03 juacapelseguraTras estudiar en el Seminario Conciliar de san Indalecio de Almería y ser ordenado presbítero el cinco de junio de 1909, entregó su ministerio en su Parroquia natal como humilde y virtuoso Coadjutor.

Son muchos y abundantes los huercalenses que rememoran la profunda y sencilla santidad del Siervo de Dios. De origen muy humilde, tuvo que hacerse cargo de la familia de su hermana al enfermar su cuñado. Aunque a él mismo poco le faltaba para pedir limosna, se quitaba literalmente el pan de la boca para entregárselo a los pobres. Fiel cumplidor de sus deberes presbiterales, siempre obedeció obedientemente a sus párrocos. Hombre de oración, su ejemplo y autenticidad predicaban más que sus discretos sermones.

Así decían de él: «Era un hombre profundamente religioso. Jamás le oí a nadie hablar mal de él; antes al contrario todos le trataban con la veneración de un santo. Era un hombre de fe, que manifestaba cada día su pobreza y se mantenía fiel a su vocación sacerdotal en todos sus detalles. Era un hombre que rezaba ante el Sagrario y la Purísima. Pasaba largos ratos en el confesionario, y se le veía visitar a los enfermos y ancianos.»

Su humildad no fue óbice para que, al iniciarse la Persecución Religiosa, el tímido Coadjutor mostrara una gran fortaleza y contagiara de valor al párroco también hostigado. Detenido en su propia casa en la noche del diez de septiembre de 1936, trataron de hacerle blasfemar mediante tortura. Aunque le dispararon a los pies, conminó a sus verdugos a la conversión y los perdonó de todo corazón.

Trasladado a Almería, sufrió martirio con el Siervo de Dios don José Álvarez Benavides de la Torre. A sus sesenta y un años, el humilde y tímido Coadjutor de Húercal recibió la excelsa gloria del martirio.