Discursos, Alocuciones y otros escritos

viernes santo

Todo el dolor del mundo se agolpa en la cruz de Jesús Nazareno: las enfermedades, las frustraciones y los fracasos, los desamores de personas que ya no se quieren, las difamaciones y los ultrajes padecidos por las víctimas del odio y del terror desalmado de los criminales, de los que pretenden forzar el curso del mundo sembrando la muerte, aniquilando a sus contrarios. Hoy es Viernes Santo y de la cruzde Jesús penden las oposiciones de las naciones en guerra sembrando el territorio que se disputan los poderes de este mundo y las ideologías de víctimas inocentes.

El cuerpo lacerado del Redentor ha sido crucificado sobre el madero de las cruces de cada día de los perseguidos, desplazados y refugiados que huyen del infierno; pero también y cada día, en un suma y sigue estremecedor, sobre el madero de las cruces en las que se clava el cuerpecito embrionario y fetal de niños en gestación, inocentes y sin defensa, sentenciados al aborto eugenésico y social; y la muerte procurada de cuantos, ya agónicos, pidieron la eutanasia dulce de la piedad impía de los que aceptan o mandan aplicar la dormición final, para precipitar el definitivo silencio de los que dejan de estar, y ya no serán problema ni molestia alguna, porque dejarán de ser la carga difícil de soportar.

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1. El Santuario tiene en la Iglesia un "gran valor simbólico"[1]y hacerse peregrinos es una verdadera profesión de fe . Efectivamente, a través de la contemplación de las imágenes sagradas, se atestigua la esperanza de sentir  más fuerte la cercanía de Dios que abre el corazón a la confianza de ser escuchados y respondidos en los deseos más profundos[2]. La piedad popular, que es una "expresión auténtica de la acción misionera  espontánea del pueblo de Dios"[3], encuentra en el Santuario un lugar privilegiado donde  expresar la bella tradición de  oración, de devoción y de confianza en la misericordia de Dios inculturada en  la vida de todos  los pueblos.


Desde los primeros siglos se  pensó en la peregrinación, en primer lugar,  a los lugares donde Jesucristo había vivido, anunciado el misterio del Padre y, sobre todo, donde había una señal tangible de su resurrección: la tumba vacía. Los peregrinos, sucesivamente,  se pusieron en camino hacia  los lugares en los que, según las diferentes tradiciones, se encontraban  las tumbas de los Apóstoles. A través de los siglos, en fin, la peregrinación se extendió también a aquellos lugares, que se han convertido en  mayoría, donde la piedad popular ha sentido de primera mano la misteriosa presencia de la Madre de Dios, de los santos y de los beatos[4].


2. Los Santuarios siguen siendo hoy en nuestros días en todas las partes del mundo un signo distintivo de la fe sencilla y humilde de los creyentes que encuentran en estos lugares sagrados  la dimensión básica de su existencia creyente. Aquí experimentan profundamente la cercanía de Dios, la ternura de la Virgen María y la compañía de los Santos: una experiencia de  verdadera espiritualidad que no puede ser devaluada, so pena de mortificar la acción del Espíritu Santo y la vida de la gracia. Muchos Santuarios han sido percibidos  como parte de  la vida de las personas, de las familias y de las  comunidades  hasta el punto de que han plasmado la identidad de enteras generaciones, hasta incidir en la historia de algunas naciones.


La gran afluencia de peregrinos, la oración humilde y sencilla del pueblo de Dios, alternada con las celebraciones litúrgicas, el cumplirse de tantas gracias que muchos creyentes atestiguan  haber recibido y la belleza natural de estos lugares  demuestran que los Santuarios, en la variedad de su formas, expresan una oportunidad insustituible para la evangelización en nuestro tiempo.


3. Estos lugares, a pesar de la crisis de fe que afecta al mundo contemporáneo, todavía se perciben como espacios sagrados hacia los que ir como  peregrinos para  encontrar un momento de descanso, de silencio y de contemplación en medio de la vida, a menudo frenética, de nuestros días. Un deseo escondido  hace que surja en muchos la nostalgia de  Dios; y  los Santuarios pueden ser un verdadero refugio para volver a descubrirse y recuperar las fuerzas necesarias para la conversión. En el Santuario, por último, los fieles pueden recibir apoyo para su camino habitual en la parroquia y en la comunidad cristiana. Esta ósmosis entre la peregrinación al Santuario y la vida de todos los días es una  ayuda eficaz para la pastoral, porque  hace posible  reavivar el compromiso de la evangelización a través de un testimonio más convencido. Por lo tanto, caminar hacia el Santuario y participar en la espiritualidad que expresan estos lugares ya son un acto de evangelización que merece ser valorado por su intenso valor pastoral.[5]


4. Por su misma naturaleza, pues, el Santuario es un lugar sagrado donde el anuncio de la Palabra de Dios, la celebración de los sacramentos, especialmente de la Reconciliación y de la Eucaristía, y el testimonio de la caridad expresan el gran compromiso de la Iglesia en la evangelización; y por lo tanto se presentan como un lugar genuino de evangelización donde, desde el primer anuncio hasta la celebración de los sagrados misterios. se  manifiesta la acción poderosa con que  actúa la misericordia de Dios en la vida de las personas.


A través de la espiritualidad propia de cada Santuario, los peregrinos son llevados con la "pedagogía de la evangelización"[6] hacia un compromiso cada vez más responsable tanto en su formación cristiana, como en el testimonio necesario de  caridad  que se deriva de ella. El Santuario también contribuye en gran medida  al esfuerzo catequético de la comunidad cristiana[7]; transmitiendo, efectivamente, de forma coherente con los tiempos  el mensaje que dio inicio a  su fundación, enriquece la vida de los creyentes, dándoles las razones para  un compromiso  en la  fe (cf. 1 Ts 1,3) más maduro y consciente. En el Santuario, finalmente, se abren de par en par las puertas a los enfermos, los discapacitados, y especialmente a los pobres, los marginados, los refugiados y los migrantes.


5. A la luz de estas consideraciones, es evidente que los Santuarios están llamados a desempeñar un papel en la nueva evangelización de la sociedad actual y que la Iglesia está llamada a  valorizar pastoralmente las razones del corazón que se expresan a través de las peregrinaciones a los Santuarios y a los lugares de devozione.

Por lo tanto, queriendo fomentar el desarrollo de la pastoral que se lleva a cabo  en los Santuarios de la Iglesia, he decidido transferir al Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización las competencias  que, en virtud del artículo. 97, 1 ° de la Const. Ap. Pastor Bonus, estaban asignadas hasta ahora a la Congregación para el Clero así como las  previstas en el art. 151 de la misma Constitución, en relación con los viajes por motivos de piedad, sin perjuicio, no obstante, de los deberes de las autoridades eclesiásticas legítimas y de los que, en virtud de leyes especiales, correspondan a otros organismos en relación con determinados Santuarios.

A consecuencia de ello, establezco que de ahora en adelante será tarea del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización:

 a) la erección de Santuarios internacionales y la aprobación de sus respectivos estatutos, de acuerdo con los cc. 1232-1233 del CIC.

b) el estudio y la aplicación de medidas para promover la función evangelizadora de los Santuarios y el cultivo en ellos de la piedad popular.

 c) la promoción de una pastoral orgánica de los Santuarios como centros propulsores de la nueva evangelización.

 d) la promoción de encuentros nacionales e internacionales para promover una obra de renovación pastoral común de la pastoral de la  piedad popular y de las peregrinaciones a los lugares de culto.

e) la promoción de la formación específica de los operadores de los Santuarios y de los lugares de piedad y devoción.

f) la vigilancia para que se ofrezca a los peregrinos, en los lugares del recorrido, una asistencia espiritual  y eclesial coherente y sostenida  que favorezca los mejores frutos personales  de estas experiencias.

 g)la valorización  cultural y artística de los Santuarios según la via pulchritudinis como un modo particular de evangelización de la Iglesia.

Todo  lo que he determinado con esta Carta apostólica en forma de Motu Proprio, ordeno que se observa en todas sus partes, no obstante  cualquier disposición contraria, aunque sea digna de mención particular, y establezco que se promulgue mediante  la publicación en el diario L'Osservatore Romano, entrando en vigor quince días después de la promulgación y, a continuación, insertado en los Acta Apostolicae Sedis.

Dado  en la Ciudad del  Vaticano el 11 de febrero de 2017,  memoria litúrgica de la Virgen de Lourdes, IV año del pontificado.

[1] congregacion PARA   El Culto Divino Y  la Disciplina de Los sacramentos , Directorio sobre piedad popular y liturgia. Principios y orientaciones (2002), 263.

[2] Cfr V conferencia general del episcopado latino-americano  y del caribe, Documento de Aparecida, 29 junio 2007, 259.

[3] Exhort. ap. Evangelii gaudium, 122.

[4]  Cfr Consejo Pontificio de la Pastoral para los Emigrantes e itinerantes  La peregrinación en el Gran Jubileo del 2000 (25 abril 1998), 12-17.

[5] Cfr Exhort. ap. Evangelii gaudium, 124.126.

[6] pablo VI, Exort. ap. Evangelii nuntiandi,  48

[7] Cfr CONSEJO Pontificio  de la pastoral para los  Emigranti e itinerantes, El Santuario, memoria, presencia y profecía del Dios viviente (8 maggio 1999), 10.

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Señor Director del Centro de Estudios Eclesiásticos;

Señor Rector y formadores del Seminario Conciliar de San Indalecio;

Queridos profesores y alumnos;

Señoras y señores:

Al intervenir para clausurar este acto académico quiero  comenzar saludando de modo especial y con gran afecto a los profesores que van dejando su docencia por razones de jubilación, como el profesor D. José Ramos Santander, que lleva décadas apoyando con su docencia la labor intelectual y educativa del Seminario Conciliar de Almería. Saludo también a la Asociación de Antiguos Alumnos, algunos de los cuales se han querido hacer presentes en esta ocasión entre nosotros. Gracias de verdad por el apoyo es esta asociación a nuestro Seminario, en el que tantos seglares tuvieron la posibilidad de estudiar en años difíciles. Mi saludo asimismo cordial a la Profa. Dra. Doña Belén Saínz, Catedrática de Derecho de la Universidad de Almería, que ostenta la representación aquí del Rector Magnífico de la Universidad almeriense.

 Permítanme ahora unas breves observaciones a propósito del curso académico 2016-2017que estamos inaugurando, justo cuando estamos a punto de clausurarse el Año Santo Extraordinario de la Misericordia. Con este Año Jubilar el Papa Francisco ha querido espolear la conciencia creyente de los fieles para que reconozcan que el amor de Dios se revela en el perdón y la misericordia divina, y acudan confiados al trono de la gracia y convertidos sientan renovar su vida. En estos años de estudio y preparación para el ejercicio del ministerio pastoral, que está al servicio de la reconciliación y la paz que viene de la cruz del Señor, la Sacramentología constituye un conjunto de materias determinantes de este ministerio, que es preciso que profesores y alumnos ahonden con dedicación para lograr una mejor comprensión del misterio de la gracia redentora y santificadora.

Hago mención de algo que debe ser obvio para todos porque precisamente el año próximo de 2017, que ya se acerca, traerá consigo el quinto centenario de la Reforma protestante. Estamos a cinco siglos de aquella fecha del 31 de octubre de 1517, cuando el monje agustino Martín Lutero dejó clavadas en la puerta de la iglesia del Palacio de Wittenberg las 95 tesis que estaba dispuesta a debatir con quien se atreviera a ello, siguiendo la costumbre universitaria de la época. Aunque algunos expertos dicen que no fue así, este hecho real o simbólico dio comienzo a la Reforma protestante que tan hondamente dividió la Iglesia de Occidente, cuando ya se había producido casi otros quinientos años atrás, en 1054 la escisión de la Iglesia universal separando el Oriente cristiano de la Iglesia latina y de la obediencia al Obispo de Roma y Sucesor de Pedro.

La Iglesia Católica no tiene, por esto mismo, nada que celebrar, pero no puede ignorar tan importante efemérides que Dios nos concede vivir para orar juntos católicos y luteranos, y mutuamente ayudarnos a lograr la deseada y permanente purificación de la Iglesia, la búsqueda sin descanso de la unidad visible de los cristianos, partiendo de lo que nos une, que es mucho más que lo que nos separa. Una unidad visible que no puede ser vista, ciertamente, como conquista nuestra. No será esta unidad visible de la Iglesia logro de nuestro esfuerzo, sino don de Dios, que hemos de recibir con acción de gracias y un corazón convertido a la acción de la gracia.

Es mucho lo que diálogo ecuménico ha logrado en estos cincuenta años transcurridos desde los primeros contactos contemporáneos entre las Confesiones cristianas, movidas por el Vaticano II.  Así llegábamos al acuerdo de Augsburgo, cuando en el umbral del Tercer Milenio se produjo la deseada convergencia entre Luteranos y Católicos sobre la «doctrina de la justificación», que nos había separado durante quinientos años. Con la Declaración común de Augsburgo, firmada por las autoridades eclesiásticas de católicos y luteranos el 31 de octubre de 1999 sobre la justificación, se ha abierto un cauce de aproximación entre la Iglesia Católica y las Comunidades eclesiales de la Federación Luterana Mundial: un cauce que ha venido estimulando el acercamiento doctrinal estos últimos lustros.

Por ello quiero observar que el nuevo curso académico es ocasión propicia para que la comunidad académica del Seminario Conciliar se ocupe de la nueva visión que sobre los sacramentos como cauce de gracia y su comprensión a la luz del acuerdo decisivo de católicos y luteranos sobre la doctrina de la Justificación. En este sentido, creo que es irrenunciable un cultivo de la Teología de honda comprensión ecuménica, que afecta transversalmente a la docencia de todas las materias teológicas del curriculum académico de Teología, pero de manera propia a la Eclesiología y a la Sacramentología.

Asimismo, un bloque temático de especial atención en el nuevo curso será, sin duda alguna, el conjunto de temas que dimanan del magisterio pontificio del Papa Francisco sobre el misterio del amor humano y la Teología y Pastoral del matrimonio y de la familia. Se hace preciso prestar la debida atención a las enseñanzas del magisterio eclesiástico sobre la materia, teniendo ahora presente el largo proceso de las dos asambleas sinodales, con importantes reflexiones y debates que han precedido y llevado a la Exhortación apostólica postsinodal  «Amoris laetitia», del pasado 19 de marzo de 2016, entregada a la Iglesia por el Papa Francisco. Con este fin, el Centro de Estudios Eclesiásticos programa las conferencias de la «Catedra de Teología de Santo Tomás», como acercamiento y explanación doctrinal y canónica de tan importante exhortación apostólica y de su alcance pastoral.

Núcleo asimismo importante de atención necesaria durante el desarrollo del nuevo curso que comienza es la Mariología. El Santo Padre, mediante la Penitenciaría Apostólica ha concedido a la Iglesia particular de Almería el «Año Jubilar del Saliente», con motivo de cumplirse los 300 años desde que se tallara la sagrada imagen de la Virgen Nuestra Señora de los Desamparados y del Buen Retiro. La Virgen del Saliente es objeto de devoción mariana bien amada por los fieles de nuestra Iglesia, y también de las tierras extra provinciales colindantes con la extensa y accidentada comarca almeriense del Almanzora, tan rica por su geología geología como por sus tradiciones culturales y religiosas. El Decreto Apostólico quiere que este nuevo Año Jubilar prolongue el Año Santo de la Misericordia y que los fieles lucren la Indulgencia Plenaria ahondando el mensaje de salvación de Cristo, cuyo núcleo es la misericordia divina.

La gratuidad de esta misericordia alcanza en María, figura del discípulo y de la comunidad eclesial, aquella expresión consumada que Dios nos ofrece como triunfo definitivo de la gracia. La mariología, inseparable de la cristología ayudará ampliamente a los candidatos al ministerio a una más ajustada comprensión de la acción gratuita de Dios en el corazón del hombre que ilumina la piedad popular.

No será menos importante prestar la atención debida a la versión española de la Editio tertia emmendata del Misal Romano, recién aparecido en español y tras largos  de estudio y traducción. La Sagrada Liturgia, en efecto, requiere una atención particular en la Iglesia. La celebración de la santa Misa ha estado expuesta en ocasiones a la manipulación al servicio de ideologías que por su orientación a la transformación de las realidades económicas de la sociedad, incidían de forma espuria sobre la teología y praxis litúrgica de la Misa. Después de años con dificultades notables para regularizar la celebración de la Misa y de los demás sacramentos conforme a la mente del Concilio, la Liturgia requiere un fortalecimiento teorético y, al mismo tiempo, práctico en la formación intelectual y pastoral de los seminaristas.

Estas son algunas referencias que he creído oportuno recordar, con ánimo de que estas materias encuentren un desarrollo cada vez más ajustado a las necesidades de formación tanto de los seminaristas como de los sacerdotes, ya que la Formación permanente del Clero entra también en  juego cada curso pastoral. Cosa que sucede gracias a la prolongación de la acción benéfica de esta «Academia Theologica», que es la formación continuada de los sacerdotes,  en la más idónea preparación de los fieles que colaboran con el ministerio pastoral en la Iglesia, tal como desde 1988 quedó dicho por el Papa san Juan Pablo II, en la Exhortación apostólica Christifideles laici, y como así lo hemos recogido en los planes pastorales diocesanos.

Sólo me queda agradecer al profesorado el esfuerzo que realiza, pero animando al mismo tiempo a todo el cuerpo de profesores a servirse de los medios de que disponemos, que se concretan en la mejora de la ordenación del plan de estudios, de los fondos de la Biblioteca Diocesana y de las instalaciones. Estas últimas recibieron el pasado curso académico un importante adelanto con los nuevos espacios para los servicios de Biblioteca y publicaciones, y la nueva sala de profesores. El mejor ajuste el plan de estudios requiere siempre tiempo y forma, por eso debe ser respetado por todos, profesores y alumnos, sin que nadie esté autorizado a actuar a su margen. Es, además, deseo nuestro que el nuevo curso académico transcurra todo el dentro del marco trazado por Bolonia, pero sin maximalismos que la experiencia acredita como faltos de realismo; y en espera de que dicho plan académico encuentre su complemento adecuado en la nueva Ratio institutionis sacerdotalis que la se viene preparando en la Santa Sede estos últimos años y que parece está a punto de ser dada a conocer.  

Animo asimismo a los seminaristas del Centro de Estudios Eclesiásticos a no cejar en el empeño, y a procurar poner de su parte dedicación ilusionada al estudio, sin el cual no es posible adquirir la formación intelectual y pastoral que requiere el ejercicio del ministerio sacerdotal para el que se preparan. Una dedicación que ha de ir acompasada al ritmo de la maduración humana y espiritual, a cuyo servicio está el Seminario. Está en juego el ministerio pastoral, a la altura del momento histórico y de la cultura de nuestra sociedad, que un día están llamados a desempeñar los seminaristas de hoy. Un ministerio pastoral al cual han de dedicar su vida los nuevos sacerdotes, en beneficio del pueblo fiel y de la nueva evangelización de la sociedad que vienen propugnando los últimos Papas.

Con estas metas y esperanzas inauguramos hoy el nuevo curso académico. Queda inaugurado el curso de 2016/2017.

Almería, a 10 de octubre de 2016

                                            X Adolfo González Montes

                                                   Obispo de Almería

                                                Presidente-Moderador

  del Centro de Estudios Eclesiásticos

                                                                                                         

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Eminentísimo Sr. Cardenal Legado del Santo Padre Francisco:

Eminencias, Excelencias Reverendísimas, queridos señor Nuncio Apostólico y hermanos en el Episcopado

Ministro Provincial de los Franciscanos y Director General de los Sacerdotes Operarios Diocesanos.

Excelentísimas e Ilustrísimas Autoridades civiles y militares.

Queridos sacerdotes, diáconos, religiosas y fieles laicos.

Queridos hermanos y hermanas:

Al terminar la santa Misa de la solemnidad de la Anunciación del Señor, titulo de nuestra Catedral y de tantas iglesias parroquiales diocesanas, quiero agradecer la presencia de cuantas personas se han congregado hoy aquí para asistir la Beatificación de los Siervos de Dios José Álvarez Benavides y de la Torre y 114 compañeros mártires, que entregaron generosamente su vida por amor a Dios y a Cristo. Nos ha congregado en torno a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía la memoria martirial de los nuevos beatos, por cuya vida y muerte damos gracias a Dios. Con gozo agradecemos a Dios, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, la glorificación de los nuevos beatos, testigos de Cristo, configurados con el Testigo fiel y veraz por el martirio como el más grande amor, porque «nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13).

El ejemplo de los mártires nos conmueve y el ejemplo de su fe nos estimula; y quisiéramos aprender de ellos que nada se ha de anteponer a Dios, porque sin él todo pierde su verdad y genuino valor. Sólo la existencia de Dios y la revelación de su amor misericordioso por nosotros manifestado en el sacrificio de Cristo, «que fue entregado por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación» (Rom 4,25), es garantía de sentido para el mundo creado y fundamento de la esperanza de la humanidad.

El martirio es el triunfo del amor sobre el odio, la victoria de la justicia de Dios sobre la injusticia de los hombres, sobre el quebrantamiento de sus mandamientos, sobre la violencia fratricida. Los mártires dieron su vida manteniendo su fidelidad a aquel en quien habían creído y en quien habían depositado su esperanza y al que amaban por encima de todo, y hoy la Iglesia los presenta como ejemplo altísimo de amor generoso y perdón que reconcilia y aúna, congregando a cuantos se sienten no sólo impactados, sino atraídos por el valor y la fuerza humanizadora que tiene su testimonio en favor de la verdad hasta la muerte.

         Por ellos, don que Dios nos hace, le damos gracias, y con esta acción de gracias a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, quiero daros las gracias al Santo Padre Francisco y a la Congregación para las Causas de los Santos. Señor Cardenal Amato, transmita al Papa nuestra gratitud y los sentimientos de plena comunión de esta Iglesia con el Sucesor de Pedro.

Gracias a cuantos hoy habéis querido estar aquí, celebrando la gloria de los justos y la justicia de Dios para con los ajusticiados por los hombres. Agradezco vivamente la presencia de tantos hermanos en el Episcopado y de tantos sacerdotes, venidos particularmente de las Iglesias hermanas de Granada y Guadix, pero también de Burgos, Cartagena, Cuenca, Jaén, Málaga, Oviedo, Salamanca y Tortosa, provincias donde habían nacido algunos de los mártires, a los que unió el martirio en la geografía de la provincia de Almería. Todos habéis querido acompañar al Obispo, al presbiterio y a los religiosos y fieles laicos de esta Iglesia de Almería, que se siente hoy hondamente inserta en la comunión universal de la Iglesia, al presidir nuestra asamblea en esta mañana el Legado del Papa Francisco, que ha leído la Carta apostólica de Beatificación de los nuevos beatos. El entero misterio de la santa Iglesia se hace presente en nuestra asamblea, fortalecida por el alimento espiritual del Cuerpo y Sangre de Cristo y el poder de su Evangelio.

         Gracias de corazón a las Autoridades de la Nación, de la comunidad autónoma de nuestra Región y las autoridades locales. Mucho agradezco la presencia de tantos Alcaldes de la provincia de Almería, donde fueron al sacrificio los mártires, y de las provincias donde nacieron. Todos, sin menoscabo de su legítima posición política han querido estar hoy presentes en este Palacio de Congresos, acompañando a los peregrinos de las parroquias de sus municipios.

         Gracias, queridos fieles diocesanos y los venidos de las diócesis de origen de los mártires, particularmente de Granada y Guadix, que con sus obispos comparten hoy la glorificación de los mártires con nosotros. Son éstas las diócesis que con la de Cartagena compartían en la primera mitad del pasado siglo el territorio de la provincia civil de Almería con la diócesis Almeriense. Gracias a los peregrinos de etnia gitana, los que han venido como peregrinos desde lejos, coordinados por el Departamento de Pastoral Gitana de la Conferencia Episcopal, los representantes de las comunidades itinerantes de Milán, y los gitanos de las comunidades diocesanas. Todos habéis querido rendir homenaje a la beata Emilia Fernández, la primera mujer de etnia gitana que sube a los altares.

         Mi gratitud y la de la Iglesia diocesana de Almería a la Conferencia Episcopal, por su apoyo espiritual y material, por su constante aliento y ayuda, que quiero agradecer en particular en la persona de su Presidente, Su Eminencia el Cardenal D. Ricardo Blázquez, Arzobispo de Valladolid, que tan hermosas palabras dedicó en el discurso de apertura de la última asamblea episcopal a los mártires de Almería.

También para el voluntariado que ha prestado su colaboración en la organización de este acontecimiento, para los responsables de la logística y las empresas que han contribuido a hacerlo posible, y que han puesto en pie el espacio de esta hermosa celebración dirigida por los responsables de la acción litúrgica de la Conferencia Episcopal, en estrecha colaboración con los servicios diocesanos. Una Misa de Beatificación como la que acabamos de vivir, solemnizada por la música y el canto religioso de orquesta y conjuntos corales de Jaén y Almería. Gracias de todo corazón.

         Confiamos a la intercesión de la santísima Virgen del Mar Patrona de Almería, cuya sagrada imagen ha presidido la celebración eucarística, y a la intercesión de los nuevos beatos la tarea evangelizadora en la que estamos empeñados, sabiendo que nos acompañan siempre la maternal protección de la Virgen María, el patrocinio espiritual de san José, a quien pedimos constantemente vocaciones al ministerio pastoral, y la fortaleza de los mártires, testigos de Cristo, único Señor de la historia.

         Gracias a todos de todo corazón.

Palacio de Congresos y Exposiciones

Aguadulce-Roquetas de Mar

25 de marzo de 2017

                                            X Adolfo González Montes

                                                    Obispo de Almería

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Queridos diocesanos:

En esta procesión de alabanzas a nuestra Patrona, Nuestra Señora la Virgen del Mar, hemos querido sacar a la calle su sagrada imagen y en este desfile procesional acercarla al pueblo fiel que con tanto amor venera y rodea con su piedad y cariño esta efigie venerable de la Virgen María, Madre de Cristo y Madre de la Iglesia.

Que la Virgen salga para recibir este tributo de amor que le ofrendan tantos miles de hijos es expresión de la fe cristiana de los moradores de esta noble ciudad y de estas tierras abiertas al Mar Mediterráneo y a las gentes que llegan por él. Los católicos no estamos solos en esta porfía de amor a María, también otros cristianos tributan este mismo amor a la mujer que legítimamente invocamos todos los bautizados como Madre de Dios, por ser la madre del Hijo de Dios, Jesucristo nuestro Señor. También desde fuera de la Iglesia se contempla con admirada veneración y respeto la imagen de María, la humilde mujer de Nazaret, esposa de José y madre de Jesús, la sagrada Familia de Jesús, María y José, que con su vida ejemplar de comunión en el amor nos ayuda y estimula nuestro amor por el matrimonio y la familia, patrimonio espiritual de la civilización humana, santuario de la vida y célula básica de la sociedad, comunidad fundamental de personas, iglesia doméstica imagen de la comunidad eclesial.

Por eso, esta tarde queremos renovar nuestro amor por la Madre espiritual de los discípulos de Jesús, y sintiendo su amparo espiritual, nos dirigimos a la santísima Virgen María y con fervorosa piedad le presentamos la plegaria que brota de nuestros corazones cristianos, pidiéndole por la salud y estabilidad de todas las familias:

«Virgen y Madre, Santa María del Mar, escucha en esta tarde nuestra oración por las familias, para que crezca el amor de los esposos y fructifique en el amor de los hijos, escuela de convivencia y de paz social, escuela de comunión eclesial. Ayúdanos a comprender que la familia es creación divina, comunidad de amor donde se aprende a crecer en el amor y a entender la vida como concordia y convivencia fraterna entre los seres humanos, miembros todos de la gran familia de Dios.

Sostén a los esposos con tu maternal intercesión ante tu divino Hijo, y como hiciste con los jóvenes esposos de Caná, acude en socorro de los esposos que se hallan en dificultad, al borde de la ruptura o alejados de aquel anhelo de felicidad que los llevó al matrimonio. Ayúdales a renovar su amor recíproco.  Que los jóvenes lleguen a comprender que la gran aventura del amor humano es proyecto divino que no se puede vivir de espaldas a Dios y a su ley, que amor se aprende en la escuela doméstica del amor recíproco de padres e hijos.

Que el deseo de bienestar estimule a los responsables de la vida pública a poner los medios materiales y morales a su alcance que hagan posible el trabajo necesario para una vida con dignidad, superando los egoísmos e intereses de diverso orden, tantas veces disimulados y cubiertos de aparente interés general, pero que soslayan y marginan el interés común de la sociedad.

Te encomendamos a los jóvenes sin trabajo, a los que han decidido buscarlo, no sin dificultades, lejos de su hogar. Te pedimos a ti, Madre solícita de todos tus hijos, sobre todo de los que se abren a la vida con esperanzada ilusión como los jóvenes, que inspires en sus formadores la orientación responsable que los abra a una solidaria integración en la sociedad mediante el saber y el trabajo, el desarrollo de las virtudes cristianas y el aprecio de los valores morales, y sentimientos de misericordia con aquellos que yerran y necesitan amparo y perdón para volver a intentarlo.

Recaba de tu amado Hijo, Señor y Pastor de nuestras almas, que la fe ilumine la vida de nuestra sociedad, tentada a olvidarse de Dios y del Evangelio de Cristo. Tú que concebiste a Jesús por obra del Espíritu Santo, ayúdanos a vivir movidos por este mismo Espíritu que procede el Padre y que por Jesucristo ha sido ha derramado sobre nosotros, para que conozcamos y le amemos a Dios misericordioso, que por amor nos ha creado y nos ha redimido.

Al pedirte en esta hora por las familias y por los jóvenes, te pedimos por el futuro de nuestra sociedad y de la Iglesia. Ponemos Dios nuestra esperanza de permanecer cristianos y con tu ayuda ser capaces de llevar el Evangelio a los hombres y mujeres de nuestro tiempo que se alejan de tu regazo. Nos ponemos bajo tu protección maternal, porque sólo queremos, Señora y Reina, que nos protejas, tu amor, Señora, tu bendición. Contigo, Estrella de los Mares, suplicamos de Dios por Jesucristo, permanecer en la fe que hemos recibido de nuestros mayores y transmitirla con acierto a las nuevas generaciones. Amén».

Almería, Plaza Circular

28 de agosto de 2016

                                   X Adolfo Gonzáles Montes

                           

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