Hijo del sacristán de su pueblo, recibió el Santo Bautismo a los dos días de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de la Asunción. Abandonó su tierra jienense para marchar al Seminario de san Idelfonso de Toledo, donde recibió el presbiterado el once de junio de 1892.

Tras ser Capellán de la fábrica de Armas toledana, fue nombrado Párroco del arriaciense pueblo de Ciruelos en 1893. Fue superior del Seminario de Toledo desde 1896 a 1902. Ese año tomó posesión de la Parroquia de Puebla de Alcocer, en la provincia de Badajoz. El uno de noviembre de 1907 el Cardenal – Primado, beato don Ciriaco Sancha y Hervás, lo nombró Arcipreste – Párroco de santa María de Húescar.

El canónigo Sanchéz Cuevas: «El incidente dio lugar a una muta compresión entre el Sr. Arcipreste y el Sr. Prieto que, parece, duró algún tiempo y que la gente del pueblo interpretó como amistad entre ambos. La realidad es que el referido político nacional admiró la valentía de don Francisco dándole la razón. El pueblo alabó su comportamiento aumentando su prestigio. »

Nada más entrar los milicianos en Huéscar, iniciaron la Persecución Religiosa y lo detuvieron junto con su Coadjutor. Con sesenta y dos años, lo separaron de su Coadjutor y destrozaron su salud hasta que murió preso.

Don Manuel Román González escribe que: « Pasó por las cárceles de Baza, Guadix, Alhama de Almería, varias de la ciudad de Almería y por último Vélez Rubio. Sufrió agotadoras torturas, privaciones, humillaciones y padecimientos, que agotaron su vida y coronaron su martirio, que aceptó con ejemplar entereza, que incluso asombró a sus enemigos. »

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