Queridos diocesanos: La solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre del Señor nos convoca en torno a la Eucaristía, meta de toda acción evangelizadora de la Iglesia y culmen de la vida cristiana y, por eso mismo, tal como se expresó el Vaticano II, fuente y origen de la vida de todos los bautizados. No hay nada más contradictorio que confesarse cristiano y católico, pero afirmar que no se practica. Jesús lo dijo con gran contundencia: «Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada» (Juan 15,5).

Es imposible vivir en cristiano si no se practica la fe que se profesa, sin alimentarse de la Eucaristía, pan de vida eterna. El domingo del Corpus Christi exaltamos la Eucaristía y cantamos al Señor que pasa por nuestras las calles presente en el sacramento del pan de vida eterna, el pan que consagrado en la Misa ya no es pan, sino misteriosamente el Cuerpo del Señor sacramentado. Algunos lo verán con ojos culturales y celebrarán contentos la riqueza de nuestro patrimonio histórico, material e inmaterial; y, más aún, encantados de que se regule como festejo tradicional. Serán muchos los que contemplarán respetuosos el paso de la Eucaristía y otros muchos se mostrarán indiferentes, aun cuando sepan apreciar el valor estético de la procesión eucarística.

El Papa Francisco viene hablando de la «globalización de la indiferencia», para referirse al desinterés con el que la gran mayoría de personas reaccionan ante las grandes convulsiones sociales que agitan nuestro tiempo, particularmente ante las tragedias de los migrantes que llegan hasta nosotros huyendo de los escenarios de la guerra y del hambre. La Comisión Episcopal de Pastoral Social hacía público a mediados de mayo el Mensaje para el Corpus Christi, día en que la Iglesia celebra la Jornada de Caritas y llama la atención sobre la indisoluble unidad que se da entre el amor a Cristo Eucaristía y el amor por los hermanos. Dicen los Obispos a propósito de la comunión que nos hace una sola cosa con el Señor: «Esta comunión eucarística, que nos transforma en Cristo y nos permite crecer como miembros de su cuerpo, nos libera también de nuestros egoísmos y de la búsqueda de los propios intereses» (Mensaje, n. 1).

Estas palabras nos invitan a ser consecuentes con la fe que profesamos en la presencia de Cristo en la Eucaristía y conocedores de los efectos que la sagrada Comunión produce en quien la recibe. Comulgar con Cristo y hacerse una sola cosa con él implica comulgar con la carne lacerada de los pobres y oprimidos, de los abandonados, enfermos y excluidos, de las personas dependientes y aisladas en su soledad; de los que no encuentran trabajo y los que tienen que emigrar para buscarlo, a veces para salvar la vida como prófugos y lograr un asilo que los ampare; y de tantos cientos de miles, por desgracia, que huyen perseguidos y entregados a la muerte por casusa del mismo Cristo.

Caritas es el órgano de la Iglesia particular para hacer llegar la solidaria y fraterna atención a los hermanos que de verdad lo necesitan, sin excluir las catástrofes naturales, que a veces causan miles de muertos y una enorme desolación. Caritas es la expresión de la caridad de la Iglesia para con los más necesitados, la expresión del amor de los cristianos que crea comunión y fraternidad. Los cristianos aman a Dios, oculto e invisible a los ojos del hombre y revelado en el rostro de Cristo, donde Dios ha dado a conocer el misterio de su amor por el mundo. Un amor, por esto mismo, inseparable del amor al prójimo, a quien Dios ha amado antes que nosotros le amemos; un amor manifiesto en la identificación de Cristo con el prójimo hasta entregarle la vida, cuyo ejemplo hemos de seguir.

Frente a la globalización de la indiferencia, el Papa Francisco nos propone «globalizar la misericordia» y caer en la cuenta de que «la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica o filosófica» (Francisco, Exhortación apostólica Evangelii gaudium, n. 198), pues se trata de seguir la preferencia divina por los pobres y tener los mismos sentimientos de Jesucristo, dice el Papa citando a san Pablo.

Los Obispos españoles en su reciente Instrucción pastoral «Iglesia, servidora de los pobres» (24 abril 2015) nos invitan a profundizar en la misión evangelizadora de la caridad y de la acción social de los cristianos. La Comunión eucarística alimenta esta acción al unirnos a Cristo formando con él un solo cuerpo. Por eso, cuando nos postramos de rodillas para adorar el Santísimo Sacramento no debemos olvidar que esta adoración corre pareja de la humilde postración con la que nos hemos de inclinar a lavar los pies de nuestros hermanos. La adoración eucarística es fruto de la fe en la presencia de Cristo en el sacramento del Altar, y la inclinación para lavar los pies del prójimo es consecuencia del reconocimiento de una presencia de Cristo en el rostro de quienes son nuestros hermanos.

Con mi afecto y bendición.

Almería, 7 de junio de 2015

Corpus Christi

                                   + Adolfo González Montes

                                          Obispo de Almería

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