MÁRTIRES DE ALMERÍA

 

«La beatificación de los mártires,
estímulo para el testimonio y la evangelización»

 

El pasado 7 de noviembre del año en curso de 2016, en el contexto de la Jornada martirial, leíamos en público el listado de los mártires de Almería que van a ser beatificados, una vez que así lo ha decretado el Santo Padre y tras años de estudio de la Causa y pormenorizado examen de la misma. En esta Jornada comenzábamos a dar noticia de la identidad de los mártires de Almería incluidos en la Causa «José Álvarez Benavides y de la Torre y 114 compañeros muertos en odio a la fe», que serán beatificados en nuestra Iglesia diocesana en fecha ya cercana, apenas terminen los trabajos de preparación y el despliegue de la logística que este hecho extraordinario en la historia contemporánea de nuestra diócesis lleva consigo.

luisalmecijaramirezlazaroLa Iglesia Parroquial de santa Ana de su pueblo natal acogió su nacimiento a los tres días de su nacimiento. Criado en una familia piadosa, dedicados a la agricultura y a la enseñanza, su hermana doña Carmen fue priora de las Clarisas de Almería y dos de sus sobrinos se ordenaron presbíteros.

Seminarista primero en Almería y luego en Granada, en esta última ciudad fue ordenado presbítero el dieciocho de mayo de 1906. Las tres décadas de su ministerio las entregó a la Taha de Marchena donde había visto la luz primera, comenzando en la coadjutoría de Instinción. Después fue enviado a Alicún, donde no había más que las ruinas de la iglesia. Con tesón, en 1911, edificó el nuevo y coqueto templo actual.

El dieciséis de mayo de 1913 tomó posesión de Huécija, custodiando celosamente el templo de santa María de Jesús donde murieron los Mártires de las Alpujarras de 1568. Don Antonio Payán refería que: « Hablaba con todas las personas, no era orgulloso. Los niños y mayores lo querían, estaba pendiente de la iglesia y del pueblo. Si veía que alguien discutía, llegaba él y ponía paz. No tenía vicios, antes bien era rico en fe, esperanza y caridad. »

Por la Persecución Religiosa fue expulsado de Huécija, refugiándose en la casa de su hermana en Íllar. El diecinueve de agosto de 1936 fue detenido y encarcelado en Alhama de Almería. Su familia, tras entregar mil pesetas, logró su liberación. Ese mismo día volvieron a detenerlo y lo encerraron en Huécija.

Fue arrojado de la cárcel al puente de los Calvos en la madrugada del veinticinco de agosto. Un antiguo feligrés contaba lo ocurrido: « Don Luis llevaba un Crucifijo en la mano y le dijeron: “Sí escupes el Crucifijo no te matamos”. Don Luis contestó: “Lo beso”, y así lo hizo, besándolo, delante de ellos con mucho amor y fe. Como no lo escupía lo asesinaron y Jesucristo lo cogió en sus brazos. » Cincuenta y tres años tenía al ser martirizado.

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josecastanoCon tan sólo un día de vida fue bautizado en la Iglesia Parroquial de santa María de su pueblo. En el Seminario de san Indalecio de Almería cursó discretamente sus estudios. Su pariente, el presbítero don Juan José Muñoz refiere que: « Pudo ser muy bien maestro de escuela y oficinista de las minas, donde su padre era el jefe, cuando él estudiaba en el seminario. O sea, que sí salió de una familia acomodada de aquel tiempo para ser sacerdote, fue por verdadera vocación y deseos de seguir a Jesús. »

Ordenado presbítero el diecinueve de diciembre de 1896 en la capilla del Hospital Provincial de Almería, ejerció piadosamente su ministerio durante cuatro décadas. Coadjutor de Turre en un primer momento, en 1907 pasó a la coadjutoría de Antas, en 1916 a la de Tabernas y en 1918 a la de Carboneras. Durante una década, desde 1925 a 1935, fue Cura Encargado de Sierra Alhamilla. Finalmente fue nombrado Cura Ecónomo de Bédar.

Su primo, el presbítero don Juan José Muñoz, contaba que: « Las minas habían venido ya abajo y el pueblo de Bédar era muy pobre. Y entre todos los pobres, el que más, era el cura; hasta el punto de que salía a recoger la oliva, que se dejaban en el suelo después de las faenas, y con eso hacía el aceite que necesitaba para el Santísimo y para él. »

Antes de ser apresado por la Persecución Religiosa, salvaguardó el Santísimo y se negó a renunciar a su sacerdocio. Prisionero por este motivo, fue torturado y obligado a trabajos forzados. Achacoso a sus sesenta y seis años, el ocho de septiembre de 1936 cayó desfallecido en la cuesta de La Marina. Los milicianos lo alzaron y lo amenazaron: « Sí no trabajas te matamos. » El siervo de Dios, cayendo nuevamente de rodillas, les contestó: « Pues matadme, yo no puedo más; pero s perdono todo. »

Ese mismo día, festividad de María Santísima de la Cabeza patrona del pueblo, fue martirizado el humilde presbítero. 

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fernandogonzalezrosEl día posterior de su nacimiento recibió el Santo Bautismo en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Encarnación de su pueblo natal. Aunque sus estudios se retrasaron por sus problemas de visión, siempre manifestó un gran afán por la promoción de la cultura.

Su padre quiso encaminarlo a la carrera de las armas, pero su vocación le llevó al Seminario de san Indalecio de Almería. Más tarde se doctoró en Teología por el Seminario de Granada. El doce de junio de 1897 fue ordenado presbítero en el Santuario de la Santísima Virgen del Mar de Almería.

Coadjutor de su pueblo natal, fue capellán de las Hijas de la Caridad. En 1901 tomó posesión de la Parroquia de Arboleas, donde restauró el complejo parroquial. Fundó el Centro Obrero de san José, preparando gratuitamente a los jóvenes para que cursaran estudios superiores. El mismo apostolado ejerció como Párroco de Sorbas durante veintidós años, desde 1914 hasta su martirio.

Recién proclamada la República, el médico del lugar pagó a un grupo de mujeres para que hostigaran al anciano presbítero casi ciego. Aunque el pueblo de Sorbas lo respetó al iniciarse la Persecución Religiosa, uno de sus sobrinos se lo llevó a un cortijo en el Pago Rambla del Aljibe de Lubrín. Continuó celebrando la Santa Misa hasta el diez de septiembre de 1936.

Ese día tres milicianos lo detuvieron en el cortijo. Decepcionados porque ya le habían robado todos sus bienes materiales, lo arrojaron a un coche y lo llevaron a la Higuera de los Muertos en la carretera de Lubrín a Zurgena. Tras recibir varios tiros les dijo: « Que Dios me perdone como yo os perdono. » Allí lo dejaron desangrarse hasta que, por la noche, el carro de las basuras recogió su cuerpo martirizado de sesenta y cinco años.

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florenciolopezegeaEn la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Encarnación de su villa natal fue bautizado, dos días después de su nacimiento. Debido a la falta de recursos de su familia ingresó en el Colegio de san Juan de Almería, pasando después al Seminario de san Indalecio donde estudió con gran aprovechamiento.

Ordenado presbítero en diciembre de 1907, marchó a Macael donde celebró su primera Misa en el altar de la Santísima Virgen del Rosario. Siempre se distinguió por su amor a la Madre de Dios. A este respecto doña Catalina Alarcón, una antigua feligresa, decía que: « Recuerdo todavía las canciones que él mismo componía a la Virgen y que nos enseñaba a todos los chiquillos de entonces en las catequesis que nos daba. Hacía apostolado entre la juventud, siempre estábamos con él. Era un gran devoto de la Virgen. »

El primer año de su ministerio fue Cura Regente de Castro de Filabres, siendo nombrado Párroco de Alcudia de Monteagud en 1909. Tras ocupar los curatos de Fuencaliente y Turre, fue Párroco de Fines en 1915. El veinticinco de enero de 1920 tomó posesión de la Parroquia de la Purísima Concepción de Turre, sirviéndola por más de dieciséis años.

Estallada la Persecución Religiosa trataron de que se marchara a Argentina, pero replicó: « Yo nunca abandonaré a mi rebaño. » Expulsado de la casa rectoral, se refugió en un cortijo que su hermana tenía en el barranco del Negro. Unos milicianos lo detuvieron en la noche del dieciséis de agosto de 1936. Prisionero, marchó con ellos mientras entonaba una de sus canciones a la Virgen: « Salva presurosa al pueblo español. »

Arrastrado hasta la cañada del Conejo de Turre, doña Encarnación Muñoz narra que: « De su martirio sé que le clavaron pinchos de zábila en los ojos. Pretendían que blasfemara, pero él gritaba: “¡Viva Cristo Rey!” Y, en el colmo de sus maldades, le castraron. » Cincuenta y dos años tenía este mariano presbítero en el momento de su martirio.

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juanantoniolopezperezRecibió las aguas bautismales tres días después de nacer en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Carmen de su pueblo. Estudiante en Cantoria primero, ingresó en el Seminario de san Indalecio después.

El veintiocho de mayo de 1904 fue ordenado presbítero, celebrando su primera Misa el último día de mayo en la capilla de la Sagrada Familia de Almería. El Obispo don Santos Zárate lo destinó a la Curia, hasta que una grave enfermedad le privó de uno de sus pulmones y regresó a su pueblo. Allí ejerció el ministerio por más de tres décadas como Adscrito, Coadjutor y Cura Ecónomo.

Cuando llegó la Persecución Religiosa, el presbítero Serrano García escribió que: « El siervo de Dios se esperaba lo que tristemente sucedió. Tres días antes de su muerte consumió las formas consagradas, pues el Santísimo lo pasó de la iglesia a su casa. Además un Crucifijo que le había regalado su madre, se lo regaló a don Luis Reyes, que se iba al frente, y le dijo “Guárdalo, no quiero que lo profanen”. Le aconsejaron que vistiera de paisano porque la sotana era un compromiso, pero no les hizo caso. »

En el quincuagésimo quinto aniversario de su Bautismo, el veintidós de septiembre de 1936, fue detenido e introducido en un coche que se dirigió a Albox. Pararon en la venta del Guarducha y fue martirizado bajo unas higueras. El presbítero Gallego Fábrega escribió: « Uno de sus asesinos confesó que había matado a un santo. Según él, murió de rodillas perdonando, como Cristo a sus verdugos. »

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manuellucasibanezEn la Iglesia Parroquial de san Andrés de su pueblo natal fue bautizado a los tres días de su nacimiento. Su sobrino – nieto, el presbítero don Joaquín Alegrías escribió: « Su hermano mayor Tristán, murió de tifus en el Seminario Mayor de Granada cuando ya estaba próximo a recibir el diaconado. Fue entonces cuando el siervo de Dios ingresó también en el Seminario. ¿Fue aquello una llamada de Dios para ocupar el puesto que su hermano dejó vacío? »

Ordenado presbítero en Granada durante el mes mariano de 1904, el doce de mayo celebró su primera Misa en su pueblo. Sus treinta y dos años de ministerio los dedicó íntegros a las Alpujarras que le vieron nacer. Le fueron encomendadas sucesivamente las coadjutorías de Válor, Padules y Laujar. En todos estos lugares dejó un imborrable testimonio de caridad pastoral.

Desde 1911 fue Párroco de Nuestra Señora de la Encarnación de Fuente Victoria y Cura Encargado de san Juan Bautista de Benecid. Siempre solícito para ayudar en las faenas agrícolas de sus feligreses, era conocido como “el Cura Labrador”. Jamás dejó que faltara pan o aceite en las mesas de su feligresía durante las fiestas navideñas, entregando con gran delicadeza numerosas limosnas de los bienes heredados de sus padres y hermanos.

Al llegar la Persecución Religiosa se cebaron en arrebatarle todas sus pertenencias y llegaron a expulsarlo de su propia casa. El veinticuatro de agosto de 1936 escondió el Santísimo, pues el templo fue destrozado dos días después. Mientras pudo continuó celebrando la Santa Misa en la capilla de las Damas Catequistas de Fuente Victoria. Detenido finalmente, su saludo al entrar en la cárcel de Fondón fue: « Ave María Purísima. »

Liberado a los pocos días, regresó a casa de su hermana y dijo: « Demos gracias a Dios por las horas que nos deja vivir. » Con engaños, fue llevado al barranco de los Caballos el tres de octubre. Fue martirizado a los cincuenta y siete años. Su sobrina, doña Adela Miranda, cuenta que: « Muy devoto de la Virgen de los Ángeles, patrona del pueblo, la invocaba a voces cuando lo mataron. Antes de matarlo sus verdugos quisieron que blasfemara, pero no lo consistió. Entonces lo arrastraron por el suelo, lo torturaron y finalmente lo castraron. »

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antoniomartinezgarciaCon tan sólo un día de vida fue bautizado en la Iglesia Parroquial de san Sebastián de su ciudad natal. Criado en una humilde familia, su vocación le llevó a ingresar en el Seminario de san Indalecio en 1905. Cursó los estudios eclesiásticos con brillantez, llegando a participar en las labores docentes a los seminaristas.

El dieciocho de junio de 1916 fue ordenado presbítero, recibiendo siete días después la coadjutoría de Tabernas. A finales de año fue nombrado Coadjutor de Níjar. Entre los meses de enero a octubre de 1917 fue Cura Ecónomo de Alcudia de Monteagud, regresando después a la coadjutoría de Tabernas. Durante la epidemia de gripe de 1918 atendió a los fieles de Senés, recibiendo la coadjutoría de Gádor en 1919. Ese mismo año retornó a Tabernas como Cura Ecónomo hasta que, en 1920, tomó posesión de la Parroquia de Senés. Finalmente, desde 1927, fue Párroco de Viator.

Muy comprometido con la doctrina social de la Iglesia, fue nombrado socio honorario del Sindicato de Velefique por sus elocuentes mítines. En 1922 fundó un Sindicato y Caja Rural en Senés. Cuando el laicismo republicano le privó de cualquier subsidio, abrió una academia para sustentar a su madrastra y a los dos sobrinos que dependían de su trabajo.

Los milicianos, al comenzar la Persecución Religiosa, no se atrevieron a matarlo por el amor de sus feligreses. Expulsado de Viator, fue acogido en un cortijo cercano. Aunque le ofrecieron esconderse en la sierra, marchó con su familia a Almería. Desde allí fue traído con engaños el dieciséis de septiembre y, tras escupirle en el rostro, martirizado a sus cuarenta y cuatro años en el puente de acceso al pueblo.

Don Francisco Rodríguez cuenta que: « Cuando lo mataron yo oí los tiros, corrió la noticia por el pueblo; acudimos al lugar donde yacía muerto el cuerpo de nuestro Párroco. Cada uno, lo recuerdo como sí lo tuviera presente, iba diciendo los favores que de él había recibido entre lágrimas y sollozos. Era querido por todos. Querían llevarlo a enterrar al cementerio, pero los que habían tramado su muerte lo impidieron. »

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El mismo día de su nacimiento nació a la vida de la gracia por el Santo Bautismo que recibió en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Cabeza del barrio Alto de su granadino pueblo. Muy precoz en la vida espiritual, ingresó en el Colegio de los Carmelitas de Córdoba. Su pobre salud, pues padecía de reumatismo, forzó su salida de la vida consagrada y entró en el Seminario de san Cecilio de Granada en 1922.

El diez de junio de 1933 fue ordenado presbítero en la capilla del Palacio Arzobispal por el Obispo auxiliar don Lino Rodríguez Ruesca. Pocos días después recibió la encomienda pastoral de Cura Regente de Instinción y Encargo de Rágol. Don Gaspar Ros, uno de sus antiguos feligreses refiere que: « El criterio del pueblo entero era que don Andrés era un ángel. No tuvo nunca una mala palabra con nadie. En el pueblo el recuerdo que tenemos, los que le conocimos, es de un hombre santo. »

En la fiesta de la Virgen del Carmen, poco antes de la Persecución Religiosa, marchó a Granada para felicitar a su madre por su onomástico. Angustiada su progenitora por los acontecimientos políticos, trató de retenerlo: « Que las cosas están mal, quédate unos días. » Pero su hijo le respondió resueltamente: « Tengo que estar con mis feligreses el domingo y el día de Santiago. »

Hostigado nada más llegar, pudo dirigir una emocionante misiva a su madre que describía su situación: « Acaba de decirme esta pobre gente a la que compadezco y perdono de todo corazón que si quiero librar mi vida tengo que casarme y si no lo hago que me matarán; y yo, pensando no en esta vida sino en la otra que es la verdadera vida, les he contestado que prefiero que me maten antes de renegar de nuestra Santa Religión. »

De la cárcel fue sacado el veinte de septiembre de 1936 para ser martirizado en un paraje de Terque llamado el Umbrión. Este mártir de la castidad sólo tenía veintisiete años de edad. Ya que los milicianos no pudieron vencerlo, se ensañaron en descuartizar y quemar su casto cuerpo.

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Nació a la vida cristiana en la Iglesia Parroquial de Santiago de su pueblo natal. Su tía Araceli se encargó de su crianza por su pronta orfandad. Honrado y humilde obrero, fue un ejemplo para todo el pueblo por su pureza de vida.

Verdaderamente piadoso y asiduo al culto litúrgico, siempre estaba dispuesto a prestar su ayuda ante cualquier necesidad. Comprometido con su fe cristiana, se afilió a la juventud de Acción Católica para encauzar su afán apostólico.

El veinte de agosto de 1936, durante la Persecución Religiosa, unos milicianos los abordaron en la plaza del pueblo junto al siervo de Dios don José Tapia Díaz. Los amenazaron con matarlos sí no blasfemaban y, como se negaron resueltamente, los arrestaron en una camioneta hasta la cuesta de la rambla de Gérgal. El Siervo de Dios contaba con veintisiete años de edad.

De esta manera narraba el párroco de Terque, don Antonio Martínez Caparrós, lo referido al martirio del Siervo de Dios: «Los milicianos, al regresar de darle muerte, dijeron que habían muerto diciendo “¡Viva Cristo Rey¡”. El día anterior a su muerte, fue a Íllar, donde estaba don Francisco González Garrido, párroco de Terque, para confesarse, pues decía que presentía su muerte. Dicen en el pueblo que era un persona noble, que no tenía maldad, respetuoso que se portaba bien con todos.»

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Hijo de una familia de honrados comerciantes, sus padres lo llevaron a bautizar a la Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol de su pueblo natal. Amante y cariñoso con sus padres, siempre tuvo un carácter alegre y pacífico. Buen estudiante, pronto comenzó a trabajar como escribiente.

Para vivir su testimonio cristiano ingresó en la juventud de Acción Católica. Un amigo de aquella época recordaba: «Como hecho significativo de su vida, digno de destacar, quiero decir que en varias ocasiones él me confesó que le agradaría, y le pedía al Señor, morir mártir de la religión. Y dos o tres días antes de que lo mataran, cuanto ya habían comenzado a fusilar a algunas personas, me volvió a repetir que deseaba que Dios le concediera el deseo.»

Al mes de estallar la Persecución Religiosa, el veinte de mayo de 1936, se encontraba en la plaza de su pueblo con el Siervo de Dios don Enrique Rodríguez Tortosa. Los milicianos hicieron acto de presencia y querían obligarlos a blasfemar. Ante las amenazas de asesinarlos sí se negaban, contestó el Siervo de Dios: «Nada malo me ha hecho el Señor, pues debo darle gracias por tanto bueno como me concede. Por nada puedo ofender al Señor y menos aún blasfemar contra él.»

A sus veintitrés años, lo obligaron a subir a una camioneta y los arrojaron en la cuesta de la rambla de Gérgal. «Dicen que durante el viaje les hablaba a los milicianos, manifestándoles su perdón ante la muerte que sabía próxima. Alguno de los milicianos lo contó después. Murió gritando: “¡Viva Cristo Rey¡”.»

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herminiomotosEsta egregia figura del presbiterio diocesano recibió el Santo Bautismo en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Encarnación de su pueblo natal el día posterior a su nacimiento. Sobresalió en el Seminario de san Indalecio de Almería, centrándose en estudiar las cuestiones sociales según la doctrina eclesial.

Ordenado presbítero el uno de junio de 1901 en Almería, entregó las primicias de su sacerdocio a su pueblo natal como Cura Adscrito. En 1909 fue nombrado Cura Ecónomo de san Sebastián de la ciudad de Almería. Dos años después, al tomar posesión de la Parroquia de Vera se presentó de este modo: « Buscadme donde haya un enfermo que auxiliar, un triste que consolar y un pobre que socorrer. » Una mortífera epidemia probó la verdad de sus palabras, recibiendo la medalla de oro de la Cruz Roja Española y diversos honores municipales.

Párroco – Arcipreste de su pueblo natal desde el dieciséis de mayo de 1912, durante un cuarto de siglo santificó a sus paisanos. Para combatir la pobreza y el desempleo fundó el Sindicato Agrícola Católico y una industria de alpargatería. Con éxito promovió las vocaciones sacerdotales.

En enero de 1936, ante el beato don Diego Ventaja, profetizó: « Caeremos muchos, caerán no sólo los mejores, sino los mejores y los peores. Pero no hay que olvidar las palabras de Jesús a Pedro: “Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”. Vendrá la Persecución a la Iglesia, pero después vendrá el resurgir y un nuevo florecimiento. »

Al comenzar la Persecución Religiosa, el veintitrés de julio, registraron su casa y lo expulsaron del pueblo. Refugiado en el próximo cortijo de Zelaya, declaró: « Yo he ofrecido mi vida por la salvación de mi pueblo. » El siervo de Dios, cayendo nuevamente de rodillas, les contestó: « Pues matadme, yo no puedo más; pero os perdono todo. » Llevado a la dehesa de Alfahuara el trece de octubre, repartió sus pertenencias entre los milicianos y alcanzó el martirio a sus cincuenta y ocho años.

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