Queridos diocesanos:      

 De nuevo estamos en la Jornada anual de la Iglesia diocesana. La Iglesia quiere vivir muy cercana a todos y ser sembradora de esperanza. El anuncio del Evangelio, la atención espiritual y humana que realiza, manifiestan y hacen creíble el amor misericordioso de Dios a los hombres revelado en Jesucristo. En la comunidad de la Iglesia encontramos el sentido de la vida al descubrir el Evangelio como Buena Noticia para los seres humanos de todos los tiempos. Es la Iglesia la que nos acompaña en todos y cada uno de los momentos de nuestra existencia, sean alegres o tristes, mostrándose madre de cuantos en ella han nacido a la fe.

En estos momentos de profunda crisis económica, el acompañamiento y la ayuda de la Iglesia son de gran esperanza para una sociedad en la cual muchas personas y familias enteras padecen necesidad al carecer de trabajo. Los católicos tenemos que ser personas dispuestas a escuchar, a acompañar y a ayudar como expresión de nuestro compromiso creyente. Pertenecemos a una diócesis, porción del pueblo de Dios, presidida por el Obispo; y pertenecemos a una parroquia en la que vivimos la fe y somos testigos de ella. Tanto en la diócesis como en la parroquia experimentamos y celebramos el amor de Dios que hemos de transmitir a todos los hombres.

Para que quienes acuden a la Iglesia buscando ayuda puedan encontrar en ella una respuesta adecuada, es necesario que disponga de los medios necesarios, tanto para su propio mantenimiento como para ayudar desinteresadamente a los demás, llevándoles esperanza y sentido para la vida, apoyo espiritual y material. La colaboración de los católicos y de los que valoran su labor es  indispensable. En estas circunstancias es, más que nunca, expresión de vuestro compromiso eclesial. Todos tenemos que participar en la Iglesia y colaborar económicamente en su sostenimiento. Todos somos necesarios.

         Convencido de que así lo comprendéis y estáis dispuestos a apoyar la tarea espiritual y solidariamente fraterna de la Iglesia, os saludo cordialmente y bendigo de corazón.

Con mi afecto y bendición.

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería
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