eduardoromerocortesRecibió el Bautismo, un día después de su nacimiento, en la desaparecida Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Encarnación de su pueblo natal. Muy unido a sus ocho hermanos, educó en su propia casa a varios de sus sobrinos al quedarse huérfanos.

Devotísimo de la Madre de Dios, ingresó en el Seminario de Almería por su profunda vocación sacerdotal. Fue ordenado presbítero el seis de junio de 1903 y se le encomendaron varias misiones pastorales. El uno de octubre de 1911 fue nombrado párroco de Nuestra Señora de la Asunción de Bentarique, donde entregaría los siguientes veinticinco años de su existencia. Un antiguo feligrés rememoraba que: « Con los niños se desvivía en obsequios para tenerlos contentos en catequesis. Con los jóvenes inició los grupos de Acción Católica, y con los adultos inició los grupos de Madres Cristianas que tenían sus reuniones semanales y sus retiros espirituales. Era todo un apóstol. »

Nunca quiso responder a los ataques laicistas, aunque era consciente de las amenazas: « ¡Los sacerdotes lo vamos a pasar muy mal, - solía decir - nos van a eliminar a muchos!» Aunque recibió un nombramiento en la ciudad de Granada, no quiso abandonar Bentarique ante la inminencia de la Persecución Religiosa. Sus familiares querían que se marchara, pero objetaba: « ¿Qué mal me van a hacer a mí sí yo los he bautizado a todos?, a nadie hice mal nunca… pasará lo que Dios quiera. »

Sólo aceptó refugiarse en un cortijo próximo al pueblo, donde fue salvajemente detenido el doce de agosto de 1936. Cruelmente torturado y preso en Almería, recibió la corona del martirio a los cincuenta y ocho años. Su sobrina quedó tan horrorizada al reconocer su desfigurado cadáver que malogró su embarazo.

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