MÁRTIRES DE ALMERÍA

 

«La beatificación de los mártires,
estímulo para el testimonio y la evangelización»

 

El pasado 7 de noviembre del año en curso de 2016, en el contexto de la Jornada martirial, leíamos en público el listado de los mártires de Almería que van a ser beatificados, una vez que así lo ha decretado el Santo Padre y tras años de estudio de la Causa y pormenorizado examen de la misma. En esta Jornada comenzábamos a dar noticia de la identidad de los mártires de Almería incluidos en la Causa «José Álvarez Benavides y de la Torre y 114 compañeros muertos en odio a la fe», que serán beatificados en nuestra Iglesia diocesana en fecha ya cercana, apenas terminen los trabajos de preparación y el despliegue de la logística que este hecho extraordinario en la historia contemporánea de nuestra diócesis lleva consigo.

Hijo de una familia de raigambre cristiana, recibió el Santo Bautismo en la Iglesia Parroquial de Santiago de la ciudad accitana. Por su vocación sacerdotal ingresó en el Seminario de san Torcuato. Sus virtudes atrajeron pronto al buen obispo don Maximiano Fernández del Rincón y Soto – Dávila, que lo tuvo como paje durante los últimos años de su pontificado.

Ordenado presbítero el veintiuno de diciembre de 1901, continuó vinculado al Seminario como Superior. También se le encomendó la coadjutoría de la Parroquia de santa Ana en la misma ciudad de Guadix. En 1906 pasó a ser coadjutor de su parroquia natal, a la que entregaría los treinta años de su ministerio. De este modo lo recordaba el canónigo Sánchez Cuevas: « De carácter fuerte y decidido hizo frente en más de una ocasión a los que pretendieron faltarle el respeto, poniéndoles a raya. Esto fue también causa de que algunos, en desquite, le buscaran, iniciada la persecución, deteniéndole en los primeros días. »

El mismo canónigo conservaba la memoria de su martirio: « Llevado al vagón de ferrocarril donde llevaron también al Sr. Obispo don Manuel Medina Olmos con otros sacerdotes, fue conducido a Almería con los demás, pasando por varias prisiones. Trasladado al barco prisión Astoy Mendi, fueron maltratados por los milicianos y marineros y, finalmente, en la madrugada del día treinta de agosto fueron sacados en compañía de los Obispos y otros, para ser asesinados y quemados sus cadáveres. » Tenía cincuenta y nueve años al coronar su vida con el martirio.

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Sus padres, humildes zapateros, lo llevaron a bautizar a los nueve días de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de san Miguel Arcángel de su ciudad natal. En 1888, para responder a su vocación sacerdotal, ingresó en el Seminario de san Torcuato. Fue ordenado presbítero el veintitrés de diciembre de 1900.

Su primer encargo pastoral fue el de Coadjutor de la Peza, pasando después a servir a la parroquia de Venta Quemada como Cura Encargado desde 1906 a 1912 y Cura en propiedad desde 1912.

Beneficiado de la Catedral de santa María de la Encarnación de Guadix desde 1914, dedicó el resto de su vida al servicio del culto catedralicio y siempre cumplió fielmente sus obligaciones en el coro. Precisamente este celo sería la causa de su martirio pues, como recuerda el canónigo Sánchez Cuevas, al comienzo de la Persecución Religiosa: «A ella se dirigió el veinticinco de julio del año trágico, por no quedarse sin celebrar el día de su santo. Con este motivo lo detuvieron y le condujeron al furgón humillante y de allí, a Almería. »

De este modo, a sus sesenta y un años, compartió el martirio de los beatos Obispos de Almería y de Guadix.

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Nacido en la ciudad bañada por el río Carrión, fue bautizado en la Iglesia Parroquial de san Miguel. A su vocación sacerdotal unió la intelectual, cursando brillantes estudios en los Seminarios de Palencia y Salamanca. Doctorado en Teología por la Universidad de Salamanca, hizo lo propio en la Universidad Pontificia de Comillas en la disciplina de Derecho Canónico.

Fue ordenado presbítero el diecinueve de septiembre de 1908. En 1911 recibió su primera misión pastoral, como Coadjutor de la Iglesia filial de santa María de Becerril de los Campos. Los dos años siguientes fue Cura Ecónomo de Villasavariego de Ucieza. En 1913 regresó al Seminario de su ciudad natal como profesor y, en 1925, tomó posesión como canónigo de la Catedral palentina.

A Almería llegó en 1933, al permutar su canonjía. Además de sus obligaciones en la Catedral, se hizo cargo de dar clases en el Seminario. Cuando se inició la Persecución Religiosa contaba con cincuenta y un años.

Un seminarista de la época recuerda lo acontecido: «Se sentó en un banco de hierro que había en la plaza, frente a la misma puerta del Seminario. Al salir don Ángel Alonso Escribano, siervo de Dios y operario diocesano y yo, don Ángel le dijo: “Don Mariano ¿es que se va a quedar ahí sentado?” Él contestó: “Yo no conozco a nadie. Sí me han de martirizar, lo mismo me da a mí que sea aquí que en otra parte. Aquí a nadie pongo en peligro de ser perseguido”. Y allí se quedó; allí lo cogieron y allí comenzó su calvario hasta su muerte. Era un sacerdote ejemplar y bondadosísimo. Aún ahora parece que lo estoy viendo. Yo le quería mucho por su afabilidad y gratitud; por todo te decía: “gracias”. »

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Natural de la ciudad de Guadix, en la Iglesia Parroquial de Santa Ana recibió las aguas bautismales a los dos días de su nacimiento. Tras estudiar en el Seminario de san Torcuato, fue ordenado presbítero el veintisiete de mayo de 1904.

Los cuatro primeros años fue empleado en diversos ministerios pastorales, hasta que en 1908 fue nombrado Sacristán mayor de la Catedral de santa María de la Encarnación de Guadix. Al templo catedralicio se dedicó con primor, entregándole hasta su magra herencia y cada una de sus horas.

El canónigo Sánchez Cuevas consigna así su recuerdo: «Aunque algo adusto en el trato, en el servicio fue esclavo de su deber, tenía el templo tan aseado que algunos llegaron a quejarse de que en el Coro, obra de arte de los mejores en su género en España, donde tantos y tan buenos existen, no aparecía la pátina del tiempo debido a su limpieza, el pavimento estaba como un espejo. En los días siniestros de los incendios, antes del movimiento pasaba en las puertas de la catedral las noches en vela por sí alguno se acercaba a prender fuego. »

Tras sufrir terribles amenazas porque creían que escondía las alhajas de la Catedral, fue detenido el veintisiete de julio de 1936 y enviado, junto al beato don Manuel Medina Olmos y otros presbíteros, a la ciudad de Almería. Él, a sus cincuenta y cinco años, compartió prisión y martirio con todos ellos.

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franciscorodriguezcarmonaBautizado el día siguiente de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de la ciudad veratense, sintió desde pequeño la vocación al sacerdocio. Para costear sus estudios sus padres debieron esforzarse mucho. Su padre, don Juan, marchó a trabajar fuera y su madre, doña Francisca, sirvió en varias casas.

Tras unos primeros estudios en la Preceptoría de Vera, en 1924 ingresó finalmente en el Seminario de Almería. Ordenado presbítero el once de junio de 1933, tres meses después fue enviado como Coadjutor a la Parroquia de Tabernas. Exceptuando cuatro meses de 1934 en que fue Cura Ecónomo de Senés, sus escasos tres años de ministerio los consagró a la coadjutoría de Tabernas.

A pesar de su juventud, los taberneros guardan el precioso testimonio de su vida. De este modo lo recordaba un niño de entonces: « Era un sacerdote muy querido por el pueblo. Algunas tardes se venía con los niños y los jóvenes a jugar a la reja. Yo me llevaba muy bien con él. Era un sacerdote muy piadoso, la Misa la decía con mucha devoción, nos hablaba mucho de la Virgen, todas las tardes rezaba el Rosario en la iglesia. A los niños y jóvenes nos daba catequesis, se sentaba a confesar todos los domingos, nos explicaba el Evangelio y atraía a la gente a Dios. »

Sus escasos veintiséis años no impidieron su violenta detención el veinticuatro de julio de 1936, siendo apresado en la cárcel del pueblo y luego enviado a Almería. Junto a los beatos Obispos de Almería y Guadix fue martirizado el jovencísimo presbítero.

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pedroaalmecijamoralesNacido en el valle del Andarax, fue bautizado en la Iglesia Parroquial de santa María Magdalena de su pueblo natal. En los colegios de la Milagrosa y la Salle estudió Magisterio, pero su vocación al sacerdocio fue más fuerte e ingresó en el Seminario de Almería a los diecisiete años.

Los once años de su ministerio pastoral los desarrolló, excepto cuando estuvo destinado en Bentarique, en la abrupta sierra de los Filabres. El resto los entregó a Tabernas, Cherchos, Benitorafe y Alcudia. Finalmente, fue Cura Ecónomo de Benitagla. Don Manuel Román González lo recordaba de este modo: « Además de llevar a cabo su labor pastoral como párroco, realizaba las funciones de maestro de escuela. Con frecuencia se trasladaba a la capital a buscar medios para aquellos moradores que vivían con sufrida y alarmante pobreza. Dio siempre ejemplo de su entrega a los demás y puede decirse que entregó hasta su vida como sacerdote y misionero de aquellas tierras agrestes de Benitagla. »

En la Persecución Religiosa lo amenazaron con jugar a la pelota con su cabeza, por lo que se internó en la vega de Almería con un tío suyo sacerdote, el siervo de Dios don Gregorio Morales Membribes. El presbítero Gallego Fábrega narraba así lo acontecido: «El veintitrés de julio le detuvieron y maltrataron, fue conducido al Comité Central. Preso en las Adoratrices, barco prisión Capitán Segarra y Astoy Mendi. Jamás negó que era sacerdote. Todos se admiraban de su paciencia, resignación y de su oración continua en silencio ».

Junto a treinta compañeros, fue arrastrado por un tortuoso camino hasta el pozo de la Lagarta y martirizado a los treinta y tres años de edad.

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Fue bautizado el mismo día de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de san Mamés de su aldea burgalesa natal. Sobrino del célebre padre Manjón, fundador de las Escuelas del Ave María, la influencia de su tía resultó esencial en su vida.

Estudió primeramente en Quintanilla Escalada, hasta que su tío lo trajo al Colegio Seminario del Sacro – Monte en la ciudad de Granada. Allí fue discípulo de los beatos don Diego Ventaja Milán y don Manuel Medina Olmos, compartiendo cuidados con el siervo de Dios don Juan Garrido. Ordenado presbítero el veintiocho de mayo de 1904, celebró su primera Misa en la capilla del Colegio del Ave María de Granada el diez de junio. Profesor del Colegio Seminario de Maestros de Granada desde 1905, dos años después se licenció en Teología y fue nombrado capellán del Sacro – Monte. En 1908 su tío le confío la dirección del Colegio – Seminario de Maestros.

A inicios del mes de julio de 1936 coincidió con su buen amigo el beato Obispo de Guadix en la ciudad de Granada, con motivo de la apertura del proceso de beatificación de su tío. Al regresar el beato don Manuel Medina a Guadix el siervo de Dios no quiso abandonarlo, ante el cariz que tomaban los acontecimientos. En la ciudad accitana les sorprendió la Persecución Religiosa, confesándose mutuamente el veinticinco de julio. Detenidos salvajemente dos días después, fueron brutalmente trasportados a Almería y sufrieron prisión con el beato Diego Ventaja Milán.

A sus cincuenta y seis años, separado de los Obispos, padeció el martirio en el pozo de la Lagarta.

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joaquinberruezoprietoNacido y bautizado en Olula de Castro, la pronta muerte de su padre lo vinculó a su piadosa madre, doña Carmen, que lo educó santamente. Estudió en el Colegio de Seises de la Catedral de Almería y en el Seminario de san Indalecio. Ya como seminarista dio pruebas de su afán evangelizador, propagando el apostolado de la Buena Prensa por diversos lugares.

Ordenado presbítero el veinte de mayo de 1921, el tres de junio cantó su primera Misa en Santa Cruz de Marchena. Doctorado en Teología y eminente orador sagrado, poseía una gran cultura y agudos conocimientos de los místicos españoles. Además, era un fiel amante de la Sagrada Liturgia. Ingresó en la Hermandad de Operarios Diocesanos, siendo destinado a los Seminarios de Segovia, Sevilla, Astorga y Belchite.

Reintegrado al clero diocesano por enfermedad de su madre, y tras ser Ecónomo de su pueblo natal, fue nombrado Cura Regente de Níjar en 1935. A pesar de la brevedad de su ministerio, es difícil sintetizar la afectuosa memoria que guardan de él los nijareños. Presbítero simpático, nadie acertaba a descubrir cuando dormía o comía; pues todo lo entrega a los demás. Dinámico y amigo de la juventud, hasta parte de sus ingresos acababan en la Casa del Pueblo para socorrer a los parados.

Iniciada la Persecución Religiosa, las autoridades locales no se atrevieron a prenderlo y le pidieron que se marchase. La niña Francisca Herrero Ruiz recordaba así su despedida de Níjar: «Yo le saludaba entre lágrimas y él me dijo: “No te apures, hija mía” y señaló con la mano hacia el cielo. » Refugiado primero en Almería y luego en Santa Cruz de Marchena, fue detenido el seis de agosto de 1936. Tres días después, en el convento de las Adoratrices, pudo despedirse de su queridísima madre y lo trasladaron al barco Astoy Mendi. Desde allí partió hacia la gloria del martirio a sus treinta y siete años.

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domingocampoycalvanoNacido en una humilde familia almeriense, dedicada a la calderería, fue bautizado en la Iglesia Parroquial de san Sebastián. A la Santísima Virgen del Carmen allí venerada, tributaría una gran devoción a lo largo de toda su vida. Estudió con las Hijas de la Caridad y, en 1913, ingresó en el Seminario de Almería.

Fue ordenado presbítero el once de octubre de 1925 y cantó su primera Misa dos semanas después en el Santuario de la Santísima Virgen del Mar. Durante los primeros seis años de su ministerio fue Salmista de la Catedral, organista de la Parroquia de san José, maestro del Colegio de Seises, Teniente Cura Castrense y Coadjutor de la Parroquia de Santiago.

En 1931 fue nombrado Coadjutor de su Parroquia natal. Presbítero joven y extrovertido, se hizo muy conocido por toda la ciudad. Valiente en su apostolado, fue detenido hasta cuatro veces durante la República. Su sobrino, don José, cuenta que: « Todas las mañanas aparecía, escrito con tiza en la puerta de su casa, esta frase: “Aquí hay un cura. Hay que matarlo”. Mi abuelo cada mañana, muy temprano, quitaba con agua la frase para que la familia no supiéramos nada. »

Detenido en las inmediaciones de la Catedral el diecinueve de julio de 1936, al preguntarle por su ideología respondió: « Yo, soy sacerdote de Cristo, ¿no me habéis conocido?» Le propinaron tal tortura que hasta el mismo médico del barco Astoy Mendi quiso llevarlo al hospital, pero el sargento Cañadas le respondió: « No hace falta, porque esta misma noche lo voy a matar. » Así lo hizo el verdugo en el pozo de la Lagarta, jactándose luego: « ¡Qué buena puntería he tenido, le he dado una muerte cruel, descargándole todos los disparos por la cabeza que se la he hecho saltar! ». Tenía treinta y tres años.

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lisardocarreterofuentesAlumbrado en las tierras alpujarreñas que tanto marcarían su vida, recibió las aguas bautismales a los tres días de su nacimiento en la Parroquia de la Inmaculada de su pueblo natal. Muerto muy pronto su padre, tuvo que criar a sus diecinueve hermanos junto a su madre con gran precariedad. En 1896 pudo responder a su vocación sacerdotal al ingresar en el Seminario de Almería, si bien estudió posteriormente en los de Guadix y Granada con buenas notas.

Ordenado presbítero el dieciocho de septiembre de 1908 en Granada, fue Coadjutor de la Parroquia de la Inmaculada de Adra hasta 1910. En los años sucesivos sirvió en las coadjutorías de su pueblo natal y de Ohanes. Fue Cura Ecónomo de Albuñol, Algarinejo, Ugíjar y Rágol.

En 1923 fue nombrado Párroco – Arcipreste de Canjáyar, donde entregaría el resto de su ministerio y se ganaría el amor de los canjilones. Su sobrino don Inocencio recuerda que: «Con su escasa asignación económica, socorría también a los pobres. Él respondía siempre “Dios proveerá” a la señora que lo atenía, cuando andaban escasos para comer cada día. Era un hombre de gran bondad. »

Al estallar la Persecución Religiosa, su feligresa doña Dolores Hernández recordaba que: «Se encontraba leyendo un libro cuyo título era Los mártires de la Alpujarra y me dijo “Qué suerte morir mártir”. » Cuando intentaron que se ocultara respondió: «No puedo abandonar mi Parroquia ni a mis feligreses porque nada tengo que temer; nadie se meterá conmigo porque jamás hice mal alguno. » El diecinueve de julio de 1936 puso a salvo el Santísimo y a la Santa Cruz del Voto, siendo detenido y enviado a Almería nueve días después, tras una cruel prisión en Alhama de Almería.

En la cárcel, sus verdugos creyeron que había perdido el habla por su heroica mansedumbre. A los cincuenta y dos años coronó con el martirio, en el pozo de la Lagarta, su virtuosa existencia.

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carmelocoroneljimenezNacido a orillas del Andarax, fue bautizado en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Rosario de su pueblo natal. Decidido a responder a su vocación sacerdotal, ingreso en el Seminario de Almería.

Ordenado presbítero el veintitrés de septiembre de 1899 en Guadix, el primer año de su ministerio lo vivió como paje del Obispo don Santos Zárate Martínez. Fue capellán de las Claras de la ciudad de Almería desde 1901 a 1904. Cura Ecónomo de Sorbas en 1908, al año siguiente fue nombrado capellán de las Hermanitas de las Ancianos Desamparados hasta 1910. Tras ocuparse de la coadjutoría de san Pedro de Almería, fue Cura Ecónomo de Tabernas y Párroco – Arcipreste de Gérgal en 1912. Desde 1913 fue Cura propio de Santiago Apóstol de la ciudad de Almería, permaneciendo a su frente durante un cuarto de siglo.

Presbítero de enorme cultura, en 1906 se licenció en Teología por el Seminario de Granada. Además de impartir clases en el Colegio de la Trinidad y en el Seminario de Almería, escribió el libro Acción Parroquial mediante el apostolado eucarístico. Asiduo colaborador del diario católico La Independencia, era director de la Hoja Parroquial de Almería. En Gérgal fundó la Casa Social y la Asociación Eucarística de Oración y Trabajo, para atender a los obreros y a los enfermos. Con el mismo fin, fundó en Tabernas el Patronato de Obreros.

En su misma casa fue detenido el diez de agosto de 1936 y sufrió prisión con los beatos Obispos de Almería y Guadix. Su sobrina doña María Álvarez Coronel recordaba que: « Cuando lo sacaron del barco, él era consciente de que lo llevaban al martirio. Camino de Tabernas animaba a sus compañeros, con fe y esperanza en la vida eterna. Lo mataron sólo por ser sacerdote. »

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