Queridos diocesanos:

Hemos entrado de lleno en el Adviento y, a la altura de este domingo segundo de este tiempo santo, la Iglesia nos propone la imagen de la Virgen, limpia de todo pecado desde el primer instante de su ser, razón por la cual hablamos de la “inmaculada concepción de la Virgen María, que significa “sin mancha”. María, en verdad, fue concebida sin pecado, para que de ella tomara carne el Hijo de Dios, santo por su origen y por su ser divino. Se ha argumentado tradicionalmente que esta gracia concedida a María es de conveniencia, si por tal entendemos que, dado que ha sido otorgada por aquel que podía agraciar así a María y convenía que lo hiciera, lo hizo porque de ella había de nacer el que siendo hombre es al mismo tiempo “Dios verdadero de Dios verdadero”. Así lo afirmamos cuando recitamos el credo en la Misa.

         La Inmaculada es la Patrona de España desde que Carlos III así lo pidió a la Santa Sede, y el Papa Clemente XIII declaró el patrocinio de la Inmaculada Concepción sobre España mediante la Bula Quantum ornamenti, del 25 de diciembre de 1760. No podía ser de otro modo, porque el compromiso de España con la fe en esta prerrogativa de la Madre de Dios ha sido en nuestra historia una constante identitaria, argumentada por los teólogos y confesada y defendida «en protestación solemne de fe» por las instituciones sociales, entre las cuales destaca el voto “inmaculista” de las universidades.

La plástica pictórica es imposible de evitar a la hora de repasar la historia del arte sacro y de la pintura religiosa española. ¿Quién puede ignorar la multiplicación de las inmaculadas de Murillo que han dado lugar a reproducciones y copias sin fin? Es verdad que no todos tenemos la misma preparación para hacer memoria y recuento de la historia del arte religioso español, pero ¿quién no tiene presente la imagen de la Inmaculada que tantas veces ha contemplado y ante la que ha rezado en la iglesia parroquial?  Para ayudar a mejor valorar lo que la Inmaculada representa en la historia y la cultura española me permito evocar en esta carta algunas de las más bellas representaciones de la Inmaculada del arte religioso español. Como preámbulo a las representaciones inmaculistas de los grandes pintores y escultores desde el siglo de oro a nuestros días, baste hacer aquí mención general de las visiones medievales de la mujer del libro del Apocalipsis, vestida del sol con la luna bajo sus pies y coronada de doce estrellas. Esta representación aparece también en los muchos comentarios al libro del Apocalipsis, entre los cuales destacan los ejemplares de Beato de Liébana.

Con esta breve referencia podemos dar paso a la memoria de las bellas ejecuciones del agraciamiento de la Virgen María tal como es imaginada, en obras que no es necesario enumerar del arte del Renacimiento al exuberante Barroco español. Menos conocidas pueden ser las igualmente hermosas pinturas del arte llamado nazarista, que reproduce los misterios de la vida de la Virgen, desde la segunda mitad del siglo XIX a las primeras dos décadas del siglo XX de claro corte modernista. Muchas de estas realizaciones artísticas que tuvieron por tema la Inmaculada Concepción de María hoy se hallan reunidas en los museos, pero otras siguen en el lugar para el que fueron concebidas, en las iglesias.

Entre las realizadas por pintores españoles, no me resisto a mencionar obras clásicas que van desde El Greco a Goya, la de este último ya de cánones neoclásicos, pintada para el Colegio del altar mayor de la iglesia del Colegio de la Inmaculada, de la Orden de Calatrava, de la Universidad de Salamanca. Una pieza, esta última que, una vez desaparecidos los lienzos del altar mayor del Colegio en la guerra de la Independencia, conocemos por el óleo que, a modo de boceto o primer ensayo de la obra pudo regalar el pintor a Gaspar de Jovellanos y que cuelga en el Museo del Prado.

Entre estas obras clásicas encerradas en este tramo histórico, ¿cómo no citar al menos algunas las pinturas de Velázquez, Ribera, Coello, Zurbarán, Carreño de Miranda, Cerezo y José Antolínez? De este último pintor cuelga en la Catedral de Almería una de las mejores. Por referir también algunas de las obras esculpidas, baste mencionar la de Alonso Cano, reiteradamente copiada, que se venera en la sacristía de la Catedral de Granada; y las de Pedro de Mena, Montañés, Juan de Juni y Gregorio Fernández, por mencionar tan sólo algunas de las más conocidas. Silenciamos aquí las múltiples ejecuciones de orfebrería, en custodias de asiento y procesionales y cálices, ornados de estatuillas de la Inmaculada de singular belleza arrancadas a la plata y al oro, iluminadas a veces con siempre hermosa pedrería.

No son estas referencias más que apuntes a vuelapluma, para concluir que el misterio de la Inmaculada Concepción de María forma parte de la historia de la fe en España. La nuestra, puesta bajo el patrocinio de la Inmaculada Virgen María, es una nación de historia cristiana imposible de obviar, aunque se pretenda lo contrario; aunque se intente reescribir esta historia de fe y, anular incluso la posibilidad de redescubrirla mediante la expulsión de la escuela del mínimo aprendizaje del abecedario que permite entenderla. Se puede decir con argumentos y razones válidas para quien no tenga inoculado el virus del odio a la historia cristiana de España que, a una desventurada memoria histórica, parcial y no exenta de sectarismo intolerante, se propone agregar un desconocimiento raso de nuestro origen, que sólo se conseguirá si la embestida anticristiana de una cultura laicista y entregada al relativismo logra inhibir la fe en las generaciones que todavía pueden transmitirla.

Cuando este anochecer, en la vigilia de la Catedral de la Encarnación, el sonido del órgano que sostiene el canto del salmo 94, invitando a la alabanza de María, esta invitación es, al mismo tiempo, a la alabanza de Cristo Jesús, nacido de sus purísimas entrañas para redimirnos en su sangre, el Hijo de Dios, que es también hijo de María y del cual ella es inseparable. La antífona se repetirá versículo tras versículo hasta el último del salmo, dando eco a la invitación: «Celebremos la Inmaculada Concepción de la Virgen María, adoremos a su Hijo, Cristo el Señor».

Que canten los bautizados la gloria de María, Virgen digna de veneración y de alabanza, que Dios Padre quiso inmaculada, “en gracia concebida”, para ser la Madre del Hijo de Dios y Madre amorosa de la Iglesia, que es su cuerpo.

Con todo afecto y mi bendición.

Almería, a 7 de diciembre de 2018

                          + Adolfo González Montes

                                   Obispo de Almería

Pin It

BANNER02

728x90