Queridos diocesanos:

El Día del Seminario  que celebramos en la solemnidad de san José viene a estimular la sensibilidad de la Iglesia diocesana, para que el estado permanente de campaña vocacional no decaiga y sirva al objetivo que la anima: suscitar la respuesta de cuantos adolescentes y jóvenes sienten la llamada de Jesús seguirle.

Es verdad que la cultura ambiente de nuestro tiempo no es propicia  para el crecimiento de las vocaciones incipientes al sacerdocio, pero también lo es que en los ambientes difíciles se hace más novedosa y personal la respuesta a la llamada de Jesús. Más novedosa, porque no es usual y no deja de suscitar en los demás una pregunta honda y reiterada por las razones que puede tener un joven para seguir la llamada al sacerdocio; y más personal, porque quien responde tiene que madurar la respuesta y tomar una decisión en la que sólo la reciedumbre de una personalidad definida, sostenida por la gracia y fortalecida por el atractivo que ejerce el bien mayor que representa Dios como lo único necesario, juega el papel de tener que elegir y hacerlo con conciencia de lo que se elige.

Es reconfortante ve cómo siempre hay adolescentes y jóvenes que fascinados por Jesús, ponen su corazón por entero en la persona del Maestro que les llama y les invita a seguirle, para estar con él y madurando junto a él convertirse en colaboradores suyos para la redención del mundo y la salvación de cuantos creen en el Evangelio.

Verdad es también que, para que crezcan las vocaciones de los muchachos que responden a la llamada al sacerdocio, se requiere el ambiente propicio del Seminario, que las hace crecer y las guía a la meta deseada, pero no lo es menos que para llegar al Seminario, las vocaciones sacerdotales requieren  la siembra que representa la educación en la fe en la familia y, de modo particular, en la comunidad parroquial y los ambientes apostólicos que se generan en la vida de la parroquia, con la valiosa ayuda de la escuela católica que para tantos adolescentes representa la escuela católica.

En esta siembra tienen un papel singular y único los sacerdotes, porque son los sacerdotes el referente que atrae a seguir a Jesús para prolongar su misión de salvación en cada generación; y, por eso, por más que cambien los tiempos y, con ellos, la cultura, mientras haya sacerdotes habrá ejemplos que seguir para prolongar el sacerdocio en el mundo.

Al sacerdocio llegan los adolescentes y los jóvenes de la mano de los sacerdotes, y  en los sacerdotes encontrarán los niños los guías que podrán orientar los signos primeros de una vocación incipiente hacia la meta deseada: el conocimiento de Jesús, para estar con él y aprender de él a prolongar entre los hombres el signo visible y el medio de llegar a sentir y experimentar que Dios ha amado al mundo y le ha enviado a su Hijo, para que el mundo se salve por él.

Invito a todos los amigos del Seminario a orar por las vocaciones sacerdotales y  apoyar la campaña anual del Día del Seminario creando el ambiente vocacional que le es posible contribuir a crear en las familias y las parroquias, en los colegios y en los ambientes recreativos y festivos de infancia y juventud donde la presencia del sacerdote es vista como gracia que Dios ofrece y signo de su amor.

Con mi afecto y bendición.

Almería, 19 de marzo de 2011

Solemnidad de San José

                                                                  + Adolfo González Montes

                                                                                      Obispo de Almería

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