Discursos, Alocuciones y otros escritos

Señor Director del Centro de Estudios Eclesiásticos;

Señor Rector y formadores del Seminario Conciliar de San Indalecio;

Queridos profesores y alumnos;

Señoras y señores:

Al intervenir para clausurar este acto académico quiero  comenzar saludando de modo especial y con gran afecto a los profesores que van dejando su docencia por razones de jubilación, como el profesor D. José Ramos Santander, que lleva décadas apoyando con su docencia la labor intelectual y educativa del Seminario Conciliar de Almería. Saludo también a la Asociación de Antiguos Alumnos, algunos de los cuales se han querido hacer presentes en esta ocasión entre nosotros. Gracias de verdad por el apoyo es esta asociación a nuestro Seminario, en el que tantos seglares tuvieron la posibilidad de estudiar en años difíciles. Mi saludo asimismo cordial a la Profa. Dra. Doña Belén Saínz, Catedrática de Derecho de la Universidad de Almería, que ostenta la representación aquí del Rector Magnífico de la Universidad almeriense.

 Permítanme ahora unas breves observaciones a propósito del curso académico 2016-2017que estamos inaugurando, justo cuando estamos a punto de clausurarse el Año Santo Extraordinario de la Misericordia. Con este Año Jubilar el Papa Francisco ha querido espolear la conciencia creyente de los fieles para que reconozcan que el amor de Dios se revela en el perdón y la misericordia divina, y acudan confiados al trono de la gracia y convertidos sientan renovar su vida. En estos años de estudio y preparación para el ejercicio del ministerio pastoral, que está al servicio de la reconciliación y la paz que viene de la cruz del Señor, la Sacramentología constituye un conjunto de materias determinantes de este ministerio, que es preciso que profesores y alumnos ahonden con dedicación para lograr una mejor comprensión del misterio de la gracia redentora y santificadora.

Hago mención de algo que debe ser obvio para todos porque precisamente el año próximo de 2017, que ya se acerca, traerá consigo el quinto centenario de la Reforma protestante. Estamos a cinco siglos de aquella fecha del 31 de octubre de 1517, cuando el monje agustino Martín Lutero dejó clavadas en la puerta de la iglesia del Palacio de Wittenberg las 95 tesis que estaba dispuesta a debatir con quien se atreviera a ello, siguiendo la costumbre universitaria de la época. Aunque algunos expertos dicen que no fue así, este hecho real o simbólico dio comienzo a la Reforma protestante que tan hondamente dividió la Iglesia de Occidente, cuando ya se había producido casi otros quinientos años atrás, en 1054 la escisión de la Iglesia universal separando el Oriente cristiano de la Iglesia latina y de la obediencia al Obispo de Roma y Sucesor de Pedro.

La Iglesia Católica no tiene, por esto mismo, nada que celebrar, pero no puede ignorar tan importante efemérides que Dios nos concede vivir para orar juntos católicos y luteranos, y mutuamente ayudarnos a lograr la deseada y permanente purificación de la Iglesia, la búsqueda sin descanso de la unidad visible de los cristianos, partiendo de lo que nos une, que es mucho más que lo que nos separa. Una unidad visible que no puede ser vista, ciertamente, como conquista nuestra. No será esta unidad visible de la Iglesia logro de nuestro esfuerzo, sino don de Dios, que hemos de recibir con acción de gracias y un corazón convertido a la acción de la gracia.

Es mucho lo que diálogo ecuménico ha logrado en estos cincuenta años transcurridos desde los primeros contactos contemporáneos entre las Confesiones cristianas, movidas por el Vaticano II.  Así llegábamos al acuerdo de Augsburgo, cuando en el umbral del Tercer Milenio se produjo la deseada convergencia entre Luteranos y Católicos sobre la «doctrina de la justificación», que nos había separado durante quinientos años. Con la Declaración común de Augsburgo, firmada por las autoridades eclesiásticas de católicos y luteranos el 31 de octubre de 1999 sobre la justificación, se ha abierto un cauce de aproximación entre la Iglesia Católica y las Comunidades eclesiales de la Federación Luterana Mundial: un cauce que ha venido estimulando el acercamiento doctrinal estos últimos lustros.

Por ello quiero observar que el nuevo curso académico es ocasión propicia para que la comunidad académica del Seminario Conciliar se ocupe de la nueva visión que sobre los sacramentos como cauce de gracia y su comprensión a la luz del acuerdo decisivo de católicos y luteranos sobre la doctrina de la Justificación. En este sentido, creo que es irrenunciable un cultivo de la Teología de honda comprensión ecuménica, que afecta transversalmente a la docencia de todas las materias teológicas del curriculum académico de Teología, pero de manera propia a la Eclesiología y a la Sacramentología.

Asimismo, un bloque temático de especial atención en el nuevo curso será, sin duda alguna, el conjunto de temas que dimanan del magisterio pontificio del Papa Francisco sobre el misterio del amor humano y la Teología y Pastoral del matrimonio y de la familia. Se hace preciso prestar la debida atención a las enseñanzas del magisterio eclesiástico sobre la materia, teniendo ahora presente el largo proceso de las dos asambleas sinodales, con importantes reflexiones y debates que han precedido y llevado a la Exhortación apostólica postsinodal  «Amoris laetitia», del pasado 19 de marzo de 2016, entregada a la Iglesia por el Papa Francisco. Con este fin, el Centro de Estudios Eclesiásticos programa las conferencias de la «Catedra de Teología de Santo Tomás», como acercamiento y explanación doctrinal y canónica de tan importante exhortación apostólica y de su alcance pastoral.

Núcleo asimismo importante de atención necesaria durante el desarrollo del nuevo curso que comienza es la Mariología. El Santo Padre, mediante la Penitenciaría Apostólica ha concedido a la Iglesia particular de Almería el «Año Jubilar del Saliente», con motivo de cumplirse los 300 años desde que se tallara la sagrada imagen de la Virgen Nuestra Señora de los Desamparados y del Buen Retiro. La Virgen del Saliente es objeto de devoción mariana bien amada por los fieles de nuestra Iglesia, y también de las tierras extra provinciales colindantes con la extensa y accidentada comarca almeriense del Almanzora, tan rica por su geología geología como por sus tradiciones culturales y religiosas. El Decreto Apostólico quiere que este nuevo Año Jubilar prolongue el Año Santo de la Misericordia y que los fieles lucren la Indulgencia Plenaria ahondando el mensaje de salvación de Cristo, cuyo núcleo es la misericordia divina.

La gratuidad de esta misericordia alcanza en María, figura del discípulo y de la comunidad eclesial, aquella expresión consumada que Dios nos ofrece como triunfo definitivo de la gracia. La mariología, inseparable de la cristología ayudará ampliamente a los candidatos al ministerio a una más ajustada comprensión de la acción gratuita de Dios en el corazón del hombre que ilumina la piedad popular.

No será menos importante prestar la atención debida a la versión española de la Editio tertia emmendata del Misal Romano, recién aparecido en español y tras largos  de estudio y traducción. La Sagrada Liturgia, en efecto, requiere una atención particular en la Iglesia. La celebración de la santa Misa ha estado expuesta en ocasiones a la manipulación al servicio de ideologías que por su orientación a la transformación de las realidades económicas de la sociedad, incidían de forma espuria sobre la teología y praxis litúrgica de la Misa. Después de años con dificultades notables para regularizar la celebración de la Misa y de los demás sacramentos conforme a la mente del Concilio, la Liturgia requiere un fortalecimiento teorético y, al mismo tiempo, práctico en la formación intelectual y pastoral de los seminaristas.

Estas son algunas referencias que he creído oportuno recordar, con ánimo de que estas materias encuentren un desarrollo cada vez más ajustado a las necesidades de formación tanto de los seminaristas como de los sacerdotes, ya que la Formación permanente del Clero entra también en  juego cada curso pastoral. Cosa que sucede gracias a la prolongación de la acción benéfica de esta «Academia Theologica», que es la formación continuada de los sacerdotes,  en la más idónea preparación de los fieles que colaboran con el ministerio pastoral en la Iglesia, tal como desde 1988 quedó dicho por el Papa san Juan Pablo II, en la Exhortación apostólica Christifideles laici, y como así lo hemos recogido en los planes pastorales diocesanos.

Sólo me queda agradecer al profesorado el esfuerzo que realiza, pero animando al mismo tiempo a todo el cuerpo de profesores a servirse de los medios de que disponemos, que se concretan en la mejora de la ordenación del plan de estudios, de los fondos de la Biblioteca Diocesana y de las instalaciones. Estas últimas recibieron el pasado curso académico un importante adelanto con los nuevos espacios para los servicios de Biblioteca y publicaciones, y la nueva sala de profesores. El mejor ajuste el plan de estudios requiere siempre tiempo y forma, por eso debe ser respetado por todos, profesores y alumnos, sin que nadie esté autorizado a actuar a su margen. Es, además, deseo nuestro que el nuevo curso académico transcurra todo el dentro del marco trazado por Bolonia, pero sin maximalismos que la experiencia acredita como faltos de realismo; y en espera de que dicho plan académico encuentre su complemento adecuado en la nueva Ratio institutionis sacerdotalis que la se viene preparando en la Santa Sede estos últimos años y que parece está a punto de ser dada a conocer.  

Animo asimismo a los seminaristas del Centro de Estudios Eclesiásticos a no cejar en el empeño, y a procurar poner de su parte dedicación ilusionada al estudio, sin el cual no es posible adquirir la formación intelectual y pastoral que requiere el ejercicio del ministerio sacerdotal para el que se preparan. Una dedicación que ha de ir acompasada al ritmo de la maduración humana y espiritual, a cuyo servicio está el Seminario. Está en juego el ministerio pastoral, a la altura del momento histórico y de la cultura de nuestra sociedad, que un día están llamados a desempeñar los seminaristas de hoy. Un ministerio pastoral al cual han de dedicar su vida los nuevos sacerdotes, en beneficio del pueblo fiel y de la nueva evangelización de la sociedad que vienen propugnando los últimos Papas.

Con estas metas y esperanzas inauguramos hoy el nuevo curso académico. Queda inaugurado el curso de 2016/2017.

Almería, a 10 de octubre de 2016

                                            X Adolfo González Montes

                                                   Obispo de Almería

                                                Presidente-Moderador

  del Centro de Estudios Eclesiásticos

                                                                                                         

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Queridos diocesanos:

En esta procesión de alabanzas a nuestra Patrona, Nuestra Señora la Virgen del Mar, hemos querido sacar a la calle su sagrada imagen y en este desfile procesional acercarla al pueblo fiel que con tanto amor venera y rodea con su piedad y cariño esta efigie venerable de la Virgen María, Madre de Cristo y Madre de la Iglesia.

Que la Virgen salga para recibir este tributo de amor que le ofrendan tantos miles de hijos es expresión de la fe cristiana de los moradores de esta noble ciudad y de estas tierras abiertas al Mar Mediterráneo y a las gentes que llegan por él. Los católicos no estamos solos en esta porfía de amor a María, también otros cristianos tributan este mismo amor a la mujer que legítimamente invocamos todos los bautizados como Madre de Dios, por ser la madre del Hijo de Dios, Jesucristo nuestro Señor. También desde fuera de la Iglesia se contempla con admirada veneración y respeto la imagen de María, la humilde mujer de Nazaret, esposa de José y madre de Jesús, la sagrada Familia de Jesús, María y José, que con su vida ejemplar de comunión en el amor nos ayuda y estimula nuestro amor por el matrimonio y la familia, patrimonio espiritual de la civilización humana, santuario de la vida y célula básica de la sociedad, comunidad fundamental de personas, iglesia doméstica imagen de la comunidad eclesial.

Por eso, esta tarde queremos renovar nuestro amor por la Madre espiritual de los discípulos de Jesús, y sintiendo su amparo espiritual, nos dirigimos a la santísima Virgen María y con fervorosa piedad le presentamos la plegaria que brota de nuestros corazones cristianos, pidiéndole por la salud y estabilidad de todas las familias:

«Virgen y Madre, Santa María del Mar, escucha en esta tarde nuestra oración por las familias, para que crezca el amor de los esposos y fructifique en el amor de los hijos, escuela de convivencia y de paz social, escuela de comunión eclesial. Ayúdanos a comprender que la familia es creación divina, comunidad de amor donde se aprende a crecer en el amor y a entender la vida como concordia y convivencia fraterna entre los seres humanos, miembros todos de la gran familia de Dios.

Sostén a los esposos con tu maternal intercesión ante tu divino Hijo, y como hiciste con los jóvenes esposos de Caná, acude en socorro de los esposos que se hallan en dificultad, al borde de la ruptura o alejados de aquel anhelo de felicidad que los llevó al matrimonio. Ayúdales a renovar su amor recíproco.  Que los jóvenes lleguen a comprender que la gran aventura del amor humano es proyecto divino que no se puede vivir de espaldas a Dios y a su ley, que amor se aprende en la escuela doméstica del amor recíproco de padres e hijos.

Que el deseo de bienestar estimule a los responsables de la vida pública a poner los medios materiales y morales a su alcance que hagan posible el trabajo necesario para una vida con dignidad, superando los egoísmos e intereses de diverso orden, tantas veces disimulados y cubiertos de aparente interés general, pero que soslayan y marginan el interés común de la sociedad.

Te encomendamos a los jóvenes sin trabajo, a los que han decidido buscarlo, no sin dificultades, lejos de su hogar. Te pedimos a ti, Madre solícita de todos tus hijos, sobre todo de los que se abren a la vida con esperanzada ilusión como los jóvenes, que inspires en sus formadores la orientación responsable que los abra a una solidaria integración en la sociedad mediante el saber y el trabajo, el desarrollo de las virtudes cristianas y el aprecio de los valores morales, y sentimientos de misericordia con aquellos que yerran y necesitan amparo y perdón para volver a intentarlo.

Recaba de tu amado Hijo, Señor y Pastor de nuestras almas, que la fe ilumine la vida de nuestra sociedad, tentada a olvidarse de Dios y del Evangelio de Cristo. Tú que concebiste a Jesús por obra del Espíritu Santo, ayúdanos a vivir movidos por este mismo Espíritu que procede el Padre y que por Jesucristo ha sido ha derramado sobre nosotros, para que conozcamos y le amemos a Dios misericordioso, que por amor nos ha creado y nos ha redimido.

Al pedirte en esta hora por las familias y por los jóvenes, te pedimos por el futuro de nuestra sociedad y de la Iglesia. Ponemos Dios nuestra esperanza de permanecer cristianos y con tu ayuda ser capaces de llevar el Evangelio a los hombres y mujeres de nuestro tiempo que se alejan de tu regazo. Nos ponemos bajo tu protección maternal, porque sólo queremos, Señora y Reina, que nos protejas, tu amor, Señora, tu bendición. Contigo, Estrella de los Mares, suplicamos de Dios por Jesucristo, permanecer en la fe que hemos recibido de nuestros mayores y transmitirla con acierto a las nuevas generaciones. Amén».

Almería, Plaza Circular

28 de agosto de 2016

                                   X Adolfo Gonzáles Montes

                           

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Queridos religiosos y religiosas:

Me dirijo en especial a vosotras, queridas religiosas, ya que este encuentro es fundamentalmente con las religiosas, al cual se suman algunos religiosos presbíteros y hermanos profesos. Los religiosos presbíteros están invitados al encuentro de todo el Clero con el Obispo y los religiosos no sacerdotes son escasos en nuestra Iglesia diocesana.

Saludo  a todos con afecto y respondo a la felicitación que habéis querido expresar los diversos grupos de vida consagrada mediante el representante de cada uno de ellos. Respondo a todos con mi felicitación que extiendo también a todos los religiosos y religiosas de nuestra diócesis: a los que pertenecéis a comunidades agrupadas en Confer y los que no lo están, los que son de estas tierras y los venidos a fuera destinados a las casas de Almería para ayudarnos y vivir aquí entre nosotros vuestro carisma, una vida  en religión y de consagración al servicio de esta Iglesia diocesana.

Saludo a las diversas sociedades de vida apostólica y también a los institutos laicales de vida consagrada, a los miembros de los institutos agrupados en Cedis, que os habéis querido sumar, como en años anteriores, a esta felicitación navideña.

Estamos caminando hacia el final del Año de la Vida consagrada, que ha querido conmemorar los cincuenta años del Decreto sobre la adecuada renovación de la vida religiosa Perfectae Caritatis, del Vaticano II. Este aniversario eclesial se cumplían el pasado 28 de octubre, ya que en esta fecha fue aprobado por los Padres conciliares en 1965.

Este año dedicado a la vida consagrada viene siendo un año rico en iniciativas; y justamente terminará en poco tiempo, cuando nos encontramos ya inmersos en el Año Santo de la Misericordia. Este Jubileo Extraordinario, convocado por el Papa Francisco para toda la Iglesia, viene acompañado por el  Año Jubilar Dominicano, concedido por la Penitenciaría Apostólica para celebrar los ochocientos años de la aprobación de las Constituciones de la Orden de Predicadores por el Papa Honorio III. Con ello, podemos decir que gozamos de un cúmulo de gracias que responden a la generosidad de Dios para con nosotros, en un tiempo particularmente oportuno para estimular y promover el carisma religioso y de consagración de vida entre los bautizados. Hemos de hacer cuanto esté en nuestras manos para que, por medio de los religiosos y religiosas, y también de las demás personas de vida consagrada, el pueblo de Dios y la sociedad en general perciban en la vivencia de los diversos carismas un signo de la salvación que Dios ofrece, a la Iglesia y al mundo, mediante la vida de consagración de tantos hijos de la Iglesia.

En la Carta que el Santo Padre dirigía a todas las personas de vida consagrada, convocando este año de gracia, os decía el Papa con relación a esta efeméride eclesial que justificaba este Jubileo de los religiosos, es decir, el quincuagésimo aniversario de la aprobación del Decreto conciliar sobre la renovación de la vida religiosa: «Gracias al Concilio, la vida consagrada ha puesto en marcha un fructífero proceso de renovación, con sus luces y sombras, ha sido un tiempo de gracia, marcado por la presencia del Espíritu»[2]. Es el mismo santo Papa el que propone el modo de proceder en una situación de crisis vocacional en los países occidentales de tradición cristiana, donde han disminuido las vocaciones de forma significativa, indicando que, juntamente con la oración por las vocaciones «es urgente esforzase mediante el anuncio explícito y la catequesis adecuada, por favorecer en los llamados a la vida consagrada la respuesta libre, peo pronta y generosa, que hace operante la gracia de la vocación»[4].

Quiera el Señor preservar la vida comunitaria de vuestra pequeñas comunidades y la vida de las comunidades conventuales de clausura, recinto donde la vida trinitaria encuentra realización temporal, como un anticipo de aquello que esperamos. En el año que termina hemos celebrado el V Centenario de las Concepcionistas Franciscanas el 9 junio. Estas monjas de clausura llevan quinientos años habitando el Monasterio de la Purísima Concepción. Desaparecido hace ya quince años el monasterio de Concepcionistas de Vélez Blanco, sólo ellas con las Clarisas son  monasterios autónomos en nuestra diócesis, a las que hay que sumar la casa conventual de las Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada. Las tenemos muy presente en este encuentro y sentimos su presencia espiritual con nosotros.

Ojalá que este año dedicado a la vida consagrada termine con el enriquecimiento de vuestras comunidades, abiertas, como quiere el Papa, a proyectos de convergencia y común empeño, que ayudarán a toda la Iglesia a seguir mejor el camino de la santidad y a llevar a cabo formas de practicar la caridad cristiana que estimulen las vocaciones que necesitamos. Damos gracias a Dios porque nos ha bendecido con la llegada de una nueva comunidad de Religiosas Misioneras Agustinas  Recoletas, para incorporarse y colaborar con el complejo educativo del Seminario Conciliar y del Colegio Diocesano de San Ildefonso.

Os deseo unas felices y santas Navidades, llenas de gozo espiritual, de alegría que brota de la fe porque hemos conocido el amor que Dios nos ha tenido dándonos a su propio Hijo. Que la Virgen madre y san José intercedan por todos los religiosos y religiosas y por todas las personas de vida de especial consagración en la Iglesia. Os bendigo de todo corazón.

Almería, a 19 de diciembre de 2015.

                                                     X Adolfo González Montes

                                                              Obispo de Almería


[2] San Juan Pablo II, Exhortación apostólica  postsinodal sobre la vida consagrada y su misión en la Iglesia y en el mundo Vita consecrata [VC] (25 marzo 1996), n.64a.

[4] Francisco, Carta a los consagrados, n. 2.

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Hermanos y hermanas: sacerdotes, miembros de las comunidades religiosa, cofradías y diversos apostolados, fieles que con vuestros párrocos habéis tomado parte junto al Obispo y al Cabildo en esta procesión de alabanzas al Santísimo Sacramento, en la que han querido participar también las Autoridades, amparando así la secular tradición del pueblo cristiano.

En este Año Santo de la Misericordia, Dios que sale al encuentro del hombre en Jesucristo nos invita a acercarnos con plena confianza en su amor misericordioso. Lo hacemos convencidos de que, si en el mundo ha abundado el pecado, más abundante ha sido la gracia de Dios (cf. Rom 5,20). Esta mañana, en la Misa estacional recordaba las palabras de san Agustín que acentúa el carácter de la Eucaristía como sacramento de la unidad del cuerpo místico de Cristo que formamos todos los bautizados congregados en la Iglesia: «Los muchos somos un único pan, un único cuerpo [cf. 1 Cor 10,17]. ¡Oh sacramento de piedad! ¡O signo de unidad! ¡Oh vínculo de caridad! Quien quiere vivir, tiene dónde vivir, tiene de qué vivir. Acérquese, crea, incorpórese para ser vivificado» (San Agustín, Comm. in Ioan. ev., 26,13).

La Eucaristía es, en verdad, el gran sacramento de la unidad de la Iglesia, porque en este sacramento de amor Dios mantiene su designio permanente de salvar al mundo por medio de la entrega de Jesús por nosotros, para arrancarnos de las consecuencias del pecado; porque el pecado llevaría el mundo a la muerte si Dios no hubiera tenido misericordia de nosotros. No podemos vivir sin Dios, porque sin Dios el mundo está abocado a la muerte. No me cansaré de repetir que los cielos sin Dios no existen, que el hombre por sí sólo no puede construir el cielo, que Dios lo da como don y regalo a los humildes y a los que lo esperan de su misericordia. Dios ama el mundo y quiere la plena felicidad del hombre, pero el ser humano tiene que tener conciencia de que necesita a Dios. La Iglesia ofrece a Dios al mundo, lo ofrece presente en la Eucaristía entregando a su propio Hijo para que el mundo tenga vida.

Hoy es la Jornada de la Caridad cristiana, que intenta paliar las necesidades más urgentes, las que no pueden esperar a que se instale en la sociedad una  justicia plena que supuestamente elimine la caridad. Jesús mismo nos advirtió que siempre tendremos pobres con nosotros (cf. Mc 14,7), y nuestra justicia nunca será una justicia total, porque somos humanos y tenemos pecado, y no podemos construir por nosotros mismos el reino de los cielos. Salgamos al encuentro de los que nos necesitan prolongando en los bienes materiales que hemos de repartir y proporcionar a los que carecen de ellos el bien espiritual que Dios nos entrega, y que es su amistad y su propia vida, la que nos entregó el Hijo de Dios Jesucristo subiendo al madero de la cruz por nosotros.

Hemos de hacer el mayor esfuerzo que nos sea posible para abrir las puertas de nuestro corazón a Cristo dejando entrar por ellas a nuestro prójimo, a los hermanos más necesitados: los que carecen de todo: de patria y de casa, de trabajo y salud; los que no encuentran unos brazos abiertos para arrojarse en ellos y sentir que son amados; los que no tienen delante una mano tendida que les impida hundirse en la desesperanza, mientras huyen de la muerte y de la extrema miseria.

A veces es difícil compartir, por eso la Eucaristía nos ofrece una vez más la lección del amor de Dios, de la generosidad que nos dejó en ella Jesucristo: «el cual, que siendo rico, por vosotros se hizo pobre, a fin de enriqueceros con su pobreza» (2 Cor 8,9). Lo comprenderemos mejor cuanto más contemplemos el misterio de la Eucaristía y más participemos de ella. El donde la Eucaristía no es un derecho que podamos exigir, porque es fruto de la generosidad de Cristo Jesús. Hemos de recibirla como don que es y valorar su dignidad, adorando en ella el misterio del amor de Dios. Cuántas veces es recibida sin arrepentimiento del pecado y sin preparación, ofendiendo el amor de Dios. ¡Cuántas veces es indignamente tratada, cuántas veces blasfemada! No sólo por cuantos cometen el crimen despreciable de atentar contra las formas consagradas y reservadas como viático de vida eterna en el sagrario, y por cuantos reciben la sagrada Comunión de forma indigna, sino también por cuantos separan el culto que dicen tributarle del amor que deben al prójimo con quien Jesús sacramentado se identifica.

Esta mañana recordaba en la homilía de la Misa que el don de la Eucaristía lo recibe la comunidad cristiana por medio de los apóstoles y de sus sucesores. Nos llega de manos del sacerdote, que es quien por voluntad de Cristo confecciona la Eucaristía en cada celebración de la Misa. Pidamos, por tanto, los sacerdotes necesarios, que sirvan con santidad de vida el culto eucarístico, y nos ofrezcan el pan que nos da la vida divina. Pidamos que el Espíritu Santo fortalezca en nosotros la fe eucarística, porque una comunidad cristiana muere si le falta la fe en la Eucaristía. Pidámoselo a la Virgen Madre, la mujer eucarística por quien nos vino el Autor de la vida a quien ella ofreció su humanidad para que hecho carne de nuestra carne, el Verbo tuviera un cuerpo como el nuestro y pudiera prolongarlo hasta nosotros hecho Eucaristía. Que ella nos lo alcance.

¡Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar! Sea por siempre bendito y  alabado. Amén.

Plaza de la catedral

Corpus Christi

Domingo 29 de mayo de 2016

                                           

X Adolfo González Montes

    Obispo de Almería

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Ilustrísimos Señores Vicario general y Vicarios episcopales

Queridos hermanos sacerdotes y diáconos:

Respuesta a la felicitación

         Gracias, querido señor Vicario episcopal para el Clero, por las palabras de felicitación que acaba de pronunciar en nombre de todo el Clero diocesano. Permítanme unas palabras de agradecimiento y, al tiempo que felicito, a mi vez, a todos los sacerdotes y diáconos de la diócesis; y que exponga, como vengo haciendo todos los años, algunas reflexiones sobre el año que termina.

Contemplar el amor hecho carne

La Navidad llena de gozo nuestros corazones al contemplar el amor Dios en nuestra carne. La encarnación del Verbo y su nacimiento en nuestra carne en Belén ha inspirado hondamente la historia de las naciones cristianas, dando lugar a una cultura de la dignidad de la persona que la mentalidad actual puede poner en peligro. Será así si las sociedades que han conocido la encarnación del Hijo de Dios no vencen la tendencia persistente a vivir de hecho como si Dios no existiera, y como si Jesús no hubiera nacido en Belén para traernos la salvación. La Iglesia está llamada a mantener vivo el anuncio del Evangelio de Cristo, a ahondar en él, a proponerlo una y otra vez a quienes lo han escuchado; y a llevarlo a cuantos aún no han  oído la buena noticia de la salvación. La Iglesia es misionera, como viene insistiendo el Papa desde el comienzo de su pontificado romano, poniendo gran énfasis en la misión de la Iglesia, que consiste en anunciar a Cristo.

La misión de la Iglesia es, en efecto, llevar a los hombres de todos los tiempos el anuncio de Jesucristo. Esta misión, como dice el Papa Francisco en la Exhortación Evangelii gaudium, renovada una y otra vez «ofrece a los creyentes, también a los tibios o no practicantes, una nueva alegría en la fe y una fecundidad evangelizadora»[2].

En la diócesis, en efecto, hemos dedicado los últimos cursos pastorales a la evangelización y, en este mismo contexto, a la iniciación cristiana como problema y tarea, contenido de la acción evangelizadora de la Iglesia. La Iglesia diocesana se ha movido en estos años motivada y orientada por el Plan pastoral «Evangelizar para que crean»[4]. Una carta complementaria que incorpora las orientaciones del Papa Francisco a partir de la Evangelii gaudium, y que espero ayude a poner en práctica los objetivos que nos hemos propuesto.

Proponer y ahondar en el kérygma

Me parece de particular interés que pongamos la mayor atención en las orientaciones del Papa sobre la perduración y vigencia del anuncio, de la permanente propuesta del kérygma, que nunca acabamos de profundizar y comprender en su alcance, porque su contenido es justamente el misterio pascual. En él se revela el amor de Dios al mundo, cuya riqueza es inexhaurible. La «dulce y confortadora alegría de evangelizar»[6]. Es necesario que se lea con atención, se reflexione sobre su contenido y se aplique. Permítanme que reitere una vez más que una de las dificultades pastorales con las que tropieza una verdadera pastoral de conjunto —para usar la conocida expresión en boga desde los años cincuenta del pasado siglo— es la falta de lectura y aplicación por parte de un importante sector del clero del magisterio de los obispos.

La catequesis para la transmisión de la fe

También conocen bien la insistencia con que he sostenido que la transmisión de la fe a las nuevas generaciones depende de la catequesis, de la formación y educación en la fe de la infancia y de la adolescencia; y que ningún presbítero, y los diáconos en la parte que les corresponde, pueden dar por atendida con delegarla en los catequistas. Es a ellos a quienes corresponde programar, orientar y vigilar la catequesis en sus comunidades parroquiales, y también llevarla a cabo según el programa, porque el sacerdote es el primer catequista de su parroquia y el responsable de su ordenación y desarrollo. Sería una gran irresponsabilidad por nuestra parte, queridos sacerdotes, que vosotros y yo mismo, como primer responsable que soy de la catequesis en la diócesis, no hiciéramos de la catequesis ámbito de nuestra acción pastoral, confiándola a la colaboración de los catequistas sin nosotros.

La catequesis ha pasado una crisis en décadas, que creemos ya superada pero que arrastramos todavía, de la que sólo con gran esfuerzo se viene recuperando, sin que hoy podamos contar con las personas con las que  contábamos antes, sabiendo como sabemos que nos faltan verdaderos catequistas, aunque los haya en minoría y muy buenos. Por la importancia de la catequesis en la acción evangelizadora de la Iglesia afrontamos los Obispos del Sur la iniciación cristiana que nos llevó a elaborar la Instrucción pastoral «Renacidos del agua y del Espíritu»[8].

El Plan pastoral de los Obispos para el cuatrienio 2016-2020

Conscientes de que el Plan pastoral de la Conferencia Episcopal[10]; y continúa, trayendo en apoyo de lo que dice la reflexión y el magisterio del beato Pablo VI: «En el fondo es una “sensibilidad espiritual para leer en los acontecimientos el mensaje de Dios”[12].

Los trazos negativos que describen la situación de nuestra sociología religiosa enumerados son los siguientes: poca valoración de la religión y una comprensión de la aconfesionalidad del Estado como secularización de la sociedad y privatización de la religión, exaltación de la libertad e individualismo; predominio de una cultura secularista, sin que los grandes problemas (natalidad, aborto, educación, paro, jóvenes generaciones) sean iluminados por la doctrina social de la Iglesia ni tengan en la fe una fuente de inspiración para su solución en la conciencia ciudadana. A ello se añade el fácil corrimiento del subjetivismo individualista al relativismo moral, que se produce cuando faltan los criterios morales objetivos; y la génesis y desarrollo de una cultura del “todo vale”.

Frente a esta situación, que decimos es objetiva y que no se puede ignorar para aminorar la negatividad que comporta, la descripción constata con satisfacción y esperanza un conjunto de trazos y logros positivos, de los cuales da cuenta, por su importancia para la nueva propuesta de evangelización. Es decir, con la constatación de los trazos negativos no sólo no pretende el análisis de los obispos ignorar las conquistas sociales y el progreso social, el avance de la ciencia y de la técnica ni tampoco los logros de bien estar y solidaridad con los carecen de él, porque son realidades obvias. El Plan se detiene además en poner de relieve valores morales indudables, distanciándose de los “profetas de calamidades”, para decirlo con expresión conocida de san Juan XIII en la hora histórica de poner en marcha el Concilio. Se pone de manifiesto el sentido de la responsabilidad de los agentes pastorales para poner en marcha la nueva acción evangelizadora y pastoral de los obispos y las orientaciones del magisterio pontificio. La descripción constata la vida de las parroquias y movimientos, el protagonismo de los grupos más vivos e influyentes, la voluntad testimonial de tantos cristianos y la generosa y amplia acción fraterna y solidaria que desarrolla la caridad en la Iglesias diocesanas.

Llamada a la conversión

Sobre este fondo, en negativo y en positivo, quieren poner de manifiesto que llamar a la conversión es tarea de evangelización. Porque hay realidades negativas, la conversión es un imperativo y los pastores tienen que llamar a la conversión con audacia. El Papa viene dedicando gran atención al sacramento de la Penitencia, invitando con el ejemplo, visible a los medios de comunicación, a acudir a la confesión como medio de acomodación a la Palabra de Dios y resultado del examen y discernimiento que requiere la victoria sobre el mal y el propósito del bien. Se trata del cambio que se ha de pretender en un tiempo en el que se postula una y otra vez la necesidad de lograr una regeneración de la sociedad. No habrá verdadera regeneración social sin el cambio que Dios propone, que es lo mejor para el hombre, porque es cambio, mediante el cual es preciso abandonar el error culpable, la mentira y las concupiscencias del poder, la avaricia y la lujuria, que están en el origen del crimen, el terror, las guerras y una cultura de la muerte. Se trata de dar cauce a una conversión para dar cabida a la bondad y la justicia, la liberación de toda esclavitud y la reconstrucción de la conciencia moral.

Razones para la esperanza

No podemos sucumbir al tenebrismo con que algunos describen la situación. Los obispos son realistas y esperanzados, y el Plan que proponen es realista y esperanzado. Hay razones para la esperanza, primero, porque creemos en Dios y en la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, porque en la Iglesia hay regeneración de personas y grupos eclesiales que se movilizan por el reino de Dios y trabajan por la regeneración del ser humano. Hay, como siempre ha habido, cristianos empeñados en el logro de la dignidad y el respeto a los derechos de las personas. Hay cristianos que defienden una ecología integral y, con ella, el respeto de la vida como bien principal a salvaguardar, la vida de los seres vivos, razonablemente custodiada sin fundamentalismos de nuevo cuño; y la vida, sobre todo y primero, de las personas más débiles y amenazadas de exclusión, marginación y muerte. Razones para la esperanza que no excluyen un realismo objetivo, al mismo tiempo que propician la confianza en la acción del Espíritu Santo en la Iglesia y en la sociedad. El Espíritu Santo es el principal y verdadero protagonista de la vida de la Iglesia, porque Dios no abandona a su Iglesia, y Jesús así se lo prometió a Pedro. En esta brecha de actuación hemos de mantenernos fieles a la misión recibida, siendo verdaderos «testigos de la misericordia de Dios». Donde hay desilusión sobreabunda la esperanza.

Algunas propuestas pastorales

Con este análisis y criterios de acción se afrontan en el Plan un conjunto de propuestas pastorales articuladas en cuatro años: anunciar el reino de Dios en y desde la Iglesia, siendo en ella fermento del reino de Dios  anunciado que ha sido en Cristo revelado y ha acontecido en su persona y misión.

1º. La Iglesia es signo y sacramento del reino de Dios, como sacramento de salvación, por eso la Conferencia Episcopal se propone revisar durante el año 2016 cuanto hace y desarrolla a la luz de la conversión pastoral, poniendo sus propios organismos en estado de revisión y misión, a los 50 años de su constitución tras la clausura del Concilio. Se celebrará un gran congreso internacional sobre las dimensiones teológica, canónica y pastoral de las Conferencias episcopales. Es objetivo abarcador de este primer año levantar acta del estado de cosas en la Iglesia y en la sociedad, objetivando cambios necesarios y modos de lograr los efectos deseados de una verdadera evangelización que afronte el diagnóstico de la sociedad y la Iglesia.

2º. Vivir la koinonía, es decir vivir en comunión el ejercicio de la corresponsabilidad eclesial al servicio de la evangelización. Se trata de un objetivo en el que se pondrá énfasis especial durante 2017, año en el que se  promoverá el espíritu de comunión que alimenta las acciones de la fraternidad y la caridad desde la misericordia. Esto nos ayudará siempre a vivir con entusiasmo la belleza de la fe y transmitir la alegría del Evangelio. La Conferencia Episcopal propone a todos la vocación a la santidad y las vocaciones de particular consagración: la vocación al ministerio sacerdotal y la vocación a la vida consagrada. Subraya el Plan la importancia de la pastoral juvenil. Todas estas acciones son abarcadas por el objetivo de la propuesta que la alberga: lograr que la Iglesia entre en estado permanente de misión.

3º. Se ponen en el Plan un conjunto de acciones centradas en el kérygma, en el anuncio de la Palabra de Dios, que se pretenden atender como programa de 2018. Se trata de lograr propuestas adecuadas de evangelización para los próximos años con atención preferente a los mismos agentes pastorales y a su formación permanente, fortaleciendo la identidad sacerdotal y definiendo lo mejor posible la manera de realizar la propia misión y cultivar la espiritualidad propia. Se atiende a la catequesis, la enseñanza de la religión, la promoción de los círculos sobre la Biblia, acompañados de la difusión de los nuevos volúmenes del leccionario del Misal Romano,  y la difusión de la versión española de la Biblia de la Conferencia que ha servido para su elaboración. Entre los diversos escenarios de los que se viene hablando a propósito de la promoción de la nueva evangelización, se propone el “atrio de los gentiles”, del cual se han llevado a cabo en distintos lugares distintas iniciativas. El Plan pastoral exhorta además la oportunidad de servirse de las muchas Jornadas que jalonan el año litúrgico, como contribución a la mejor formación de los agentes de la evangelización y de la acción apostólica y pastoral.

4º. Es de primera importancia lograr una celebración de la sagrada liturgia acorde con la mente de la Iglesia. Como objetivo propuesto para 2019, se exhorta a poner el mayor interés en promover «una más auténtica celebración de la liturgia, fructuosa y activa participación de los fieles cristianos en las celebraciones litúrgicas»[14]. Se ha de prestar la atención que reclaman los sacramentos de la Penitencia y de la Unción de enfermos; volver sobre nuestro compromiso con la piedad popular, purificando sus deficiencias y promoviendo aquello que ayude al anuncio de Jesucristo a cuantos se interesan por la piedad popular y el patrimonio cultural al que ha dado lugar. Prestar la atención a la preparación del Matrimonio y la celebración del sacramento aplicando las enseñanzas del magisterio y la experiencia de los sínodos sobre la familia. Es importante que los delegados y directores de secretariados aprovechen las jornadas correspondientes.

5º. El año 2020 estará particularmente dedicado a potenciar la diaconía de la Iglesia, a la vivencia de la caridad cristiana poniendo como objetivo el amor fraterno como testimonio de Cristo. Entre otras acciones consideramos importante volver sobre la Doctrina Social de la Iglesia y promover su conocimiento y aplicación, incorporando las enseñanzas de la Carta encíclica Laudato sí’ del Papa Francisco. Afrontar con acierto pastoral el proceso migratorio y promover la evangelización de los migrantes. Conviene tener en cuenta cuanto se programe para una pastoral acertada de migrantes desde la misma Conferencia Episcopal. Tenemos gran interés en promover también este año 2020 las peregrinaciones diocesanas a Santiago de Compostela, para suplicar a Santiago Apóstol, Patrón de España, el coraje evangelizador que necesitamos.

Como pueden ver se trata de un amplio programa pastoral que inevitablemente repercutirá sobre nuestra propia programación diocesana. El Plan ya se encuentra en el portal de la Conferencia Episcopal, para que se pueda acceder fácilmente a él, aunque trataremos de facilitárselo impreso a cuantos tienen cura pastoral. Para aplicarnos todos a la mejor programación posible de la vida de la Iglesia diocesana cuento con la ayuda del Consejo Presbiteral y del Consejo diocesano de Pastoral, que este año han sido renovados este curso pastoral. Por orden cronológico, para ayudar al ministerio del Obispo el pasado 25 de mayo quedaba constituido el Tercer Consejo de Pastoral Diocesano; y el 1 de junio se constituyó el Cuarto Consejo Presbiteral. Cuento también con la ayuda en particular para la pastoral familiar con el Consejo de Laicos y la excelente acción que está llevando a cabo el Centro de Orientación Pastoral de la Familia «Virgen del Mar», cuyos Estatutos han sido aprobados el pasado 29 de junio.

La piedad popular

El apostolado seglar reclama un buen hacer pastoral de nuestra parte, ya que en la piedad popular, tal como dicen los obispos, tenemos una plataforma de evangelización y catequesis notable, pero también de vida litúrgica y espiritual. A este respecto, las hermandades y cofradías y otras asociaciones de fieles han proseguido la renovación de estatutos que venimos promoviendo, lo cual es indicativo de su vitalidad y protagonismo en la diócesis, a pesar de las dificultades que la pastoral de las asociaciones lleva consigo. Se han aprobado seis estatutos renovados y se han erigido cuatro asociaciones más con la correspondiente aprobación de sus estatutos[16]. Esta modificación se produce después de algunos años de estudio, consultas y consideración de su conveniencia, y después de haber ido a algunas sesiones del Consejo Presbiteral. Con este decreto se ha pretendido equilibrar la distribución del territorio parroquial y lograr la distribución más razonable posible de la población que cada parroquia acoge. No todo está hecho, por la movilidad de la población y los profundos cambios acontecidos en las últimas décadas en la ordenación territorial de la provincia, que es coincidente con el territorio diocesano, pero la necesaria acomodación se va produciendo.

Con esta normativa de límites parroquiales, hay que reseñar también la entrada en vigor de algunas normativas. Es obligado atenerse a la edición de nuevos libros y protocolos sacramentales, teniendo en cuenta justamente estos cambios. Los libros existentes eran uniformes en volumen y se ponen ahora a disposición de las parroquias de menor población que las parroquias grandes libros de volumen más reducido.

Con la misma fecha he aprobado un decreto episcopal que regula el uso de los logotipos que han de utilizarse en los diversos membretes y protocolos oficiales, edición que se acompaña de la entrada en vigor del nuevo escudo de armas de la diócesis[18] y de la Vicaría Norte-Levante[20]. A este respecto, se ha de tener en cuenta que la presencia del Obispo en las parroquias es hoy un hecho continuado, por la forma nueva de movernos y comunicarnos. Sin embargo, las visitas pastorales canónicas son muy útiles para la mejor ordenación de la vida pastoral, y los párrocos que son trasladados a parroquias en las que se ha cursado recientemente la visita pastoral deben prestar atención a los libros de visita, donde queda reflejado el resultado pastoral de la visita y las orientaciones del Obispo.

Pastoral de la cultura y la conservación del patrimonio histórico

Teniendo en cuenta lo dicho, a propósito del nuevo Plan pastoral de la Conferencia Episcopal, sobre la importancia de escenarios como el del “atrio de los gentiles” para llevar a cabo la nueva evangelización, me parece oportuno aludir a dos proyectos diocesanos puestos en curso que merece la pena reseñar: el anhelado convenio con la Universidad de Almería (UAL), firmado el 15 de enero pasado año de 2014 por el Rector de la Universidad y el Obispo, nos ha permitido llevar a cabo la primera edición del Seminario de Teología los días 29 y 30 del pasado mes de mayo. Este seminario de Teología quiere ser justamente lo que pretende el “atrio de los gentiles”, un nuevo escenario de evangelización mediante el diálogo de fe y cultura, ciencia y teología.

Del mismo modo, la exposición llevada a cabo en la Sala Capitular de la Catedral de la Encarnación, de «Códices del Medievo y Renacimiento» promovida por la editorial «Siloé Arte y Bibliofilia » ha permitido mostrar del 27 de abril al 2 de mayo pasados facsímiles de códices y manuscritos con ilustraciones de gran belleza, que han dado a conocer a tantos visitantes como han acudido a visitar la muestra tesoros de la cultura occidental inspirados por la fe cristiana. El 3 de junio una nueva exposición acercaba a la sala de exposiciones de la Catedral una amplia colección de iconos ortodoxos rumanos del grupo de arte sagrado «Revelación», que trabaja en Transilvania y en Budapest. Al valor artístico hay que sumar el alcance ecuménico de la exposición.

A esta labor cultural se suma la inauguración de la nueva sede del Instituto Superior de Ciencias de la Religión. A la labor ordinaria de este instituto se añade la que realiza en colaboración con la Extensión Cultural Diocesana y el Centro de Estudios Eclesiásticos del Seminario Conciliar para lograr una programación anual de los cursos para profesores de Religión, la edición abierta de las semanas de Teología y los cursos de verano que vienen siendo frecuentados con notable éxito.

Entre las diversas tareas que un año más ha realizado la diócesis se cuenta la restauración de diversas obras de arte[22], Gérgal[24] y Albox

[2] Ibid.

[4] Mons. A. González Montes, Evangelización y acción pastoral. Programa para una Iglesia diocesana renovada (Almería, 5 abril 2015). Ed. propia en la colección de las Publicaciones del Obispado Textos pastorales 6 (Almería 2015); y en Boletín Oficial del Obispado de Almería [BOOA] XXIII/ 4-6 (2015) 156-212.

[6] Mons. A. González Montes, La predicación litúrgica. Carta pastoral con motivo de la publicación del «Directorio homilético» (22 marzo 2015). Ed. propia en la colección de las Publicaciones del Obispado Textos magisteriales 12 (Almería 2015); y en BOOA  XXIII/ 1-3 (2015) 5-17.

[8]Cf. Decreto 12/2014 (3 de septiembre). Por el cual se regula con  carácter permanente en la Iglesia diocesana de Almería la práctica del Catecumenado de adultos y su acomodación al itinerario idóneo para los niños y adolescentes en edad escolar (Prot. N.  211/2014).

[10] EG, n. 154.

[12] EG, n. 154.

[14] Ibid., p. 46

[16] Decreto 27/2015 (25 de  septiembre). Por el que se modifican los límites territoriales de algunas parroquias de la Capital de Almería y del territorio municipal de Roquetas de Mar (Prot. N. 232/2015): BOOA XXIII/7-9 (2015).

[18] En la Capital la populosa  parroquia de San Roque, regentada por los PP. Marianistas. La Compañía de María (Marianistas) tienen a su cargo en la demarcación parroquial el Colegio Diocesano «Virgen de la Chanca». Las Religiosas del Amor de Dios regentan el Colegio «Amor de Dios»; y las Religiosas Siervas de los Pobres Hijas del Sagrado Corazón de Jesús tienen a su cargo la labor educativa de la Guardería «Estrella del Mar».

[20] Segunda fase de la visita canónica a las Alpujarras: parroquias de Santa Ana, de Illar; Asunción de Nuestra Señora, de  Bentarique; y Santiago Apóstol, de Terque.

[22] Dedicada el 21 de marzo de 2015, tras una completa restauración, que ha remodelado parte del edificio histórico.

[24] Bendecida y dedicado su nuevo altar el 28 de junio de 2015, después de una importante reconstrucción de sus muros.

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