los múltiples problemas de hoy: los derechos de la persona, la protección de la vida humana, la preservación de la naturaleza, la aspiración a la paz universal y la construcción de una sociedad justa, fraterna e igualitaria.

No sé, por supuesto cuales serán las conclusiones definitivas de este “Sínodo”, que concluye el próximo día veintiséis, pero de lo que estoy seguro, es de que hará una llamada a todos los creyentes, para que este regalo de Dios, sea difundido en todo nuestro mundo, prestándonos nosotros, también gratuitamente, a “caminar juntos” siendo las manos y los pies de los que siembran la Palabra y, tal vez, recojan también algunos frutos. Entonces entenderemos eso que nos dice esta Palabra divina: “¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia la salvación!” (Is 52, 7)

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