Los expertos en las cosas de este mundo, desde sus púlpitos de los medios de comunicación, nos predican que ahora nos toca “apretarnos el cinturón”, Es una nueva representación del sistema capitalista experto en crear ambientes idílicos que terminan calando en las masas que entontecidas aplauden, con frecuencia, a los mismos que los oprimen. Nada hay más detestable que las ideologías que sustentan con sus argumentos la injusticia establecida para que unos pocos disfruten y derrochen mientras la mayoría sueña con un cambio que nunca le van a facilitar los todopoderosos de arriba.

         Para muestra un botón. En los años pasados, que algunos denominaban de bonanza económica, la Cáritas nacional denunciaba que en España había unos ocho millones de personas que no alcanzaban con su nómina o pensión el mínimo imprescindible para vivir modestamente y que los sociólogos, usando circunloquios, decían que vivían “bajo el umbral de la pobreza”. Las sobras del estado de bienestar ocultaban esta sangrante realidad con prestaciones sociales que ayudaban a malvivir pero que no alcanzaban a los receptores para acceder a la cultura, procurar el merecido descanso, a la posesión de una vivienda, y tantas otras necesidades humanas básicas.

         La situación en la actualidad nos la han empeorado. ¡No echemos la culpa a quien no la tiene! Más de cinco millones de ciudadanos estarían la mar de contentos con tener acceso al trabajo para realizarse como personas. Muchos jóvenes, desde la impotencia más radical, ven como se les escapa la vida y el futuro se les oscurece. Muchos ancianos viven miserablemente. ¡No hay derecho!

Curiosamente con la crisis hemos aprendido lo que es y significa la corrupción. Es escandaloso ver como se desmoronan los modelos sociales de identificación por la pérdida de ejemplaridad de los que mandan y tienen el poder económico. El pueblo debe despertar para exigir honestidad a los que ha elegido para su servicio y mantienen económicamente con sus impuestos. ¡Basta de chanchullos y complicidades de aquellos que han sido elegidos para servir al pueblo! ¡Cómo se echa en falta personajes públicos que ejerzan sus funciones desde su compromiso cristiano y el amor a los ciudadanos! No estaría mal, como primera providencia para el cambio de actitudes, rebajar los sueldos de los políticos y banqueros y equipararlos al sueldo mínimo interprofesional para ver como se las apañaban y qué consejos nos daban entonces para salir de la crisis. Ver la vida desde abajo es la mejor medicina para que la injusticia social desaparezca.

Junto a la imprescindible ejemplaridad de “los poderosos de este mundo” pediría a los que acumulan dinero que lo invirtieran en crear puestos de trabajo y abandonen los negocios de especulación que genera la crisis. Este cambio en las actitudes, sin duda, sería la mejor obra de caridad. La tentación en los momentos de crisis es “apretar el cinturón” a los que menos tienen. Es bochornoso constatar que en este momento de crisis, ya empezó la cosa en los momentos de bonanza económica, los estudios sociológicos arrojan un dato estremecedor ya que los ricos son cada vez más ricos y los pobres son cada vez más pobres. ¡Esto no se puede aguantar y hemos de hacer cuanto esté de nuestra parte para que la situación no siga adelante!

Me preguntarán si el cambio es posible y la situación descrita tiene remedio. Honestamente les tengo que decir que sí. Escojo un ejemplo del Evangelio. Zaqueo había amasado riqueza robando y practicando la usura. Cuando se encuentra con Jesús y come con Él éste llega por si solo a la conclusión de devolver todo lo que ha robado y además compartir sus bienes. Es la historia de un financiero ladrón arrepentido. ¡Cuánto debieran aprender de esta historia los “zaqueos” del negocio, las finanzas y la política¡ Generar empleo en las circunstancias actuales es uno de los nuevos rostros de la caridad. Puro Evangelio, pura doctrina social de la Iglesia.

Manuel Pozo Oller,

Vicario Episcopal

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