El próximo viernes, día 17 del presente mes de octubre, a las 19,30 horas, la Iglesia diocesana celebra la Apertura del Curso Pastoral 2008-2009 con la convocatoria a todos los diocesanos para que en torno a la Eucaristía, presidida por su Obispo diocesano, Dr. D. Adolfo González Montes, en la S. A. I. Catedral de la Encarnación de nuestra ciudad de Almería, demos testimonio de unidad tanto en la oración como en el anuncio de Jesucristo.

Como en actos similares, una vez finalizada la celebración eucarística y antes de las palabras de rigor que abren formalmente un nuevo curso pastoral en la Diócesis en nombre del Papa Benedicto XVI, está previsto celebrar en el “Aula Juan Pablo II” (Plaza de la Catedral) un acto académico singular en torno a la Palabra de Dios en sintonía con el XII Sínodo de Obispos que actualmente se celebra en la ciudad de Roma con idéntica preocupación. Moderará el acto académico nuestro Obispo diocesano y compartirán la mesa como ponentes los insignes profesores de Sagrada Escritura, D. Manuel Menchón Domínguez, profesor en nuestro Centro de Estudios Eclesiásticos e Instituto Superior de Ciencias Religiosas, que expondrá los trabajos y preocupaciones en el mundo bíblico desde la perspectiva católica junto al profesor D. José Luis Andavert Escriche, que hará lo mismo desde su pertenencia a la Unión Evangélica Bautista española y sus reconocidos trabajos tanto como Director de la Sociedad Bíblica española y como profesor de Nuevo Testamento y Misionología.

Todos los diocesanos, de manera especial, los responsables y equipos que componen los diversos organismos pastorales y apostólicos de la Diócesis deben hacer el esfuerzo de asistir. En consecuencia están convocados y deben asistir tanto las distintas Vicarias, Delegaciones, Secretariados y Oficinas que componen la Curia diocesana como los miembros de los consejos consultivos tales como el pastoral diocesano, asuntos económicos, de patrimonio, de laicos, y los movimientos y asociaciones, agrupadas o no, en el Foro de laicos, miembros de vida consagrada y sociedades de vida apostólica y, en general, los fieles cristianos laicos.

 En verdad la apertura de un curso pastoral nos invita a mirar con mayor pasión a Cristo con el deseo de vivir su Evangelio en esta nuestra Iglesia. Cuánto bien nos hace saber que no nos predicamos a nosotros mismos y que el encargo misionero no es simple urgencia particular y carismática sino envío de la Iglesia, cuerpo de Jesucristo resucitado. Mucho habría que hablar aquí sobre la importancia de esa pequeña herramienta que es el Plan diocesano de pastoral como mística de nuestro trabajo pastoral.

De una u otras suerte, estamos convencidos que «la acción evangelizadora de la Iglesia nunca desfallecerá, porque nunca le faltará la presencia del Señor Jesús con la fuerza del Espíritu Santo, según su misma promesa: «yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20). Ahí tenemos los testimonios de vida de un gran número de fieles que, movidos por el amor de Cristo han emprendido, a lo largo de la historia, iniciativas y obras de todo tipo para anunciar el Evangelio a todo el mundo y en todos los ámbitos de la sociedad, como advertencia e invitación perenne a cada generación cristiana para que cumpla con generosidad el mandato del Señor. Por eso, como recuerda el Papa Benedicto XVI, «el anuncio y el testimonio del Evangelio son el primer servicio que los cristianos pueden dar a cada persona y a todo el género humano (cf. 1 Co 15, 28)» [CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Nota doctrinal acerca de algunos aspectos de la evangelización (3 diciembre 2007) 13].

Manuel Pozo Oller, Vicario episcopal

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