LOGO01

Queridos hermanos sacerdotes:

Se llega el día de en el cual, después de su gozosa beatificación el pasado 25 de marzo de este año del Señor de 2017, celebraremos por primera vez la Memoria litúrgica de los Mártires de Almería, el Deán José Álvarez-Benavidez y de la Torre, y compañeros. Será, tal como ha establecido la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos y así figura ya en el Calendario litúrgico para las Iglesias de España, el próximo día 6 de noviembre, Memoria de los Mártires del siglo XX en España.

  1. Memoria del 6 de noviembre: Mártires del siglo XX en Almería

El Calendario litúrgico de la Iglesia diocesana de Almería fue aprobado por la Congregación mencionada el día 2 de agosto de 2012, al cual se agregó la aprobación por la misma Congregación, con fecha del día 30 de abril de 2013, del ordo liturgicus, compuesto por el texto en español del Propio de las Misas y de la Liturgia de las Horas. En el Calendario figuran, en la memoria del día 6 de noviembre, los Beatos Andrés Jiménez Galera, presbítero; José María de la Virgen Dolorosa Álamo Jiménez, religioso; y compañeros mártires. Pues bien, los nuevos Beatos Deán Álvarez-Benavides y de la Torre, y compañeros, juntamente con el Beato Feliciano (Francisco)[1] Martínez Granero, religioso hospitalario, también se celebrarán a partir de su beatificación el pasado día 25 de marzo, en esta fecha del 6 de noviembre, siguiendo lo establecido por la Santa Sede para España. Así, pues, una vez sucedida la Beatificación de los nuevos Beatos mártires, hemos pedido la venia de la Congregación para modificar la titularidad diocesana de la memoria litúrgica, que en adelante y por Decreto de 9 de febrero de 2017 de la misma Congregación, emitido con la autoridad del Papa Francisco (Prot. N. 58/17) rezará del modo siguiente:

«Día 6 de noviembre: José Álvarez-Benavides, presbítero, y compañeros mártires Memoria obligatoria»

Pin It

Alocución del Obispo de Almería

Eminentísimo Sr. Cardenal Legado del Santo Padre Francisco:

Eminencias, Excelencias Reverendísimas, queridos señor Nuncio Apostólico y hermanos en el Episcopado.

Ministro Provincial de los Franciscanos y Director General de los Sacerdotes Operarios

Diocesanos.

Excelentísimas e Ilustrísimas Autoridades civiles y militares.

Queridos sacerdotes, diáconos, religiosas y fieles laicos.

Queridos hermanos y hermanas:

 

Al terminar la santa Misa de la solemnidad de la Anunciación del Señor, titulo de nuestra Catedral y de tantas iglesias parroquiales diocesanas, quiero agradecer la presencia de cuantas personas se han congregado hoy aquí para asistir la Beatificación de los Siervos de Dios José Álvarez Benavides y de la Torre y 114 compañeros mártires, que entregaron generosamente su vida por amor a Dios y a Cristo. Nos ha congregado en torno a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía la memoria martirial de los nuevos beatos, por cuya vida y muerte damos gracias a Dios. Con gozo agradecemos a Dios, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, la glorificación de los nuevos beatos, testigos de Cristo, configurados con el Testigo fiel y veraz por el martirio como el más grande amor, porque «nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13).

El ejemplo de los mártires nos conmueve y el ejemplo de su fe nos estimula; y quisiéramos aprender de ellos que nada se ha de anteponer a Dios, porque sin él todo pierde su verdad y genuino valor. Sólo la existencia de Dios y la revelación de su amor misericordioso por nosotros manifestado en el sacrificio de Cristo, «que fue entregado por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación» (Rom 4,25), es garantía de sentido para el mundo creado y fundamento de la esperanza de la humanidad.

El martirio es el triunfo del amor sobre el odio, la victoria de la justicia de Dios sobre la injusticia de los hombres, sobre el quebrantamiento de sus mandamientos, sobre la violencia fratricida. Los mártires dieron su vida manteniendo su fidelidad a aquel en quien habían creído y en quien habían depositado su esperanza y al que amaban por encima de todo, y hoy la Iglesia los presenta como ejemplo altísimo de amor generoso y perdón que reconcilia y aúna, congregando a cuantos se sienten no sólo impactados, sino atraídos por el valor y la fuerza humanizadora que tiene su testimonio en favor de la verdad hasta la muerte.

Por ellos, don que Dios nos hace, le damos gracias, y con esta acción de gracias a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, quiero daros las gracias al Santo Padre Francisco y a la Congregación para las Causas de los Santos. Señor Cardenal Amato, transmita al Papa nuestra gratitud y los sentimientos de plena comunión de esta Iglesia con el Sucesor de Pedro.

Pin It

Carta pastoral a los presbíteros y diáconos, a las personas de vida consagrada y a todos los fieles laicos con motivo de la Beatificación de los Mártires del siglo XX en Almería

 

I.- LA CAUSA DE LOS MÁRTIRES DEL SIGLO XX EN ALMERÍA

1.- El pasado 7 de noviembre del año en curso de 2016, en el contexto de la Jornada martirial, leíamos en público el listado de los mártires de Almería que van a ser beatificados, una vez que así lo ha decretado el Santo Padre y tras años de estudio de la Causa y pormenorizado examen de la misma. En esta Jornada comenzábamos a dar noticia de la identidad de los mártires de Almería incluidos en la Causa «José Álvarez-Benavides y de la Torre y 114 compañeros muertos en odio a la fe», que serán beatificados en nuestra Iglesia diocesana en fecha ya cercana, apenas terminen los trabajos de preparación y el despliegue de la logística que este hecho extraordinario en la historia contemporánea de nuestra diócesis lleva consigo.

Con fecha del pasado 15 de junio, en la Carta a los diocesanos «El Papa Francisco manda promulgar el “Decreto de martirio” de los mártires de Almería», comunicaba a la Iglesia diocesana que había terminado el recorrido para la Beatificación de la Causa de los Mártires de Almería.

Esta causa tiene su contexto propio en la persecución religiosa que comenzó el año 1934 y se recrudeció de forma crudelísima durante la guerra civil española de 1936 a 1939, y en cuyo origen —como ha quedado reflejado en el así llamado «Congresso Peculiare» de la Congregación de las Causas de los Santos, que examinó la encuesta histórica y el sumario probatorio de los mártires— «se encuentra un profundo odio contra la Iglesia católica»[i].

Pin It

Homilía de las I Vísperas de la Anunciación del Señor

Vigilia de la Beatificación de los Mártires de Almería del siglo XX

Lectura bíblica breve: 1 Jn 1,1-2

Queridos hermanos y hermanas:

El Señor ha querido, en su providencia, que la Beatificación de los mártires de Almería, después del largo proceso de años de estudio y preparación llegara a su término en esta solemnidad del Señor, titular de nuestra Santa Apostólica Iglesia Catedral. El sacrificio de los 95 sacerdotes de la causa que encabeza el Deán del Capítulo de la Catedral aúna en una común confesión de fe, sellada con la sangre, a los presbíteros que fueron inmolados, algunos de ellos eran miembros del Capítulo de esta Catedral de la Encarnación.    

 

Suben a los altares, partícipes de la gloria de Cristo, los ministros del Evangelio que configuraron su vida con la vida de Cristo y su muerte con la suya. Procedían estos sacerdotes mártires de los presbiterios de las diócesis que ocupaban la geografía de la provincia de Almería, cuyos límites geográficos hoy son también límites geográficos de la actual diócesis almeriense. Por razón de la geografía diocesana de la provincia fueron llevados al sacrificio presbíteros de las diócesis de Granada y Guadix; los de esta última diócesis, junto con su Obispo, el Beato Manuel Medina Olmos, unieron su suerte a la de los sacerdotes de Almería y su Obispo, el también Beato Diego Ventaja Milán.

A la glorificación de los dos obispos se suman hoy los presbíteros de esta causa, acompañados por los mártires del laicado católico, procedentes en su mayoría de los movimientos devocionales y apostólicos más pujantes en aquellos años del pasado siglo. Entre ellos, se encontraron dos valerosas mujeres. Una de ellas, Carmen de Adra, que no quiso dejar de ser cooperadora estrecha de la parroquia y de sus obras sociales y apostólicas, defensora de su patrimonio cultural y religioso; y Emilia, de etnia gitana, que aprendió a rezar el rosario en la escuela de María mientras esperaba dar a luz a su hija.

Pin It