Se suele decir que "Dios escribe recto con renglones torcidos". Y el mismo Señor nos afirma que "sus caminos no coinciden con los nuestros". Es curioso cómo en la lectura del profeta Isaías que leemos este domingo, Dios que es el Señor de la historia actúa por medio de los acontecimientos y de las personas más adecuadas en cada momento. En este caso es por medio de un rey pagano, pero su actuación será divina a favor del pueblo de Dios.

Sigue sorprendiendo el modo de actuar de Dios. Nosotros pretendemos que su acción se adecue a nuestros intereses, pero no es así. El es el Señor de la historia, y también hoy como en tiempos del profeta Isaías, sigue afirmando: Yo soy el Señor y no hay otro.

El evangelio de San Mateo de este domingo, ha dado lugar a miles de interpretaciones: políticas, morales, religiosas. Jesús está mal mirado por los fariseos y por los dirigente de Herodes, y la preguntan que le hacen es comprometedora. El da una respuesta que va más allá de lo que se esperaban, para El lo importante es que el hombre se entregue por completo a Dios.

El hombre es miembro de una sociedad y tiene unas obligaciones como tal, pero es mucho más; pertenece a Dios sea cual fuere su condición y situación como ciudadanos. No podemos eliminar la dimensión transcendente y espiritual del hombre, puesto que ha sido redimido por Jesús y pertenece al "Reino de Dios", en cualquier sociedad o sistema político en el que se encuentre viviendo. Por eso es justo "dar al César lo que es del César y no quitarle a Dios lo que le pertenece a El".

El problema que vemos en el evangelio es algo que preocupa al hombre de hoy: la libertad. Todos defienden hoy la libertad como algo indiscutible, aunque difícilmente se ponen de acuerdo a la hora de decidir qué es la libertad y cuál es su verdadero contenido.

La libertad exige renuncias y sacrificios que hacen a uno crecer y madurar como persona. No es lo fácil y cómodo, lo gratuito y superficial lo que hace al hombre más hombre, puesto que muchas veces todo ello responde a mecanismos externos que nos llevan a querer y desear lo que es beneficio para otros.

Hay quien piensa que la libertad consiste en rechazar a Dios y hacer de sí mismo el dueño de su destino, como si Dios impidiera al hombre construir su futuro. Nada más lejos de la realidad. Dios quiere que el hombre sea libre, y de ahí que la adhesión al “Reino de Dios” sea una liberación de todo aquello que pueda esclavizarlo.

Este domingo celebramos el DOMUND. Es un buen momento para preguntarnos por nuestro modo de ser cristianos, puesto que hoy vivimos mejor informados de los problemas que sacuden a los pueblos de la tierra, y ante los cuales no podemos permanecer impasibles.

Los cristianos hemos de construir una fraternidad vivida desde la fe, donde los horizontes se abren a todos los pueblos de la tierra, donde la tarea evangelizadora nos lleve a vivir con alegría la fe y el compromiso por la construcción del Reino de Dios.

Un verdadero creyente es un hombre que sabe irradiar aunque sea de manera modesta y humilde la fe y la esperanza que animan su vida.

¡Que Dios os bendiga!

Tomás Cano Rodrigo

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