1       Queridos hermanos sacerdotes, diáconos y seminaristas:

El Santo Padre Benedicto XVI ha ratificado semanas atrás la elección que los Obispos españoles hicieron en la última asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Española, incluyendo mi nombre en la representación de Obispos que han de asistir a la XIII Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos, que se celebrará en Roma desde el 7 al 28 de octubre del próximo mes de octubre. Acudiré, pues, a la Asamblea sinodal juntamente con el Cardenal Arzobispo de Madrid, S. E. Mons. Antonio María Rouco Varela, y el Arzobispo de  Valladolid, S. E. Mons. Ricardo Blázquez Pérez, Presidente y Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española. Los tres Obispos que hemos sido elegidos miembros de la representación de Obispos de España, hemos sido confirmados por el Santo Padre, quien ha tenido a bien agregar los nombres de S. E. Mons. Luis María Sistach, Cardenal Arzobispo de Barcelona, S. E. Mons. Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei, y el del P. Julián Carrón, Presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación.

Una vez que la Santa Sede ha hecho ya pública la lista de todos los Padres sinodales y la lista de expertos y auditores que acudirán al Sínodo invitados por el Santo Padre, cuando ya faltan pocos días para que comience la Asamblea sinodal, me dirijo a todos vosotros para suplicar vuestra oración y acompañamiento espiritual. Os pido, pues, que recéis por mí y me acompañéis con vuestra oración, teniendo presente la máxima de los santos Padres de la Iglesia antigua, para los cuales la Iglesia diocesana va con el Obispo y se halla allí donde él la representa en su condición de sucesor de los Apóstoles y Pastor de la comunidad eclesial particular que preside.

1. El motivo y el tema de la XIII Asamblea general del Sínodo

2       Estamos ante un una Asamblea sinodal importante, como lo viene siendo todas las celebradas, pero la efeméride que da contexto de particular  significación histórica a las próximas de trabajo del Sínodo de los Obispos en esta ocasión es el hecho de que se celebre cuando se cumplen los cincuenta años de la apertura del II Concilio del Vaticano pro el beato Papa Juan XXIII, el 11 de octubre de 1962, fiesta de la maternidad de la Santísima Virgen en el calendario litúrgico romano anterior al Concilio. Además, se cumplen ahora los veinte años de la promulgación del Catecismo de la Iglesias Católica, promulgado por el también beato Papa Juan Pablo II mediante la Constitución apostólica «Fidei depositum», el 11 de octubre de 1992, en el trigésimo aniversario de la apertura del Vaticano II.

El tema de la reflexión de los padres sinodales y de los debates de la Asamblea sinodal ha sido ampliamente tratado a lo largo d los últimos año en al Iglesia, impulsado por los Papas de Pablo VI a Benedicto XVI, pero se ha convertido en objeto de especial preocupación pastoral y misionera desde que la Secretaría del Sínodo diera a luz los Lineamenta, cuyo prefacio firmaba el Arzobispo Secretario general del Sínodo Nikola Eterović el 2 de febrero de 2011. El título del documento es bien expresivo de aquella realidad o asunto de que tratará el Sínodo: «La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana».

El mismo que conserva el nuevo documento, el Instrumentum laboris, destinado a centrar la reflexión de los padres sinodales, una vez que han sido incorporadas las distintas observaciones y aportaciones que a lo largo de los meses que han servido para el estudio y la reflexión sobre las propuesta y enfoques que los  Lineamenta presentaban del tema. El Instrumentum laboris lleva fecha de 27 de mayo del presente año de 2012. Sobre ambos documentos he podido manifestar algunas reflexiones personales, proponiendo su estudio y, cuando las circunstancias así lo han  requerido, dialogando tras algunas conferencias públicas sobre el tema que he pronunciado en distintos foros durante estos meses. Mi familiaridad con el tema, tanto por lo que se refiere a la teología de la revangelización como a la proyección pastoral de la misma en la sociedad actual, se activó de manera especial por el nombramiento que el Papa haciéndome miembro del dicasterio de Creciente creación como es el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización. Este nuevo Consejo fue creado, como bien es sabido, por el Santo Padre mediante la Carta apostólica Ubicumque et Semper, de fecha de 21 de septiembre de 2010, asignándole como finalidad el estímulo de la reflexión sobre los temas de la nueva evangelización y el descubrimiento y promoción de aquellas formas e instrumentos adecuados para realizarla[1].

 La asistencia a la asamblea plenaria de este nuevo dicasterio y a los acontecimientos y sesiones de encuentro promovidos por él, y sobre todo la reflexión a que ha dado lugar la finalidad confiada a este Pontificio Consejo, son otros tantos motivos que me ha servido para conocer mejor el alcance del tema sinodal y su proyección pastoral. La nueva evangelización tiene un núcleo que vertebra toda la misión de la Iglesia y constituye su razón de ser: dar a conocer a Cristo y llevar el Evangelio de Cristo, muerto y resucitado para nuestra salvación.

Se nos plantea así, en una reflexión que dura y durará siempre, porque es cuestión permanente y de cada tiempo la necesidad y urgencia de la transmisión de la fe la Iglesia, como misión y programa que han de dar paso a la incorporación a ella como medio sacramental de configuración con Cristo. Con este tema sinodal el Papa ha querido impulsar la común tarea de los obispos y de las Iglesias particulares en la misión de la Iglesia en las circunstancias de nuestro tiempo, poniendo una especial énfasis en el concepto que propuso considerar a toda la Iglesia el Papa Juan Pablo II, es decir, la cuestión de la «nueva evangelización», necesaria para dar nuevo impulso y fervor a la fe de los países de tradición cristiana.

2. Un nuevo «Año de la Fe»

3       Con el fin de favorecer la reflexión y llevar a la oración el programa de la nueva evangelización y darle a la transmisión de la fe el impulso necesario, el Papa Benedicto XVI ha promulgado un nuevo Año de la Fe, que se celebrará desde el 11 de octubre de este año 2012 hasta el 24 de noviembre de 2013, en la Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, con la cual culmina el Año litúrgico.

El Papa nos ha propuesto orientaciones verdaderamente preciosas y útiles para renovar la fe e impulsar la misión eclesial, para mejor llevar el conocimiento de Cristo  a los hombres de nuestro tiempo, invitándonos a renovar la doctrina de la fe  de la tradición teológica católica, y con esta renovación el testimonio que hemos de dar de Cristo en el la sociedad de nuestros días. Invito a que se reflexione ampliamente y con hondura el tratamiento de la fe que el Papa hace en la Constitución apostólica en forma motu proprio «Porta fidei» con la que convocaba el Año de la Fe, el 11 de octubre de 2011[2].

Con el propósito de orientar las acciones del Año de la Fe, siguiendo las indicaciones del Santo Padre, la Congregación para la Doctrina de la Fe a elaborado una Nota, acompañada de un Comunicado que aclara el significado de la misma y sus objetivos[3]. Con el propósito de que lleguen a todos los sacerdotes y a los colaboradores con la acción pastoral en las parroquias se ha incluido ambos textos en el Boletín Oficial del Obispado, con lo cual es fácil contar con estas orientaciones, que servirán de gran ayuda. Nos hemos propuesto algunos objetivos concretos que se han incluido en el Plan pastoral 2012/2016, lo que, sin duda, facilitará una acción conjunta en toda la diócesis que ayude a renovar la fe, objetivo general que se ha de procurar alcanzar en la medida de lo posible con particular intensidad en los dos primeros años de vigencia del nuevo Plan pastoral, prolongando las acciones a lo largo de todo el cuatrienio.

Como el mismo Papa hace notar en la Constitución apostólica Porta Fidei, este Año de Fe sigue al que promulgara el Siervo de Dios Pablo VI en 1967, “para conmemorar el martirio de los Apóstoles Pedro y Pablo, en el décimo aniversario de su supremo testimonio”[4]. El motivo ahora es el que ha movido a elegir tema y fecha de la XIII Asamblea general ordinaria del Sínodo, es decir, la conmemoración del quincuagésimo aniversario de la apertura del Vaticano II y el vigésimo aniversario de la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica, aniversarios que nos han de servir para dar gracias a Dios por el don que el Concilio y el catecismo representan para la Iglesia, acontecimientos que el Papa quiere sirvan de verdad a la renovación profunda de la fe en la comunidad eclesial y para impulsar la misión de la Iglesia en el mundo actual; lo que explica como decía más arriba la elección del tema de la nueva evangelización para la reflexión y los debates de la próxima Asamblea sinodal. La renovación de la fe de los bautizados ayudará dar nueva fuerza al testimonio cristiano en la sociedad de hoy, pero para que esta renovación sea eficaz los cristianos hemos de «sentir con la Iglesia», acogiendo el magisterio que interpreta la tradición de fe y actualiza su alcance para cada época.

4       Benedicto XVI propone que esta renovación, necesaria para que la Iglesia cumpla su misión en esta hora del mundo, sea conducida por el magisterio conciliar del Vaticano II, sobre todo atendiendo a las cuatro grandes constituciones del Concilio: sobre la Iglesia (Lumen Gentium), sobre la divina Revelación (Dei Verbum), sobre la sagrada Liturgia (Sacrosanctum Concilium) y sobre la presencia de la Iglesia en el mundo actual (Gaudium et spes), todas ellas interpretadas siguiendo la tradición de fe, mediante una hermenéutica de la continuidad, que mantenga la vigencia permanente de la doctrina de la fe atendiendo a los signos de los tiempos y las necesidades del hombre contemporáneo. En sentido, en la Carta pastoral con la cual he querido introducir el nuevo Plan pastoral, me ocupo de dar algunas orientaciones para la acción pastoral.

Como la Nota de la Congregación indica, a lo largo de este nuevo Año de la Fe, será muy oportuno que organicemos unas jornadas sobre el tema de la fe cristiana, su incidencia en nuestra sociedad y cultura; y que, siguiendo las orientaciones del Papa, hemos de profundizar tanto en los textos del Vaticano II como en al doctrina de fe y moral católica recogidas en el Catecismo de la Iglesia Católica. Verificaremos así la recepción del Concilio y del catecismo, reforzando el compromiso de los sacerdotes y de sus colaboradores, particularmente de los diáconos y catequistas en la transmisión de la fe. La Congregación insiste, haciendo justicia a la realidad de los hechos, es decir, a la situación de debilitamiento de la fe en nuestras sociedades cristianas, en la necesaria renovación e intensificación del compromiso catequístico de todos y cada uno de los agentes de la acción evangelizadora y pastoral en al Iglesia, y de toda la comunidad eclesial diocesana.

5       Este compromiso comienza por tomar conciencia de aquello que el Papa propone en la Constitución apostólica Porta fidei: que se nos llama a “redescubrir los contenidos de la fe profesada,  celebrada, vivida y rezada, y a reflexionar sobre el mismo acto con el que se cree”[5]. Para facilitar esta toma de conciencia con la cual comienza el compromiso de reflexionar sobre la fe, la Conferencia Episcopal pone a disposición diversos materiales, de los cuales cabe destacar la carpeta que recoge para la formación de catequistas y educadores de la fe el conjunto de documentos y catequesis que orientan la reflexión que el Papa propone para el Año de la Fe[6].

Para dar mayor alcance las acciones del Año de la Fe y estimular el compromiso de todos los organismos y sectores de la acción apostólica y pastoral diocesana, organizaremos algunas celebraciones litúrgicas que convoquen a la plegaria y la acción de gracias, a la súplica y petición de perdón, para que la Iglesia diocesana, en permanente actitud de conversión sepa acoger el Evangelio y ser evangelizada por su proclamación al mismo tiempo que es medio sacramental e instrumento de evangelización y gracia para los que han de venir a la fe por nuestra palabra y testimonio.

Dado que en la apertura del Año de la Fe, el próximo día 11 de octubre, me encontraré en Roma como padre sinodal, una vez clausure el Papa esta Asamblea general del Sínodo y  me halle de nuevo en la diócesis, Dios mediante, está prevista en el programa que se prepara para el Año de la Fe la celebración una solemne celebración de la Eucaristía en la Catedral, como apertura diocesana del Año de la Fe, a la que convoco ya a todos los sacerdotes y los fieles. Convoco sobre todo a los miembros de los institutos religiosos y sociedades apostólicas, a los que son miembros de movimientos y comunidades apostólicas, para que, por la celebración del sacrificio redentor de Cristo, presente en el sacrificio eucarístico, se manifieste la comunión de la Iglesia particular en la fe; y, por la recepción de la Palabra de Dios y del alimento eucarístico del Cuerpo y Sangre del Señor, seamos auxiliados por la misericordia divina y podamos llevar adelante la empresa de la evangelización de nuestro mundo en este tiempo, que es el nuestro y que Dios nos da como camino de gracia y salvación. Será la Vicaría episcopal de Acción pastoral juntamente con al Vicaría episcopal para el Clero las que realicen la conjunción de acciones y propuestas que se enviarán a todas las parroquias como programación conjunta del Año de la Fe.

6       Entre las sugerencias que el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización viene realizando, se encuentran algunas que reseño:

1) Seguimiento del calendario de grandes eventos de la Iglesia universal durante el Año de la Fe

Entre ellos, además de la apertura y clausura de la Asamblea del Sínodo de los Obispos en próximo octubre, llamo la atención sobre la apertura del Año de la Fe en cuanto tal (jueves 11 de octubre de 2012); la Jornada de los jóvenes de preparación de la JMJ de Río de Janeiro (Roma, domingo 24 de marzo de 2013); Jornada de los Confirmandos (Roma, domingo 28 de abril de 2013), que puede tener su propia Jornada diocesana a incluir, con fecha propia, en la programación en la diócesis; Jornada de las Hermandades y Cofradías de la Piedad popular (Roma, domingo 5 de mayo de 2012);  Vigilia de Pentecostés (sábado, 18 de mayo de 2013), con especial atención a los movimientos apostólicos; Jornada vocacional de seminaristas y novicios de los institutos de vida consagrada (Roma, domingo 7 de junio de 2013); Jornada de los catequistas (domingo, 29 de septiembre de 2013), que puede tener su propia organización diocesana; Jornada Mariana (Roma, domingo 13 de octubre de 2013), que puede tener su propio desarrollo diocesano; y Celebración conclusiva del Año de la Fe (domingo 24 de noviembre de 2013, Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo), que tendrá su propia realización diocesana.

2)  Logotipo oficial, himno oficial, materiales y «Pro Nova Evangelizatione»

7       Sin perjuicio de las propuestas de programación que llegarán de estas Vicarías episcopales, todo cuanto preparen para asambleas parroquiales y grupos de acción apostólica y pastoral, siempre en su propio ámbito, las parroquias y comunidades y movimientos apostólicos en orden a potenciar las acciones y el significado, los objetivos generales y concretos del Año de la Fe, podrá contar con el logotipo oficial del año para materiales tanto impresos como digitales de diverso género. He querido servirme ya de este logotipo al encabezar esta carta; al igual que las demás sugerencias y propuestas para el año, se encuentra en el sitio de la red www.annusfidei.va, pero puede ser proporcionado por las Vicarías episcopales que conjuntamente organizan la programación diocesana, al igual que otros materiales como los subsidios pastorales, el himno compuesto para la celebración del año y tiene este estribillo: «Credo, Domine, adauge nobis fidem!». Se espera su pronta puesta a disposición en los principales idiomas.

8       Aprobada por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, la «Missa Pro Nova Evangelizatione» podrá ser utilizada durante el año. El formulario de esta misa juntamente con todos estos materiales se pondrán a disposición de las parroquias y comunidades, con la ayuda de las Vicarias responsables de la programación del Año de la Fe y el equipo de coordinación diocesana, que integra a estas vicarías y a la Delegación de Liturgia y Ritos, y Catequesis.

3) Lectura y reflexión de los documentos del Concilio, aplicación del Catecismo de la Iglesia Católica y recitación del Credo Niceno-Constantinopolitano

        

9       Es necesario insistir en que el Año de la Fe tiene que hacer de los documentos del Concilio un lugar de lectura, reflexión y permanente búsqueda de luz que oriente, bajo la guía del magisterio de los papas y de los obispos la correcta aplicación del Concilio. Como decía más arriba, este Año de la Fe ha de ayudarnos a comprobar en qué medida ha recibido cada uno el Vaticano II según la recta interpretación de sus textos por el magisterio; a ver así en qué medida se vive de su espíritu renovador y en qué medida se ha puesto en práctica sus enseñanzas y orientaciones, dando lugar a una renovada comprensión de la tradición de fe y de la acción evangelizadora y pastoral de la Iglesia. Se sugiere así que los grandes temas del Concilio sean objeto de mayor y nueva consideración en las sesiones de formación permanente del Clero y de los fieles, particularmente de los diáconos y catequistas y otros colaboradores de los sacerdotes en el ministerio pastoral. La Nota de la Congregación para la Doctrina de la Fe recoge algunos temas de especial significado en la formación de la fe, que los sacerdotes han de tener muy en cuenta.

         Mas no sólo los documentos del Concilio han de ser un referente permanente del Año de la Fe, también han de serlo el Catecismo de la Iglesia Católica, con el Compendio e incluso, para los jóvenes, el uso del Youcat o compendio juvenil del Catecismo, preparado con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud de 2011 en Madrid. Conviene examinar en qué medida los sacerdotes y catequistas se sirven en su tarea de transmisores de la fe y educadores del Catecismo, de necesidad en la formación de la conciencia de fe de los catequistas y colaboradores del ministerio pastoral, de la mayor utilidad en la predicación y para la orientación de las conciencias en materia de fe y moral.

Finalmente, cabe recordar que la introducción de le recitación dominical del Credo de los Apóstoles en la Misa parece haber desplazado la recitación más común en la tradición eucarística del Credo Niceno Constantinopolitano. Esta formulación del Credo es particularmente recomendable para este Año de la Fe, ocasión para recuperar su recitación más frecuente, atendiendo a las orientaciones litúrgicas que consideran el tiempo pascual como la oportunidad adecuada para la recitación del Credo de los Apóstoles. El contenido teológico, cristológico, pneumatológico y eclesiológico del Niceno Constantinopolitano le hacen particularmente apto para la explanación de la fe, teniendo, por lo demás, presente, que ha sido esta formulación del Credo la que se ha tomado por referencia para la convergencia ecuménica de la fe entre las Iglesias de Oriente y el Occidente latino.

Sería, además, muy conveniente aprovechar este año de gracia para hacer de la recitación del Credo en la Misa medio de concienciación de la fe católica profesada,  para su vivencia en mayor plenitud y fidelidad. Convendría así cantar con más frecuencia el Credo en la misa dominical, no dejando pasar esta ocasión para recuperar al menos el canto gregoriano del Credo en latín de la Missa de Angelis.

3. Proclamación de San Juan de Ávila, Patrono del Clero español, como Doctor de la Iglesia universal

10     Finalmente, en esta ocasión de gracia que el nuevo Año de la Fe trae consigo, la providencia de Dios ha querido que vivamos, en la apertura de la próxima Asamblea sinodal el día 7 de octubre, la declamación como Doctores de la Iglesia universal por el Papa Benedicto XVI de san Juan de Ávila, el “santo Maestro” y evangelizador del Sur de España del siglo XVI y patrono del Clero secular de España; y de la monja benedictina y mística alemana del siglo XIII santa Hildegarda de Bingen, mujer agraciada con el don de una alta contemplación mística del misterio divino de la Trinidad y de la redención de Cristo como Palabra encarnada del Padre, y dotada al mismo tiempo de una gran inquietud cognoscitiva de polifacética personalidad humana.

Con motivo del doctorado de san Juan de Ávila, que tantas alegría produce en la Iglesia de España, los Obispos españoles hemos dado a conocer la pasada primavera, con fecha de 27 de abril de 2012, un Mensaje que lleva por título las palabras del santo Maestro que recapitulan el lema permanente de su obra evangelizadora: «Sepan todos que nuestro Dios es amor».

Los que, siendo seminaristas, vivimos con ilusión la inscripción en el libro de los santos del patrono del Clero español, pasamos de invocarle como beato a hacerlo como santo patrono de los sacerdotes seculares de España. Tuvimos formadores de candidatos al sacerdocio y maestros en teología e historia de la Iglesia, unos con mayor “avilismo” que otros, que participaron de una común convicción de contar con un gran modelo sacerdotal de validez permanente e intercesor en los cielos. En las vísperas de nuestro sacerdocio, vivimos su canonización con el gozo de hallarnos ante un modelo de santidad sacerdotal que es sacramental configuración con Cristo Sacerdote y Pastor en la forma y hondura existencial en que lo fue, en mística identificación con Cristo crucificado, el santo Maestro Ávila. Esta santidad fue unánimemente así entendida y proclamada por los Obispos españoles y declarada como tal en 1970 por el Papa Pablo VI en la misa de canonización.

Desde entonces, los Obispos hemos promovido la reedición crítica de sus Obras completas, recogidas en cuatro volúmenes de la BAC Maior, acompañadas de un volumen más dedicado al proceso de su beatificación, estimulando el conocimiento de sus escritos y el amor y devoción por el Maestro Ávila, con el propósito de verle ser declarado Doctor de la Iglesia. Este ha sido un objetivo que sacerdotes y Obispos hemos acariciado con ilusión, sabiendo que era un objetivo deseable y justo para bien de la Iglesia, y en particular de los sacerdotes y seminaristas, cuyo modelo de santidad encarna a la perfección el santo Maestro, que fue guía y poderoso foco de luz orientadora para tantos santos de aquel momento histórico que a él le toco vivir.

Recordábamos en el Mensaje que dirigimos a los sacerdotes y demás fieles, con motivo del doctorado del santo Maestro, los nombres de los santos que tuvieron que ve con la persona y el magisterio espiritual de san Juan de Ávila, inscritos en la historia más brillantemente evangélica de la Iglesia en España: “Fue Maestro y testigo de vida cristiana; contemporáneo de un buen número de santos que encontraron en él amistad, consejo y acompañamiento espiritual, como, por ejemplo, san Ignacio de Loyola, san Juan de Dios, san Francisco de Borja, san Juan de Ribera, san Juan de la Cruz, san Pedro de Alcántara, santo Tomás de Villanueva, o la misma santa Teresa de Jesús”[7].

11     Con el Mensaje, aprobamos también los Obispos en las mismas fechas una breve instrucción pastoral, con el título «San Juan de Ávila, un Doctor para la nueva evangelización», sobre la personalidad y magisterio de san Juan de Ávila, cuya lectura recomiendo vivamente, para que sirva a modo de introducción en el conocimiento de la ejemplaridad de su vida y en sus escritos. El valor teológico de estos últimos y la honda espiritualidad que los anima ilumina la vida cristiana y la santidad a la que están llamados, ciertamente todos los cristianos, pero de un modo singular los sacerdotes, para los cuales la existencia sacerdotal de san Juan de Ávila ha de ser un referente como modelo del seguimiento de Cristo que representa el discipulado. Por lo mismo, el conocimiento de la vida y santidad de san Juan de Ávila y la lectura sosegada de sus escritos, particularmente del Audi, filia, del Tratado del amor de Dios, de sus sermones y escritos sacerdotales[8], es un lugar obligado en al formación sacerdotal de los seminaristas.

Se prolonga en sus escritos la obra evangelizadora que llevó a cabo el santo Maestro, sobre todo en Andalucía, por lo que mereció el sobrenombre con que le aclamamos como «Apóstol de Andalucía», en tiempos de la difícil repoblación del territorio y de su recomposición social y ordenación cristiana, llamando a la conversión a Cristo y el retorno a la fe de las gentes, a veces alejadas de la misma. De la instrucción pastoral mencionada recojo estas apreciaciones sobre su obra de doctor de la Iglesia:

“Llamado ‘Maestro’ por sus contemporáneos y a lo largo de los siglos, título con el que figura por primera vez en las actas del cabildo de Granada en 1538, el nuevo Doctor de la Iglesia universal ha sido reconocido como tal por la eminencia de su doctrina y su capacidad de transmitirla de un modo sencillo y convincente. Pero,. Aun considerado como uno de los más destacados alumnos de la Complutense, no expuso su enseñanza desde una cátedra universitaria, sino predicando, escribiendo, a través de sus discípulos y fundaciones docentes y, sobre todo, con la incontestable fuerza de su ejemplo (…) fue un verdadero maestro y testigo de la doctrina y de la vida cristiana. Es un saber apoyado en la Palabra de Dios, en la tradición y en el magisterio de la Iglesia. Su enseñanza tuvo amplia difusión en su tiempo y después, y una recepción positiva en el pueblo de Dios, interesando a toda la Iglesia. Y su mensaje es actual, seguro y duradero, capaz de contribuir a confirmar y a profundizar el depósito de la fe, iluminando incluso nuevas prospectivas doctrinales y de vida[9].

Esta cita de la instrucción pastoral de los Obispos recapitula la razón de ser de un Doctorado, que ha de servir para iluminar la vida cristiana en nuestro tiempo con la ejemplaridad de la fidelidad cristiana y de la santidad sacerdotal de san Juan de Ávila, cuya intercesión y ejemplo deben ser propuestos por los sacerdotes en sus parroquias y los formadores en el Seminario a los candidatos al ministerio, a los jóvenes que dan muestras de vocación sacerdotal e incluso a los niños, a los cuales siempre ha entusiasmado la vida de los santos, hoy ilustradas con las viñetas de los comics que acercan la santidad al aprendizaje cotidiano que lleva consigo el crecimiento personal en estatura, sabiduría y gracia.

12     Entre las acciones que se vienen programando para esta ocasión del doctorado de san Juan de Ávila, está el uso de materiales divulgativos y catequísticos, que aconsejo a todos los sacerdotes y a sus colaboradores en las parroquias. Se envían a todas las parroquias un cartel de 48x68 que haga presente en las cancelas y salones parroquiales la fecha y acontecimiento del doctorado, que, como queda indicado, tendrá lugar en la misa de apertura de la Asamblea sinodal el próximo día 7 de octubre.

El día 6 de octubre está prevista la celebración en la basílica romana de Santa maría la Mayor una vigilia de preparación para los peregrinos que acudan a Roma para la ocasión; y el día 8 de octubre está asimismo prevista la celebración de una misa de acción de gracias en el altar de la Cátedra de San Pedro, en la basílica de San Pedro, en el Vaticano.

La Comisión de programación del Año de la Fe pondrá también estos y otros materiales de carácter catequístico a disposición de los sacerdotes y de sus parroquias, entre ellos algunos libros y videos de utilidad sobre san Juan de Ávila, teniendo en cuenta la solicitud que se haga de los mismos. Siempre hay la posibilidad de acceder directamente a la página web que se creó en momento y es ya conocida www.sanjuandeavila.conferenciaepsicopal. Esta página viene ofreciendo noticias y propuestas de acción con motivo que han ayudado a preparar a los sacerdotes y a las comunidades  para la declaración del doctorado del santo Maestro.

A modo de conclusión

13     Sirvan estas reflexiones y recordatorios para que el Año de la Fe que vamos a vivir, cuando concluya, deje abundantes frutos, habiendo cumplido además la finalidad para la que ha sido promulgado por Benedicto XVI; es decir, dejando en toda la comunidad eclesial diocesana, una honda renovación de la fe creída, profesada, vivida y rezada, para que el mundo venga a la fe en Jesucristo como Salvador universal.

El fruto espiritual de este Año de gracia nos ayudará a lograr mejor los objetivos del Plan pastoral 2012/2016 que queremos llevar a la práctica en la Iglesia diocesana, ya que la transmisión de la fe, en efecto, ha marcado y viene orientando algunas de las acciones vertebradoras de los planes diocesanos, urgidos como estamos por el alejamiento de la Iglesia de tantos hermanos nuestros, que han sido bautizados, pero viven como si no hubieran conocido a Cristo.

Que san Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia universal y modelo de existencia sacerdotal interceda por todos y cada uno de nuestros sacerdotes y diáconos, cuya colaboración con el ministerio pastoral es manifestación de la entrega de Cristo como diácono del Padre. Quiera el santo Doctor de la Iglesia ayudarnos, por la gracia de Cristo, a alcanzar un mayor conocimiento del Crucificado en la sabiduría que él alcanzó en mística contemplación, conocimiento de gracia y salvación que ha de alimentar las vocaciones al ministerio pastoral de nuestros seminaristas, y de los jóvenes llamados a seguir a Jesús y a estar con él atrayéndolos a la comunidad del Seminario.

A la intercesión de la bienaventurada Virgen María y de san José confío el fruto de los acontecimientos de gracia que la próxima asamblea del Sínodo de los Obispos, la declaración del doctorado de san Juan de Ávila y el Año de la Fe representan para la Iglesia como don del Dios de amor y de misericordia para la renovación de la comunidad eclesial.

En Almería, a 21 de septiembre de 2012

Fiesta de San Mateo Apóstol y Evangelista

                                                     X Adolfo, Obispo de Almería


[1] Cf. Benedicto XVI, Constitución apostólica en forma de «motu proprio» con la cual se constituye el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización Ubicumque te Semper (21 de septiembre de 2010), art. 1 §; cf. texto español en Boletín Oficial del Obispado de Almería [en adelante BOOA] XVIII/nn.7-9 (2010) 569-572. 

[2] Cf. texto español de la Constitución apostólica Porta fidei [en adelante PF], en BOOA XIX/nn.10-12 (2011) 875-884.

[3] Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe [en adelante CDF], Nota con indicaciones pastorales para el Año de la Fe, en BOOA XX/nn.1-3 (2012) 147-156; y CDF, Comunicado sobre la «Nota con indicaciones pastorales para el Año de la Fe», en BOOA XX/nn.1-3 (2012) 157-159.

[4]

[5] PF, n.9.

[6] Cf. la carpeta de EDICE, preparada por el Secretariado de la Subcomisión Episcopal de Catequesis, La nueva oportunidad para creer. El Año de la fe (Madrid 2012).

[7] XCIX Asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Española, Mensaje con motivo de la declaración de san Juan de Ávila como Doctor de la Iglesia «Sepan todos que nuestro Dios es amor» (Madrid, 27 de abril de 2012), n.2. Cf. su inclusión en BOOA XX/nn.3-5 (2012).

[8] Cf. la nueva edición de la BAC de estos escritos: San Juan de Ávila, Escritos sacerdotales (Madrid 2012).

[9] XCIX Asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Española, San Juan de Ávila, un Doctor para la nueva evangelización. Breve Instrucción con motivo de la declaración de su doctorado (Madrid, 26 de abril de 2012), n.2; recogido en BOOA XX/4-6 (2012)  .

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