MÁRTIRES DE ALMERÍA

 

«La beatificación de los mártires,
estímulo para el testimonio y la evangelización»

 

El pasado 7 de noviembre del año en curso de 2016, en el contexto de la Jornada martirial, leíamos en público el listado de los mártires de Almería que van a ser beatificados, una vez que así lo ha decretado el Santo Padre y tras años de estudio de la Causa y pormenorizado examen de la misma. En esta Jornada comenzábamos a dar noticia de la identidad de los mártires de Almería incluidos en la Causa «José Álvarez Benavides y de la Torre y 114 compañeros muertos en odio a la fe», que serán beatificados en nuestra Iglesia diocesana en fecha ya cercana, apenas terminen los trabajos de preparación y el despliegue de la logística que este hecho extraordinario en la historia contemporánea de nuestra diócesis lleva consigo.

emilialaguitanillaSus padres, gitanos ambos, la bautizaron nada más nacer en la Iglesia Parroquial de santa María de su pueblo. Educada en las costumbres de su raza, le enseñaron el oficio de confeccionar canastos de esparto para ganarse honradamente el sustento.

Aunque enamorada de Juan Cortés Cortés, también gitano, no podía contraer matrimonio por la Persecución Religiosa. Finalmente, se unieron a principios de 1938 y ella quedó encinta. Para librar a su marido de participar en el frente, untó sus ojos con sulfato y declararon su inutilidad. No tardó en ser detenida y, a pesar de su gravidez, ingresó en la prisión de Mujeres de Gachás Colorás en Almería el veintiuno de junio de 1938. Fue juzgada y condenada a seis años de prisión el ocho de julio.

Su compañera de prisión, doña María de los Ángeles Roda, contaba: « Recuerdo la figura de Emilia, aquella gitana de ojos negros y muy grandes, alta, con el pelo tirante y un moño en la nuca, que nos llamaba poderosamente la atención por su estado de gestación, ya que allí estaban todas muy delgadas por la falta de comida. Amable, hablaba bajito, era además muy respetuosa y religiosa. »

Admirada por la ayuda que le prestaban algunas presas católicas, les pidió que la instruyeran en el rezo del Rosario. La cruel directora de la prisión, al advertir su devoción, prometió favorecerla sí denunciaba a sus catequistas. Al negarse la sierva de Dios, fue aislada en una celda y sometida a malos tratos durante su embarazo.

El trece de enero de 1939 dio a luz a una niña y, tras el parto, le negaron cualquier asistencia médica. Como escribe el presbítero Gallego Fábrega: « En la mañana del día veinticinco acabó el martirio de la guapa gitanilla de veintitrés años, que murió abandonada y sola, pero sin denunciar a su catequista, a pesar de todas las presiones a que estuvo sometida. » Aunque sus compañeras bautizaron ellas mismas a su hija, las autoridades se la llevaron y nunca más se supo de ésta.

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A la semana de su nacimiento, el siervo de Dios don Nicolás González Ferrer lo bautizó en la Iglesia Parroquial de la Encarnación de su ciudad natal. Criado en una pobre familia veratense, desde pequeño experimentó una profunda vocación al sacerdocio.

Estudió en el Seminario de san Indalecio de Almería. El beato don Manuel Medina Olmos, por entonces Administrador Apostólico de Almería, lo ordenó presbítero el dieciséis de marzo de 1935. Unos pocos meses después fue enviado como Cura Regente de Lúcar. Su madre, doña María, lo acompañó.

Su antecesor en la Parroquia, el canónigo Sánchez Martínez, escribió: « Los tiempos eran muy difíciles y cuando llegó la Persecución Religiosa en el 1936, las autoridades locales le dijeron que saliera de Lúcar y marchó con su madre a Vera, que era su pueblo natal. Después he sabido que estuvo detenido en la cárcel del Ingenio y estaba muy enfermo por los malos tratos y vejaciones a las que por ser sacerdote era sometido. »

Acerca de su cautiverio, el presbítero don Diego Rubio Gandía contó: « En el Ingenio el sacerdocio no le dejó descansar; ya que quedaban pocos sacerdotes y don Mateo tenía que multiplicarse en aquel lugar, antesala de la muerte, todos querían confesar. » Prácticamente moribundo por la tuberculosis que contrajo, permitieron a su desolada madre llevarlo al Hospital Provincial. Las enfermeras republicanas desoyeron las súplicas maternas y negaron su ingreso hospitalario.

Con enorme dolor, su madre pudo trasladarlo a Vera. Allí concluyó su martirio, a sus veinticinco años de edad y a sus tres años de presbiterado. El poeta Martín del Rey, también preso con el siervo de Dios, le dedicó unos sentidos versos.

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alfredoalmunialopezDon José Avelino, su padre, se dedicaba a la pintura y a la escultura; por lo que residió junto a su esposa doña Antonia en varios lugares donde plasmó su arte. El nacimiento y bautismo del siervo de Dios, segundo de siete hermanos, ocurrió en Mojácar. A sus dieciocho años, el diecinueve de mayo de 1877, recibió la Confirmación en Tíjola de manos del gran Obispo Orberá y Carrión. Poco después marchó al Seminario y, en 1884, fue ordenado presbítero.

Coadjutor de Lubrín desde 1885, cinco años después fue enviado a la coadjutoría de Vera. A la ciudad veratense dedicó gran parte de su vida ministerial, treinta y nueve años de los cincuenta y dos que duró su sacerdocio. Desde allí participó en la gran peregrinación nacional a Roma y se ocupó de las capellanías del cementerio y de la cárcel. Buen colaborador de las Hijas de la Caridad, se ofreció para impartir a sus párvulos clases de pintura y decoración. También se echó a las calles para pedir limosna y sufragar sus obras caritativas.

Coadjutor de Cuevas del Almanzora desde 1928 a 1935, ese mismo año regresó a Vera como Párroco. La entonces niña doña Juana Soler recuerda: «Era un señor alto, bien parecido y querido por el pueblo. Era un pedazo de pan, querido por todos; el que se acercaba a pedirle ayuda, la encontraba siempre. Recuerdo que nos decía siempre: “Sed buenos que el Niño Jesús va siempre con vosotros”.»

Al inicio de la Persecución Religiosa, se negó a abandonar a sus feligreses. Detenido el siete de septiembre de 1936, sufrió prisión en el convento hasta que su hermana entregó quinientas pesetas a los milicianos. Con todo, sufrió más detenciones y prisiones que quebraron su cuerpo de setenta y seis años.

Finalmente, fue martirizado en el paraje del Ballabona junto al siervo de Dios don José Gómez de Haro. Su sobrina, doña Emiliana Soriano, cuenta que: « Entraron en su dormitorio, donde mi tío guardaba cama por enfermedad, le golpearon y rompieron sobre su espalda el Crucifijo que tenía. Como no se podía mover, lo arrojaron al camión por el mismo balcón. Lo llevaron cerca de Antas y le pegaron dos tiros, dejándolo tirado en la carretera. La hermana del siervo de Dios que le acompañaba en el momento del apresamiento enfermó y perdió la cabeza. »

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Nacido once años después de su hermano, el siervo de Dios don Alfredo, fue bautizado en la Iglesia Parroquial de santa María de su pueblo natal. Junto a su hermano recibió la Confirmación y, al igual que éste, ingresó en el Seminario de san Indalecio de Almería en 1883. El veintitrés de junio de 1893 fue ordenado presbítero.

En Granada amplió sus estudios, ya de por sí brillantes. En 1894 se doctoró en Teología, en 1906 se licenció en Derecho Canónico y en 1909 en Derecho Civil. También impartió clases en Vera. Su primer destino pastoral fue la coadjutoría de santa María de Albox en 1893, donde impulsó a las Hijas de María. Desde 1896 fue Cura de Níjar, donde fundó la Adoración Nocturna en 1911.

El treinta de septiembre de 1911 tomó posesión de la Parroquia de Cuevas del Almanzora. Su feligresa doña Josefina Foulquié cuenta que: «Era un sacerdote piadoso, devoto de la Santísima Virgen y de la Eucaristía. Tenía mucho celo apostólico y tenía facilidad para acercarnos a Dios. Cuando subía al púlpito para predicar se transformaba y nos explicaba las verdades de nuestra fe con mucha unción y con gran facilidad de palabra. » Con tesón, alzó la segunda torre del templo cuevano.

Uno de sus hermanos, asustado por la Persecución Religiosa, lo convenció para que se ocultara en Almería. Hasta allí se presentaron los milicianos de Cuevas del Almanzora el veintiocho de agosto de 1936. El siervo de Dios se encontraba muy enfermo y su familia se resistió a entregarlo. Uno de los milicianos, al que el siervo de Dios había bautizado y dado la primera comunión, le aseguró que nada malo le sucedería.

Finalmente lo subieron a un coche y quisieron que se bajara en el puente de Rioja. Al negarse, le dispararon un tiro y lo dejaron sangrando mientras ellos fumaban. Luego, veintiocho disparos sellaron su martirio a sus sesenta y seis años de edad. Como, impresionado por su serenidad, uno de los milicianos no quiso dispararle; fue obligado a realizar el trigésimo tiro sobre su cadáver.

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antoniofuentesballesterosBautizado a los tres días de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de santa María de su ciudad natal, quedó huérfano de madre y fue cuidado por su hermana. Al igual que dos de sus hermanos ingresó en el Seminario de Almería. El veintiocho de enero de 1901 expiró su hermano seminarista, Juan. El siervo de Dios fue ordenado presbítero el diecisiete de diciembre de 1910, celebrando su primera Misa en el Santuario de la Santísima Virgen del Mar de Almería.

Doctorado en Teología por el Seminario de Granada, en 1914 se asoció a la Unión Apostólica Sacerdotal. En 1916 marchó a la coadjutoría de su ciudad natal. Tres años después, en 1919, recibió el nombramiento de Cura Regente de Bédar. En 1927 tomó posesión de la Parroquia de Lubrín, a la que luego se unió su hermano como Coadjutor.

Su sobrino, don Jacinto Alarcón, recuerda que: « En las parroquias donde ejerció su ministerio mostraba su amor al Señor y a la Santísima Virgen. Entre sus feligreses era querido por su amor a los pobres, a los que ayudaba dentro de su escasa economía; visitaba a los enfermos y ancianos. Era un hombre prudente, no ofendía a nadie. »

Iniciada la Persecución Religiosa marchó, junto con su hermano, a Mojácar. Se alojaron en una fonda de Garrucha, hasta que fueron denunciados y expulsados. En una cueva próxima al cortijo veratense de san Antón buscaron refugio. Hasta allí fueron perseguidos por los milicianos, que a garrotazos los devolvieron a Mojácar. Su sobrino cuenta que: « Lo tuvieron una vez detenido, dos días de sol a sol haciendo con un pico una acequia en el pueblo, y a los dos días lo mataron. Yo vi cómo le sangraban las manos que mi madre le curaba por la noche. »

A las doce de la noche fue llevado al empalme de los Gallardos. Nada más llegar descubrió el cadáver martirizado de su hermano y lo besó. De rodillas, abrió los brazos y perdonó a sus verdugos antes de ser martirizado a los cuarenta y nueve años.

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josefuentesballesterosDos años mayor que su hermano, el siervo de Dios don Antonio, recibió las aguas bautismales un día después de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de santa María de su ciudad natal. Como dos de sus hermanos, estudió en el Seminario de san Indalecio de Almería con gran aprovechamiento.

Fue ordenado presbítero el cuatro de junio de 1909, sirviendo a la Iglesia durante veintisiete años. En 1914 le ordenaron servir la coadjutoría de Turre, tomando posesión un año después de la Parroquia de santa María de Castro de Filabres. Allí transcurrió su ministerio, hasta que fue a ayudar a su hermano a la Parroquia de Lubrín.

Ambos hermanos, siendo el siervo de Dios don Antonio el Párroco y el siervo de Dios don José el Coadjutor, desarrollaron un piadoso ministerio. Además, al siervo de Dios lo nombraron Cura Ecónomo del Marchal de Lubrín. Su sobrino refiere que: « La gente lo recuerda con mucho cariño, tanto a él como a su hermano. Tenía fama de bueno y excelente sacerdote.»

Durante la Persecución Religiosa sufrió junto a su hermano de sangre y de sacerdocio, compartiendo penalidades y animándose mutuamente. Al final, ya que lo precedía por nacimiento, también lo precedió por unos minutos en el martirio. Tenía cincuenta y un años al recibir la corona de los Mártires.

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Educado en una familia cristiana, que se mantenía con el oficio de sastre de su padre, ingresó en el Seminario de san Indalecio de Almería para responder a su vocación sacerdotal. Fue ordenado presbítero en mayo de 1895, ejerciendo el ministerio por más de cuarenta años.

Inició su ministerio en las coadjutorías de san Sebastián y san Pedro de la ciudad de Almería, marchando después a la de Benizalón. Regresó a su ciudad natal en 1910, como Capellán de san Antonio de los Molinos de Viento y Coadjutor de san José. En 1926 fue nombrado Capellán de las Siervas de María. Durante el Sínodo de Almería de 1929 ejerció de Ostiario. El uno de octubre de 1931 tomó posesión de la capellanía de Araoz.

El veintisiete de agosto de 1936, a causa de la Persecución Religiosa, fue detenido junto a su hermano el siervo de Dios don José en la casa que compartían en la ciudad. Llevados al Cuartel, poco después los condujeron en un vehículo hasta la carretera a Huércal de Almería. La comitiva se detuvo en la barriada de la Fuensanta, animándose entre los hermanos: « Ya mismo lo vamos a ver… cara a cara. »

Al dispararles, sólo murió el hermano del siervo de Dios. Éste, malherido, trató de refugiarse bajo un puente. Don Adelino Castillo narra lo que sucedió cuando los milicianos descubrieron que seguía con vida: « Le pincharon en sus ojos con una sombrilla vieja, le pusieron en la boca una mazorca de maíz prendida de fuego con gasolina. Y, por sí esto no fuera ya suficiente mofa, echaron sus cuerpos al carro que transportaba el pescado para su venta en el pueblo. » Tenía sesenta y cuatro años al recibir el martirio.

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Tres años menor que su hermano, en 1888 siguió sus pasos e ingresó en el Seminario de san Indalecio de Almería. Recibió el Sagrado Orden del Presbiterado en diciembre de 1899.

Inició su ministerio pastoral como Capellán del Manicomio, atendido entonces por las Hijas de la Caridad. En 1911 fue adscrito a la Parroquia de san José de Almería. Al año siguiente marchó a la coadjutoría de Gérgal, regresando cuatro años después a la Parroquia de san José de Almería. En 1919 fue nombrado Coadjutor de la Parroquia de Santiago de Almería, donde era Párroco su compañero de curso el siervo de Dios don Carmelo Coronel Jiménez.

Durante diecisiete años sirvió a la feligresía de Santiago, dejando un beatífico recuerdo. Un testigo cuenta que: « Era un hombre sencillo, entregado a las labores parroquiales y afanoso en el servicio de los pobres y humildes. Ni una palabra de queja ante la persecución y monstruosidad de su muerte, a manos de unos enemigos de la Iglesia, que se olvidaron de los más elementales valores éticos, morales y humanitarios. »

Detenido junto a su hermano, el siervo de Dios don Francisco, compartió su último viaje a Húercal de Almería donde fue martirizado a sus sesenta y un años. Su maltrecho cuerpo, sañudamente profanado, fue vilipendiado por las calles antes de ser quemado en el río Andarax.

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luisbeldasorianoAunque de raíces granadinas, nació en la ciudad balear y recibió el bautismo dos días después de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de santa Eulalia. Trasladada la familia a Madrid, el veintisiete de octubre de 1910 recibió su primera comunión en el madrileño templo de la Concepción. A los diez años perdió a su padre, que trabajaba en la organización del XXII Congreso Eucarístico Internacional.

Tras brillantes oposiciones, fue nombrado Abogado del Estado. El diez de agosto de 1925 contrajo matrimonio con doña Josefa Alberti Merello en la Iglesia Parroquial de la Concepción de Madrid. Durante la década de su matrimonio alumbraron seis hijos. Por motivos laborales la familia se instaló en Almería, donde se hicieron muy amigos del Obispo fray Bernardo Martínez Noval.

Es difícil sintetizar el compromiso apostólico del siervo de Dios. Miembro de la Asociación Católica de Propagandistas y de las Conferencias de san Vicente Paúl, así como del Consejo Diocesano de Prensa desde el Sínodo de 1929. En la ciudad organizó conferencias para promover la santidad del matrimonio y denunciar el crimen del aborto.

Nada más iniciada la Persecución Religiosa fue detenido y echaron a su familia a la calle. El siete de julio de 1936 fue arrojado como prisionero al barco Capitán Segarra. Como recuerda su hija doña Carmen: « En la misma prisión pedía a mi madre que fuera fiel al Señor y que esperara en la misericordia y que nos educara en el amor del Señor. »

La noche del catorce de agosto, junto a veintiocho prisioneros, fue atado y llevado a la playa de la Garrofa. Antes había dicho a su esposa: « Perdono a todos los que me han ofendido y a los que me puedan hacer daño, de todo corazón. » Arrojado su cuerpo martirizado al mar, dos meses después se encontró en la palaya del Zapillo. Tenía treinta y cuatro años.

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juanjosevivasperezFue bautizado en la fiesta de la Candelaria en la Iglesia Parroquial de san Pedro de su ciudad. Primero estudió con los jesuitas de Chamartín y, después, cursó la carrera de Farmacia en la Universidad de Granada. Más su auténtica educación corrió a cargo de su padre, el reconocido farmacéutico don Juan José. De su padre aprendió una profunda Fe, encarnada en eficaces obras de amor al prójimo. Su progenitor fundó en Almería una Escuela Reformatorio; dos escuelas del Ave María en el Quemadero y Pescadería; así como el comedor de la Tienda Asilo y el diario católico La Independencia.

Su solidad piedad se acrecentaba con la comunión diaria, ya que disfrutaba en su hogar de un oratorio donde celebraba la Santa Misa el Vicario General don Rafael Ortega. Además de continuar las fundaciones de su padre, que sufragaba gracias a su negocio farmacéutico, abrió una nueva escuela en el Barrio Alto. Muy preocupado por los ataques laicistas, e impulsado por los Obispos almerienses, continuó siendo el dueño de La Independencia.

Enamorado de doña Rafaela Torres Benítez, tras siete meses de noviazgo, contrajeron matrimonio en la Iglesia Parroquial de san Pedro el doce de septiembre de 1936. Juntos bendijeron su unión con tres hijos, naciendo el último sólo tres meses antes de la Persecución Religiosa.

Odiado por liderar el periodismo católico, le incautaron la Farmacia y hasta su propia casa. Rápidamente fue detenido y enviado al convento de las Adoratrices. Un niño de sus escuelas recordaba: « Cuando le detuvieron le quitaron el rosario que llevaba siempre, por lo que haciendo nudos en una pequeña cuerda se hizo uno en la prisión. » Su delicadeza para con los demás llegó al extremo de tramitar, desde la cárcel, el finiquito a sus empleados.

A principios de agosto lo llevaron al barco Capitán Segarra, donde sufrió tortura y fue obligado a limpiar inmundicias. En la víspera de la Asunción fue martirizado en la playa de la Garrofa a sus treinta y cinco años. Cerró sus labios dirigiéndose a sus verdugos: «He vivido como cristiano y por cristiano me matáis. Para Dios nací y para Dios muero. ¡Viva Cristo Rey! »

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manuelalcaydeperezBautizado en la Iglesia Parroquial de la Anunciación de su pueblo natal, estudió discretamente en el Seminario de san Torcuato de Guadix. El veintitrés de septiembre de 1893 fue ordenado presbítero en el Santuario de la Santísima Virgen del Mar de Almería.

El presbítero Gallego Fábrega resume así su ministerio: « El Obispo de Guadix le confío diversas misiones pastorales, pero la que de manera especial marcó toda su actividad apostólica fue la coadjutoría de Fiñana. La catequesis en las once barriadas del pueblo y la misma estación, fueron testigos mudos de la asiduidad y cuidado pastoral. El culto en las diversas ermitas y la atención a los enfermos en la que los sucesivos párrocos de Fiñana encontraron un fiel y seguro colaborador. »

Su antigua feligresa doña Francisca Salmerón señala su actitud ante la Persecución Religiosa: « En los momentos difíciles no se acobardó. Una sobrina suya vino desde Barcelona con ánimo de llevarlo con ella y que allí pasara inadvertido y libre de peligro, pero el siervo de Dios le contestó que no tenía nada que temer, que no había hecho nada malo. Dijo que tenía que dar su vida por Cristo. »

El diecisiete de septiembre de 1936 fue detenido y escarnecido en la plaza del pueblo, sufriendo una cruel prisión. De madrugada junto a su Párroco, el siervo de Dios don Melitón Martínez Gómez, fue subido en un coche y llevado a la cuesta de la Reina. Al apearse del vehículo dijo a su compañero: « Se han cumplido nuestros días y horas; me consuela que muramos juntos. »

Como los milicianos rechazaron sus súplicas para no fusilar al Párroco, pidió morir antes para no presenciar la ejecución. Así recibió el martirio de un machetazo, a sus sesenta y siete años, el humilde Coadjutor de Fiñana.

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