“Méteme, Padre eterno, en tu pecho,

misterioso hogar,

dormiré allí, pues vengo deshecho

           del duro bregar”    

Miguel de Unamuno

         La mañana del domingo 16 de marzo se presentaba llena de emotividad por los actos programados para dar comienzo a la acción de gracias por los 50 años de servicio a los más pobres de nuestra Caritas diocesana. La eucaristía de apertura de los actos, así como el acto programado en el Auditorio del beato Juan Pablo II, trascurrieron con alegría y gozo. Durante el desarrollo de los actos muchos echaron en falta la presencia de D. Manuel Menchón Domínguez que, en uno de sus muchos servicios a la Iglesia diocesana, fue delegado del Sr. Obispo en esta benemérita institución. Algunos justificaron su ausencia por algún imprevisto de última hora. Nadie podía sospechar que D. Manuel se unía a estas celebraciones desde la Iglesia triunfante del cielo.

A la caída de la tarde la noticia corrió por la ciudad de Almería y provincia como un reguero de pólvora anunciando la mala nueva de la muerte de D. Manuel Menchón Domínguez (Nacido en 1947. Ordenado sacerdote en 1975). Desconcierto y dolor. La noche anterior, después de la celebración de la eucaristía vespertina, había asistido a la presentación del cartel de la cofradía que tiene su sede canónica en la parroquial de santa Teresa de Jesús. Nada hacía presagiar el triste desenlace.

En el libro de la vida queda su vida entregada sin reservas a Dios y a los demás. Pocos días antes de su muerte, resentida su salud, en nuestra conversación casi diaria, me expresaba la alegría de que el Sr. Obispo le siguiera confiando el servicio de la Vicaria Episcopal para el Clero. Con voz quebrada por la emoción me decía: “los sacerdotes me quieren y pienso que este servicio lo puedo hacer bien”. No había vanidad alguna en sus palabras sino que éstas eran expresión de su entrega total a la Iglesia diocesana y a sus compañeros sacerdotes. La misa exequial en el día de su entierro fue una manifestación de amor de todo el pueblo cristiano hacia su persona.

Sacerdote de Jesucristo y enamorado de la Iglesia sirvió a los bautizados en la parroquial de Nuestra Señora del Rosario de Roquetas de Mar. Fue una época de luz y vida acompañando a las gentes en una zona que nacía al desarrollo con los fértiles cultivos en enarenados e invernaderos. Recuerdos entrañables de trabajo pastoral con la infancia en el Movimiento Junior de Acción Católica, en el equipo incomparable del Secretariado diocesano para la Catequesis y en el trabajo conjuntado de un arciprestazgo de sacerdotes jóvenes bien dispuesto a evangelizar bajo las orientaciones del II Concilio del Vaticano.

Párroco de la parroquial de la Inmaculada de Adra donde las tareas pastorales y las iniciativas de todo tipo ocupaban la vida del pastor sin apenas dejar tiempo para el descanso, amén de las obras de reforma de la Iglesia parroquial. Además párroco de la Encarnación de la querida ciudad de Vera, párroco de la Santísima Trinidad de la ciudad de Almería y, por último, párroco de santa teresa de Jesús de la misma ciudad de Almería desde 2009.

Estudió Sagrada Escritura y se dedicó, entre sus muchas ocupaciones, a la enseñanza de la Biblia. En el momento de su muerte era director y profesor del Centro Superior de Estudios Eclesiásticos y profesor del Instituto Superior de Ciencias Religiosas de nuestra diócesis. Colaborador asiduo en los medios de comunicación. Sus homilías, algunas publicadas, son piezas literarias de estimada valía. Canónigo de nuestra S.A.I. Catedral de la Encarnación.

Aceptamos el designio de la Providencia que atenúa nuestro vacío y tristeza por la pérdida del amigo. En la villa de Sorbas, su pueblo, descansa esperando la resurrección de los muertos.

Manuel Pozo Oller,

Vicario Episcopal.

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