Sin variar el paisaje costero del Mediterráneo, el Siervo de Dios abandonó su pueblo natal en 1893 para estudiar en el Seminario Conciliar de san Indalecio de Almería. Ordenado presbítero el veintiocho de mayo de 1904, desempeñó el ministerio en diversos lugares de la Diócesis.

Su primer destino fue Cura Encargado de Fernán – Pérez en 1904. Coadjutor de su Parroquia natal desde 1904 hasta 1913, exceptuando un quinquenio que se hizo cargo de la coadjutoría de Mojácar. Tras hacerse cargo de las Parroquias de Alcóntar y Pozo de los Frailes entre 1913 y 1914, hizo lo propio en Benitagla, Alcudia de Monteagud y Uleila del Campo desde 1914 a 1931. Ese año retornó al Pozo de los Frailes, añadiendo el oficio de Cura de Cabo de Gata. Allí es recordado por sus feligreses de antaño con fama de santidad, siendo un entregado y dulce catequista del Evangelio para con los niños.

Una niña de la época recordaba que: «Comenzados ya los días de la revolución, y con el ambiente muy enrarecido e incierto, mi madre vio venir un día muy azorado y con la sotana muy desaliñada al Siervo de Dios y le preguntó: “¿Don José dónde va usted?”: y el Siervo de Dios le respondió: “¡A dónde Dios quiera! ¡En sus manos estoy!”.»

Detenido salvajemente el nueve de septiembre, sufrió prisión en Almería y compartió martirio con el Siervo de Dios don José Álvarez Benavides de la Torre. Apenas reunía cincuenta y cinco años en su existir cuando recibió la palma del martirio.