Queridos diocesanos:

El 22 de julio de 1951 Mons. Rosendo Álvarez Gastón recibía la ordenación sacerdotal de manos del arzobispo de Pamplona, Mons. Enrique Delgado, que había sido antes Obispo de Almería, de 1943 a 1947, años en verdad difíciles de reconstrucción social y espiritual de la diócesis.

Desde aquella fecha memorable en que Don Rosendo era ordenado presbítero de la Iglesia han pasado sesenta años de laboriosa entrega al ministerio sacerdotal, que hoy queremos agradecer a Dios. Los laboriosos y esperanzados años cincuenta del pasado siglo fueron para el hoy Obispo emérito de Almería, años de ensayo y forja de una pasión espiritual por el hombre interior que le convirtió en guía y orientador de las conciencias: director espiritual y predicador de ejercicios espirituales, el joven sacerdote navarro, natural de Mues, su pueblo natal al abrigo de los montes entrañables de su infancia, siente la inquietud misionera de cooperar a la reconstrucción espiritual de otras Iglesias diocesanas más necesitadas que la suya de origen de sacerdotes.

Con el apoyo y la invitación de sus superiores, Don Rosendo recalará en Huelva, donde tan decisiva habría de ser su presencia para el buen desarrollo de la primera andadura de la nueva diócesis desprendida de la matriz sevillana. En aquellos años de construcción de una Iglesia particular como la de Huelva, el joven sacerdote se haría una personalidad propia que le acompañaría en lo sucesivo: formador de seminaristas, como director espiritual del Seminario primero y rector del mismo después. Una labor que desempeñaría con sabiduría y entrega hasta los años setenta, en que conjugará las ocupaciones pastorales de la parroquia de Almonte con las clases de Religión y los cargos pastorales que se le confiaban, entre ellos, la delegación diocesana del Clero, donde él podía poner en práctica la experiencia adquirida en la formación de los seminaristas y en los años de director espiritual.

Cuando en 1984 recibía la consagración episcopal, el Papa le enviaba a Jaca acercándolo a sus originarias tierras navarras, si bien por poco tiempo, porque el 12 de junio de 1989 el beato Juan Pablo II lo trasladaba a Almería, donde le esperaba una ilusionada labor pastoral, después de años de años de inquietud vividos en la Iglesia universal, comprometido como obispo con la honda renovación conciliar de la comunidad eclesial. En los casi trece años al frente de la diócesis almeriense, Don Rosendo apostó con decisión por la reconstrucción sacerdotal favoreciendo la consolidación de las vocaciones sacerdotales y del Seminario como lugar de su crecimiento y maduración, la ordenación litúrgica de la vida diocesana y la consolidación de una espiritualidad sacerdotal recia y apostólica seglar en tiempos de especial dificultad, en pugna con un secularismo que amenazaba y sigue amenazando con devorar la razón espiritual de la vida humana.

La talla de hombre espiritual, a veces no bien comprendido, sacrificado en sus gustos y tenor de vida, y pastor bueno es testimonio que aducen cuantos han estado cerca de él y le acompañaron en su labor pastoral como obispo de nuestra Iglesia diocesana. Jubilado por razones de edad, ha recorrido como obispo emérito las diócesis de España con sus tandas de ejercicios y retiros, respondiendo con generosidad a cuantos reclamaban su presencia, hasta que la quiebra de la salud, que coincidía el pasado verano con el veinticinco aniversario de su ordenación episcopal, le ha obligado al cuidado médico y a esa actividad en exclusiva que el espíritu despliega en cada sacerdote como orante permanente y rezador sin descanso por todos cuantos Dios puso a su cuidado.

Hoy le felicitamos todos con cariño a Don Rosendo y le ofrendamos el mejor regalo: nuestra oración por él y por la Iglesia diocesana de la que fue su pastor, para que nos siga acompañando con su propia oración, y ayudándonos con ella en un labor pastoral que ahora nos tiene confiada a nosotros, obispo, sacerdotes y diáconos de nuestra Iglesia de Almería: para que sepamos alentar la consagración de vida de todos los religiosos, religiosas y laicos, y el apostolado personal, familiar y social de los laicos en esta sociedad y cultura que son las que nos han tocado en suerte, con todo lo que tienen de bueno y con cuanto tiene que ser convertido al Evangelio de Cristo.

Digamos hoy todos unidos a nuestro Obispo emérito en la comunión eclesial diocesana: Ad multos annos!

Con m i afecto y bendición.

Almería, a 22 de julio de 2011.

                                                             + Adolfo González Montes

                                                                    Obispo de Almería

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