MÁRTIRES DE ALMERÍA

 

«La beatificación de los mártires,
estímulo para el testimonio y la evangelización»

 

El pasado 7 de noviembre del año en curso de 2016, en el contexto de la Jornada martirial, leíamos en público el listado de los mártires de Almería que van a ser beatificados, una vez que así lo ha decretado el Santo Padre y tras años de estudio de la Causa y pormenorizado examen de la misma. En esta Jornada comenzábamos a dar noticia de la identidad de los mártires de Almería incluidos en la Causa «José Álvarez Benavides y de la Torre y 114 compañeros muertos en odio a la fe», que serán beatificados en nuestra Iglesia diocesana en fecha ya cercana, apenas terminen los trabajos de preparación y el despliegue de la logística que este hecho extraordinario en la historia contemporánea de nuestra diócesis lleva consigo.

Hijo del sacristán de su pueblo, recibió el Santo Bautismo a los dos días de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de la Asunción. Abandonó su tierra jienense para marchar al Seminario de san Idelfonso de Toledo, donde recibió el presbiterado el once de junio de 1892.

Tras ser Capellán de la fábrica de Armas toledana, fue nombrado Párroco del arriaciense pueblo de Ciruelos en 1893. Fue superior del Seminario de Toledo desde 1896 a 1902. Ese año tomó posesión de la Parroquia de Puebla de Alcocer, en la provincia de Badajoz. El uno de noviembre de 1907 el Cardenal – Primado, beato don Ciriaco Sancha y Hervás, lo nombró Arcipreste – Párroco de santa María de Húescar.

El canónigo Sanchéz Cuevas: «El incidente dio lugar a una muta compresión entre el Sr. Arcipreste y el Sr. Prieto que, parece, duró algún tiempo y que la gente del pueblo interpretó como amistad entre ambos. La realidad es que el referido político nacional admiró la valentía de don Francisco dándole la razón. El pueblo alabó su comportamiento aumentando su prestigio. »

Nada más entrar los milicianos en Huéscar, iniciaron la Persecución Religiosa y lo detuvieron junto con su Coadjutor. Con sesenta y dos años, lo separaron de su Coadjutor y destrozaron su salud hasta que murió preso.

Don Manuel Román González escribe que: « Pasó por las cárceles de Baza, Guadix, Alhama de Almería, varias de la ciudad de Almería y por último Vélez Rubio. Sufrió agotadoras torturas, privaciones, humillaciones y padecimientos, que agotaron su vida y coronaron su martirio, que aceptó con ejemplar entereza, que incluso asombró a sus enemigos. »

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fraygabrielolivaresEn la Iglesia Parroquial de san Juan de su ciudad granadina natal fue bautizado, a los diez días de su nacimiento. Con quince años, atraído por la vida de san Francisco de Asís, entró en el noviciado de la Orden Franciscana Menor el quince de agosto de 1903. Un año después hizo su primera profesión y, el dieciocho de agosto de 1907, la profesión solemne. El diecisiete de noviembre de 1912 fue ordenado presbítero.

Además de su labor docente en los colegios de su Orden, colaboró en las revistas seráficas El Monasterio de Guadalupe y Espigas y Azucenas. Con motivo de la coronación canónica de la Santísima Virgen de las Maravillas de Cehegín, en 1925, publicó un hermoso devocionario. El Rey don Alfonso XIII, ávido lector de sus escritos, le manifestó su admiración durante la visita regia que efectúo a Orihuela.

Al sorprenderle la Persecución Religiosa en el convento de Almería, se acogió al amparo que le prestaron diversas familias de la ciudad. Temeroso de que sufrieran por su causa, buscó refugio entre sus amistades de Arboleas. El veinticinco de julio de 1936 fue expulsado a Húercal Overa y detenido.

Su hermano de hábito, fray Modesto, contaba que al visitar un líder miliciano la prisión: « Le propinó muchos golpes en la espalda y en la cintura con el fusil, llevándole así, maltrecho a la prisión del Ingenio de Almería. Al formar un día los reclusos, pasando revista le pregunta: “¿Tú eres fraile?” – calla el padre Gabriel; pero ante la insistencia del otro, contesta: “Yo soy fraile”. – “Pues apunta en la lista al fraile”. Era casi una sentencia de muerte, ya que eran apuntados para ser llevados al Campo de Viator ».

En efecto, fue martirizado a sus cincuenta y ocho años de edad. Sus verdugos comentaban: « ¿Qué te parece lo que decía el fraile? “Perdona a éstos. Y llamaba a su Dios... »

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pascualrodadiazHijo de padres cristianos, recibió el Bautismo en la Iglesia Parroquial de san Pedro de la ciudad de Almería. Con las Hijas de la Caridad del Colegio del Milagro aprendió sus primeras letras, continuando sus estudios después en la Salle y en el Instituto almeriense. Muy buen estudiante, a sus diecinueve años se licenció en Derecho por la Universidad de Granada, obteniendo catorce matrículas de honor.

El Santísimo Sacramento, pues fue adorador nocturno, y la Madre de Dios, a la que visitaba en su Santuario de la Virgen del Mar, fueron las dos pasiones de su vida. Entusiasmado por el ejemplo de san Francisco, todos sus ahorros los entregaba a los frailes franciscanos para socorrer a los pobres y profesó como terciario. También se nutrió de las sabias enseñanzas de la Compañía de Jesús, ingresando en la Congregación de los Estanislaos y de los Luises.

A pesar de sus pocos años, hubo de afrontar dos retos. El primero el de su salud, pues le aquejó una grave enfermedad de estómago. A sus afligidos familiares le dijo: «No os preocupéis; si yo me muero; paso de esta vida a otra mejor, pero no muero.» El segundo su falta de trabajo, situación agravada por la temprana muerte de su padre y la debilidad económica de su familia. Aunque aprobó las oposiciones para Interventor del Estado, la penuria de la época le impidió ganarse el pan.

El Viernes Santo de 1936, vísperas de la Persecución Religiosa, convenció a sus amigos para desafiar las hostilidades y sacar en procesión la sagrada imagen del Cristo de la Escucha desde la Catedral de Almería. Su valerosa devoción le valió ser detenido el veinticinco de julio. En su casi medio año de prisión, padecida en diversas cárceles, mantuvo intacta su gran piedad.

A sus veintiocho años, ocho disparos sobre su cabeza lo coronaron como mártir de Cristo en el Campamento de Viator.

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luisquintasduranSu breve, pero fecunda, vida cristiana se inició en la fuente bautismal de la Iglesia Parroquial de san Pedro de la ciudad de Almería. Tercer hijo de una familia verdaderamente cristiana, sus hermanos lo consideraban el más inteligente de todos ellos. De sus padres aprendió una intensa vida de piedad y de entrega para con los pobres. La Adoración Nocturna, la Congregación de los Luises y las Conferencias de san Vicente de Paúl fueron sus escuelas de formación cristiana.

Iniciada la Persecución Religiosa, fue detenido junto a su hermano el Siervo de Dios don José y su hermanito Mario. Maniatada, iba dando ánimos a sus apenados padres. Su hermana doña Julia refiere así lo acontecido: «Su pasión y martirio fue rápida. Lo llevaron a las Adoratrices. Allí se metían mucho con él y lo amenazaban y provocaban constantemente. Un día mientras él bebía agua sosteniendo en lo alto un botijo, le dispararon un tiro en el cuello. Tenía dieciocho años. Después sacaron en hombros por la calle y vitorearon al joven que le había disparado.»

Obligaron a su hermano don Mario, de catorce años, a reconocer y dar sepultura al cadáver. Con palos e insultos respondieron a su acción de trazar una cruz sobre el difunto. Ese mismo hermano recibió, casi dos décadas después, la inesperada visita del verdugo del Siervo de Dios para pedirle perdón. La familia jamás denunció a los que martirizaron al Siervo de Dios.

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josequintasduranBautizado en la Iglesia Parroquial de san Pedro de la ciudad de Almería. Primogénito de ocho hermanos, así recordaba sus primeros años su hermana doña Julia. «Mi hermano ha sido bueno desde su infancia porque ha recibido buenos ejemplos de mis padres. Era buen cristiano, ayudaba a todo el que lo necesitaba; pertenecía a la Adoración Nocturna y a la Congregación de los Luises, donde realizaba sus actividades de formación y trabajo apostólico. Acompañaba a mi padre a visitar enfermos y necesitados cada domingo. Llevaba una vida de piedad muy grande. Iba a Misa, confesaba y comulgaba cada domingo. Íbamos juntos. Tenía devoción a la Santísima Virgen que yo podía observar por el entusiasmo con que le rezaba y hablaba de Ella; en familia rezábamos el Rosario cada día.»

El uno de julio de 1936 ingresó como soldado, posponiendo sus estudios de Medicina. Licenciado al estallar la Guerra Civil, fue detenido junto a dos de sus hermanos. Martirizado su hermano el Siervo de Dios don Luis, el más pequeño recibió una brutal paliza y fue devuelto a su casa. El Siervo de Dios permaneció en prisión, hasta que lo enviaron al frente de Cuenca.

Encontrándose de permiso en Almería, el cuatro de abril de 1938 fue nuevamente detenido al descubrir su pertenencia a los Luises. El tres de mayo fue arrastrado a Turón, donde sufrió una verdadera tortura. El veintidós de mayo, tras una agotadora jornada, le obligaron a cavar una zanja. Su hermano don Mario narraba de este modo el martirio: «Cuando cavaba la fosa le dispararon unos tiros en las rodillas, quedando tendido en la fosa. Como comenzaron a echarle tierra encima para sepultarlo, mi hermano, aún con vida gritó: “Por Dios, terminen ustedes de rematarme que Dios les perdonará”. Murió pidiendo perdón por sus enemigos.» Sólo tenía veintitrés años.

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Un día después de su nacimiento fue bautizado por el siervo de Dios don José Almunia López Teruel, en la Iglesia Parroquial de santa María de su pueblo. Tras realizar sus estudios, ayudó a la maltrecha economía familiar dedicándose al comercio.

Devotísimo de la Madre de Dios, ingresó en la Acción Católica y en la Adoración Nocturna. Era el colaborador por antonomasia de su Párroco, el siervo de Dios don Joaquín Berruezo. Una de sus amigas, doña Francisca Herrero, lo describe como: « Un joven que era un verdadero discípulo de Jesús, así que se le veía, por todos los lados la gracia de su comunión diaria. Las virtudes que yo destacaría en él, con la sencillez y pureza de vida, serían la piedad, bondad, nunca dio un mal ejemplo. Era una persona alegre, bueno de verdad. »

Cuando comenzó la Persecución Religiosa rechazó las ofertas que el hicieron para ocultarlo. El uno de marzo de 1938 fue denunciado por un antiguo benefactor de la familia. Ese mismo día lo detuvieron y enviaron a la prisión del Ingenio de Almería. A sus treinta y tres años, el tres de mayo, fue enviado al campo de exterminio de Turón. A pesar de las torturas, escribió unas letras a su familia para consolarlos.

Su hermana, doña Dolores, narra así su martirio: « Lo mataron – remataron – cuando apenas podía mantenerse ya en pie, pues su martirio, por ser joven, fuerte y de una fe muy firme, fue muy duro y prolongado, con palizas, golpes, escarnios y torturas, para hacerlo vacilar y renegar. Como no lo conseguían, arreciaban las torturas y castigos. Se dio cuenta de que ya sí lo mataban; soltó la pala y gritó: “¡Viva Cristo Rey!” Fue lo último que dijo. »

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juanmoyacolladoLos pocos años de vida del Siervo de Dios no son óbice para dejar de trazar su simpática biografía. Hijo de una fervorosa familia, sus padres lo introdujeron desde pequeño en la Hermandad de la Soledad de la Parroquia de Santiago y en la Hermandad del Carmen de la Parroquia de san Sebastián de la ciudad de Almería. Entusiasta de la piedad popular y de la liturgia, fue solícito monaguillo y amigo de las procesiones.

Siempre dinámico y extrovertido, participó en el movimiento escultista donde dio rienda suelta a su amor al deporte y a la naturaleza. Terciario franciscano y congregante de los Luises, aquella piedad la vertía en un intenso servicio a los enfermos. Por caridad, pasaba sus ratos libres en el Hospital para acompañar y asistir a los más desfavorecidos. Hasta aprendió a poner inyecciones y practicar curas con este fin.

Iniciada la Persecución Religiosa, trataron de prenderlo el once de octubre de 1937. Al no encontrarlo en casa, detuvieron a su padre y a uno de sus hermanos. Con valor, no dudó en canjearse por su padre y comenzó su larga prisión de más de medio año. Preso primero en el Palacio Episcopal, lo fue después en el Ingenio y, por último, en Turón.

Como su valor, alegría y servicio a los enfermos no cejaron; se ensañaron terriblemente con él. El veintidós de mayo de 1938 le ordenaron llenar un cántaro de agua. Al regreso, siendo consciente de su martirio, les preguntó a sus verdugos la razón de su muerte y no obtuvo más que blasfemias. Su padre rememoraba de esta forma su martirio: «Le ordenaron que entregara el cántaro y retirándose unos ocho metros, tuvo tiempo mi hijo de levantar los brazos y mirar al cielo para pronunciar las siguientes palabras: “Perdónalos, Señor, que no saben lo que hacen…” Estas palabras les sirvieron a sus verdugos para que se ensañaran disparándole tal cantidad de tiros que le destrozaron todo su cuerpo.»

Sus verdugos, enfadados al descubrir que el cuerpo del mártir de diecinueve años aún se aferraba a la medalla de la Virgen, no lo enterraron para que fuera devorado por las fieras.

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Nacido en la cortijada de Cariatiz, fue bautizado en su pequeño templo dedicado a san Ramón Nonato. Hijo de jornaleros dedicados al campo, de ellos aprendió la pureza de sus costumbres, su arraigada Fe y su gran valor ante las adversidades.

Animoso y lleno de entusiasmo, propagó con todas sus fuerzas la Acción Católica en Sorbas. En tiempos de abierta hostilidad contra la Iglesia, difundió por donde pudo el periódico católico La Independencia.

Honrado miembro de la Guardia de Asalto, fue destinado a la ciudad de Almería. Su catolicismo le valió ser detenido y sufrió prisión en El Ingenio. Trasladado el dos de mayo de 1938 a Turón, ni las más crueles torturas lograron someter su valentía cristiana. El veintinueve de mayo le ordenaron cavar su propia fosa en las inmediaciones de la ermita de san Marcos. Por su coraje burló a su verdugo y trató de refugiarse en un olivar, siendo allí martirizado a sus veinticinco años. Sólo muerto pudieron sus verdugos rendir su valeroso cuerpo, destrozándolo de una manera atroz.

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Hijo de una familia de artesanos hileros, recibió las aguas bautismales en la Iglesia Parroquial de san José de Almería. Su padre confeccionaba cabotajes para armadores y pescadores del puerto almeriense, y a pesar de que estaba preocupado por su porvenir, porque deseaba que continuara el negocio familiar, el Siervo de Dios siempre vivió con intensidad la Fe y su llamada a consagrarse a Dios.

 

Ingresó en el Seminario de san Indalecio, donde trabó una gran amistad con el Siervo de Dios don Rafael Román Donaire, también Mártir en esta Causa. En 1934 dejó el Seminario e ingresó en el Convento de los Padres Franciscanos de Orihuela deseando consagrarse al Señor en ese carisma como Hermano lego, y allí inició su periodo de formación como postulante, pues su anhelo de servir a Dios no mermaba, sino que aumentaba cada día.

 

Al iniciarse la Persecución Religiosa regresó a Almería, donde cumplió el servicio militar obligatorio. Una testigo ocular refiere que «el joven Salinas no tuvo miedo de dar, en varias ocasiones la cara por Cristo, manteniendo con firmeza sus criterios cristianos. Tampoco tuvo miedo de complicarse la vida en ciertas acciones muy arriesgadas e incluso heroicas.» En efecto, se valió de mil ardides para socorrer a los que en ese tiempo vivían en "las catacumbas de la ciudad": su amistad con los agricultores de la vega almeriense le facilitó participar en una labor en beneficio de encarcelados y familiares de perseguidos y escondidos, que eran asistidos por el conocido como "Socorro Blanco": gracias a su trabajo en la Alhóndiga del Mercado central y a su simpatía, no sólo recibió el encargo secreto de recoger y repartir por las calles y casas toda clase de alimentos para el cuerpo para mitigar las necesidades de sacerdotes y seglares perseguidos por ser cristianos, sino que el vicario Ortega lo autorizó a distribuir el Santísimo que nutría de esperanza el alma, ya que era un ejemplo de prudencia, fidelidad y virtudes cristianas.

 

Una vez denunciado, fue detenido y trasladado a Turón el tres de mayo de 1938. Con el objetivo de hacerle hablar para descubrir quién celebraba la Misa a escondidas y quiénes comulgaban y así delatar a sus socorridos, fue sometido a cruelísimas torturas. Pero su heroica caridad fue coronada por el martirio sufrido el veintidós de mayo de ese año, junto al laico y también mártir en esta Causa José Quintas. El humilde y valeroso siervo de Dios contaba con veinticuatro años de edad.

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tomasvaleraFue bautizado en la Iglesia Parroquial de santa María de Sorbas por el siervo de Dios don Fernando González Ros, mártir también en la Persecución Religiosa. Sus padres, hondos cristianos de gran virtud, lo educaron desde pequeño en el amor a la Eucaristía y a la Santísima Virgen.

Así lo recuerda su hermana doña María Teresa: «Era un niño abierto, alegre, con ganas de vivir, era “un castañuelas”, siempre estaba riendo. Era un buen cristiano, piadoso. Pertenecía al grupo de los Tarsicios en su infancia y después se incorporó a la Adoración Nocturna.»

Comenzados sus estudios en los años difíciles de la República, se afilió a la Acción Católica para dar testimonio de su fe. Al irrumpir la Persecución Religiosa, al tratar los milicianos de incendiar el templo, les dijo: «¡A la iglesia no entra nadie porque yo me pongo por medio!» Por su coraje fue detenido el veintiséis de agosto, pero liberado por su corta edad. Refugiado con su tío, primero en Carboneras y luego en Cuevas del Almanzora, un compañero de estudios lo denunció por «oler a cera».

Durante dos años sufrió prisión en El Ingenio de Almería, distribuyendo su propia comida entre los presos más necesitados. Trasladado a Turón el tres de mayo de 1938, el veinte de mayo lo obligaron a enterrar a otras víctimas. Empleado en tan triste menester, a pesar de sólo tener diecinueve años, recibió la palma del martirio. Selló su vida con este grito: «¡Viva Cristo Rey!».

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lucianoverdejoacunaFue bautizado en la Iglesia Parroquial de san Pedro a los pocos días de su nacimiento. Honrado caballero, era estimado por su trabajo en el puerto de Almería. Contrajo matrimonio con doña Concepción Gómez Cordero el catorce de mayo de 1917.

Adorador nocturno y miembro de las Conferencias de san Vicente de Paúl, su vida gravitaba en torno a la Eucaristía y el servicio al prójimo. Su hijo don Antonio lo recuerda así: « Llevaba una vida cristiana que a mí me inculcó siempre y de la que nos dio ejemplo mientras vivió con nosotros. Yo le acompañaba diariamente a Misa; lo veía confesar y rezar. Tenía devoción a la Santísima Virgen; en casa rezábamos el Rosario cada tarde, dirigido por mi abuela. »

Iniciada la Persecución Religiosa marchó a un cortijo de Huércal de Almería, pues había dado refugio a los jesuitas durante la República y algunos de sus parientes militaban políticamente. A primeros de septiembre de 1936 fue detenido y, tras una parodia de juicio, condenado a un año y medio de prisión. Tenía cincuenta y dos años.

Su hijo recoge el testimonio de su padre: « Su delito era ir a Misa y comulgar todos los días. Cumplida la condena, no lo ponen en libertad sino que lo llevan a la Venta de Araoz. Allí debieron torturarle porque yo le vi la ropa manchada de sangre. De allí lo llevaron a los campos de trabajos forzados de Turón. En Turón fue sometido a toda clase de humillaciones y malos tratos; lo mataron en la cuneta. »

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