Bautizado a los dos días de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de san Ramón Nonato y estudió, primeramente, con su padre que era maestro. En 1916 ingresó en el Seminario de Almería, trasladándose al de Murcia en el curso siguiente y luego al de Orihuela por sus enfermedades. Retornó al de Almería en 1924.

Ordenado presbítero el veintinueve de mayo de 1926, marchó a Totana donde residían sus padres para cantar su primera Misa en la Iglesia Parroquial de Santiago. Coadjutor de Carboneras, pasó a la coadjutoría de Sorbas en 1929. Se incardinó en la diócesis de Madrid – Alcalá en 1932, siendo nombrado Ecónomo de Mangirón. Tres años después pasó a la coadjutoría de Carabanchel Bajo y Capellán del colegio de la Santa Cruz.

Con valentía, el trece de julio de 1936 ofició un responso en el Cementerio del Este de Madrid ante el cadáver de don José Calvo Sotelo. Asustada su madre por las consecuencias de su piedad, toda la familia regresó a Zurgena buscando refugio. Allí fue detenido y lo dejaron marchar a su casa a las pocas horas. Más tarde fueron a buscarlo y el presbítero, de tan sólo treinta y cuatro años, abrió la puerta y se despidió de su madre: « ¡Hasta el Cielo! Gracias a Dios que me concede la gracia de morir mártir por Él. » Fue martirizado junto a otros cuatro presbíteros de su pueblo.

El Patriarca Eijo Garay escribió a su familia: « Nada tienen que agradecerme por los favores que dispensé a su hermano, pues era un santo y celoso sacerdote y merecía todo el cariño del Prelado. » Su biógrafo, el padre capuchino Jesús María de Orihuela, escribió: « Ha pasado de esta vida a la eterna adornado con la estola de la inocencia de que se vistió en el bautismo. »