Nacido en tierras granadinas, cursó sus estudios en el Seminario Conciliar de san Indalecio y fue ordenado presbítero en 1895. Impulsado por su afán apostólico, marchó a Iberoamérica para ejercer de misionero y ofrecer al anuncio del Evangelio los primeros frutos de su sacerdocio.

Tras regresar a Almería en 1898, permaneció durante tres años como adscrito a la Parroquia de Níjar y durante tres años fue coadjutor de la Parroquia de Carboneras. Cura Regente de Santa María de Senés desde 1905 a 1916, ese mismo año marchó a la ciudad de Almería donde entregaría los últimos años de su ministerio.

Adscrito a la Parroquia de san Pedro de la ciudad en un primer momento, se le confío la rectoría de la iglesia del Sagrado Corazón tras la expulsión de los Padres Jesuitas por la II República. Así lo recordaba un testigo ocular: «El Siervo de Dios práctico activamente la caridad, siendo un protector de los pobres y gentes sencillas, a las que ayudaba incluso con fondos propios. Hombre de oración y permanente dedicación a su ministerio sacerdotal.»

Detenido en su propia casa con gran violencia el siete de agosto, compartió prisión y martirio con el Siervo de Dios don José Álvarez Benavides de la Torre. Tenía sesenta y dos años al ofrecer su vida por Cristo.