Queridos diocesanos:        

Ha comenzado el Octavario de oración por la unidad de los cristianos. Con este motivo me pedían recientemente que tomara el pulso al diálogo entre las confesiones cristianas. El balance que hacía lo presento también en esta carta, porque ayuda a no perder la fe en el ecumenismo cristiano como instrumento precioso que el Espíritu Santo alienta y sostiene en nuestro camino hacia la plena comunión entre las Iglesias cristianas. En la marcha hacia la unidad visible de la Iglesia, las dificultades, ciertamente, no son pocas, pero se avanza y los logros son muchos.

El pasado 5 de junio cumplía 50 años el Pontificio Consejo para la Unidad de los cristianos, creado primero por Juan XXIII como Secretariado. El Octavario de oración por la unidad propicia la reflexión y el examen del camino recorrido por el ecumenismo. ¿Se avanza en la reconstrucción de la unidad visible de la Iglesia? Benedicto XVI decía el 18 de noviembre de 2010, en la plenaria del dicasterio, que su creación constituyó una piedra miliar, porque el compromiso ecuménico es central para la Iglesia, y contra todo pesimismo afirmaba que el camino recorrido es mucho.

Si pasamos brevemente revista al ecumenismo teológico, llaman la atención los logros del diálogo católico-ortodoxo, a pesar de las dificultades que surgieron con la reunificación de Europa, que devolvió a  la libertad a los católicos orientales reprimidos por el totalitarismo político. Superada la crisis con la que acabó la primera etapa de diálogo, la Comisión internacional afrontaba en 2006 la cuestión de las consecuencias eclesiológicas y canónicas de la naturaleza sacramental de la Iglesia. El documento de Ravena, aprobado en 2007 en la décima plenaria de la Comisión, permitiría tratar en Pafos  en 2009, la cuestión del Obispo de Roma en la comunión de la Iglesia en el primer milenio. La regularidad de las visitas recíprocas de las delegaciones de Constantinopla por la fiesta de san Pedro y san Pablo, y de Roma por la fiesta de san Andrés, testimonia el buen clima y los avances, lentos pero reales, en el diálogo.

         Por lo que hace al diálogo anglicano-católico, la creación de un Ordinariato católico por Benedicto XVI, para acoger a los anglicanos que venían manifestando su voluntad de entrar en la plena comunión de la Iglesia Católica, ha comenzado a dar los primeros pasos. El temor a que se convirtiera el Ordinariato en piedra de tropiezo para el diálogo se ha disipado, si bien no dejan de inquietar a la Comunión anglicana los efectos que puedan resultar de la marcha de obispos, sacerdotes y fieles que la abandonan. Lo importante es que el diálogo sigue su programa  tras cuarenta años de diálogo, que han protagonizado la Comisión teológica internacional en sus tres ediciones (ARCIC) y la Comisión para la Unidad y la Misión (IARCUM).

         Con la firma de la «Declaración conjunta sobre la doctrina de la Justificación» (Augsburgo 1999), el diálogo católico-luterano echó los fundamentos para una aproximación conjunta al lugar de la Iglesia en la obra de la redención. El logro más reciente de la Comisión católico-luterana ha sido el documento «La apostolicidad de la Iglesia» (2007), que examina el ministerio ordenado como garantía de la apostolicidad de la Iglesia.

         La Iglesia se ha convertido también en el principal tema del diálogo católico con otras grandes Comuniones, porque la concepción teológica de la Iglesia constituyó el objeto del debate histórico de los reformadores con el catolicismo. La Iglesia ha sido objeto de amplia reflexión en las comisiones de diálogo de reformados y metodistas con la Iglesia Católica.

Termino aludiendo al Grupo mixto de trabajo de la Iglesia Católica y Consejo Ecuménico de las Iglesias, cuya Octava Relación (2005), acota seis años del diálogo y la colaboración, con atención a  los medios de estudio conjunto y colaboración. Destacan los resultados de la reflexión sobre las implicaciones eclesiológicas y ecuménicas del bautismo común, la naturaleza del diálogo ecuménico, los Consejos nacionales y regionales de Iglesias, algunas cuestiones relativas a la antropología teológica y los matrimonios mixtos, el diálogo interreligioso y la diaconía de la Iglesia y su servicio aportación al desarrollo.

Como se puede ver, el ecumenismo entre la Iglesia Católica y las Iglesias cristianas es una realidad viva y el secreto de su éxito es la oración. Primero la de Cristo, que no puede dejar de tener la respuesta del Padre; y con él ora la Iglesia y, en ella, oramos nosotros: “Concédenos, Padre, la conciencia de que Cristo tu Hijo es la causa de nuestra vida común. Amén”.

Con mi afecto y bendición,

                                                                  + Adolfo González Montes

                                                                                  Obispo de Almería

Presidente de la C. E. de Relaciones Interconfesionales

 

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