Alumbrado en este bello enclave del Andarax, así recordaba sus primeros años su nuera: «Muerto su padre trasladan a Pechina, donde vive la familia de su madre: lugar donde pasa su adolescencia. En esta etapa de su vida, los que le rodean lo ven como una persona entregada a los demás, con profundos ideales cristianos. En Pechina desarrolla su gran afición: la caza. Sus conocidos y amigos dicen de él, que era extremadamente simpático y muy cariñoso con los suyos, en especial con su madre. Encuentra trabajo en Almería mientras simultanea los estudios de magisterio. Y a pesar de ser el menor de sus hermanos, se erige como cabeza de familia. »

Maestro cristiano y adorador nocturno, fundó junto a su hermano el Colegio de Enseñanza Religiosa “Hermanos Martínez Sáez” en la ciudad de Almería. Centro prestigioso de primera y segunda enseñanza, ofertaba una educación auténticamente católica a los niños.

Casado con doña Carmen Gázquez Ferrer el veintitrés de diciembre de 1929 en la Iglesia Parroquial del Sagrario de Almería, fruto de su amor nació su hijo Adolfo. Viudo muy pronto, se consagró al cuidado de su familia.

Al iniciarse la Persecución Religiosa trataron de arrancarle el Crucifijo de su Colegio, pero dijo con valentía: «¡Para quitarme el Cristo es necesario pasar por encima de mi cadáver! ». Por esta razón, fue detenido y sufrió prisión en las Adoratrices y en el barco Astoy Mendi. Recibió el martirio, a los treinta y ocho años, en el Pozo de Cantavieja.

Su compañero de prisión don Manuel Román evocaba así su memoria: «Fue al martirio plenamente convencido y murió confesando sin miedo su recio y operante cristianismo, siendo sometido a duras pruebas en aquellos difíciles momentos. Hombre piadoso, de acción apostólica, encontró en la enseñanza el instrumento y cauce idóneo como medio de luchar y trabajar en la formación de la juventud en momentos de desorientación y peligros. Sirvió la causa de Cristo hasta la muerte.»