Queridos hermanos sacerdotes:

1. El Santo Padre Benedicto XVI en la Carta que dirigió a los católicos de la República Popular de China el 27 de mayo de 2007,  establecía que  «el día 24 de mayo, que está dedicado a la fiesta litúrgica de la Santísima Virgen María Auxilio de los Cristianos ―y que es venerada con tanta devoción en el santuario mariano de Sheshan en Shanghai―, podría llegar a ser en el futuro una ocasión para los católicos de todo el mundo para unirse en oración con la Iglesia en China»[1].

El pasado día 18 de mayo, Benedicto XVI se detenía de nuevo en la fecha del próximo 24 de mayo, memoria litúrgica de la Bienaventurada Virgen María Auxilio de los Cristianos, para pedir oraciones por la Iglesia en China. Decía el Papa refiriéndose a la situación por la que pasan los cristianos en China:

«Allí, como en otros lugares, Cristo vive su pasión. Mientras aumenta el número de cuantos le acogen como su Señor, Cristo es rechazado por otros, ignorado y perseguido. “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? (Hech 9,4). La Iglesia en China, sobre todo en este momento, necesita de la oración de la Iglesia universal. Invito, en primer lugar, a todos los católicos chinos a seguir y a intensificar su propia oración, sobre todo a María, Virgen fuerte. Pero también para todos los católicos del mundo rezar por la Iglesia que está en China debe ser un compromiso: esos fieles tienen derecho a nuestra oración, tienen necesidad de nuestra oración.

Sabemos por los Hechos de los Apóstoles que, cuando Pedro estaba en la cárcel, todos rezaron fuerza y obtuvieron que un ángel lo liberase. También nosotros hacemos lo mismo: rezamos intensamente, todos juntos, por esta Iglesia, confiando en que, con la oración, podemos hacer algo muy real por ella.

  Los católicos chinos, como han dicho muchas veces, quieren la unidad con la Iglesia universal, con el Pastor supremo, con el Sucesor de Pedro. Con la oración podemos obtener para la Iglesia en China que sea una, santa, católica, fiel y firme en la doctrina y en la disciplina eclesial. Ésta merece todo nuestro afecto.

Sabemos que entre nuestros hermanos obispos hay algunos que sufren y están bajo presión en el ejercicio de su ministerio episcopal. A ellos, a los sacerdotes y a todos los católicos que encuentran dificultades en la libre profesión de fe expresamos nuestra cercanía. Con nuestra oración podemos ayudarles a encontrar el camino para mantener viva la fe, fuerte la esperanza, ardiente la caridad hacia todos e íntegra la eclesiología que hemos heredado del Señor y de los Apóstoles y que se nos ha transmitido con fidelidad hasta nuestros días. Con la oración podemos obtener que su deseo de estar en la Iglesia una y universal supere la tentación de un camino independiente de Pedro. La oración puede obtener, para ellos y para nosotros, la alegría y la fuerza de anunciar y dar testimonio, con toda franqueza y sin impedimento, de Jesucristo crucificado y resucitado, el Hombre nuevo, vencedor del pecado y de la muerte.

Con todos vosotros pido a María que interceda para que cada uno de nosotros se conforme cada vez más estrechamente a Cristo y se done con generosidad siempre nueva a los hermanos. A María pido que ilumine a cuantos están en duda, que llame a los extraviados, que consuele a los afligidos, que fortalezca a cuantos son atrapados por los cantos de sirena del oportunismo. Virgen María, Auxilio de los Cristianos, Nuestra Señora de Sheshan, ruega por nosotros»[2].

 Como recordatorio del deseo del Santo Padre de que todos elevemos a Dios oraciones y súplicas por intercesión de María Auxilio de los Cristianos, el Cardenal Secretario de Estado se ha dirigido al Secretario de la Conferencia Episcopal Española a través de la Nunciatura, con el encargo de pedir a los Obispos “trasladen a los fieles el deseo del Santo Padre acerca de esta Jornada de Oración por la Iglesia en China, para que toda la Iglesia, por intercesión de la Santísima Virgen María, se una en oración por esta intención. Asimismo se recomienda que tenga ligar en las diócesis algún acto, en particular de oración o de adoración eucarística, por este fin eclesial”[3].

2. Así, pues, exhorto a todos los sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas,  y personas de vida consagrada a que el próximo día 24, memoria litúrgica de María Auxiliadora, eleven oraciones y súplicas al Señor por la Iglesia de Dios que está en China, amparados en la maternal intercesión de la Santísima Virgen María, auxilio de los cristianos y consuelo de los afligidos a causa del Evangelio de Cristo, por cuyo amor tanto sufre la Iglesia en aquel inmenso país. Los cristianos chinos se hallan entre los cristianos que sufren a causa de fe y se ven privados de derechos fundamentales de la persona, entre los cuales se ha de tener presente el derecho a la libertad religiosa de capital importancia en cuanto fundamento de la política de los derechos del hombre[4].

Al exhortar a todos los fieles a que oren por la libertad religiosa en China, quiero recordar al pueblo fiel la doctrina de la Iglesia sobre materia tan determinante de la vida de las personas y de la sociedad en su conjunto, pues la libertad religiosa, pieza maestra entre los derechos fundamentales, es objeto de la enseñanza social de la Iglesia, hoy enriquecida por la doctrina del II Concilio del Vaticano. Conviene, a este propósito, tener presente la definición de libertad religiosa que ofrece a todos los fieles la Declaración conciliar sobre esta materia: “Esta libertad consiste en que todos los hombres deben estar libres de coacción, tanto por parte de personas particulares como de los grupos sociales y de cualquier poder humano, de modo que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a actuar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella, pública o privadamente, solo o asociado con otros, dentro de los debidos límites”, añadiendo además que “el derecho a la libertad religiosa está realmente fundado en al dignidad misma de la persona, tal como se conoce por la palabra de Dios revelada y por la misma razón”[5].

3. Secundando el deseo del Santo Padre, pido a las comunidades parroquiales y conventuales así como a las comunidades cristianas que habitualmente se reúnen para la oración lo siguiente:

1º. El próximo día 24, fiesta de María Auxiliadora, entre las preces de los fieles que se recitan en la santa Misa y en las preces de vísperas se ha de incluir una súplica pública por la libertad religiosa de la Iglesia en China.

2º. En aquellas comunidades conventuales donde habitualmente se celebra la exposición vespertina del Santísimo Sacramento, se ha orar el próximo día 24 por esta intención y meditar durante la adoración al Santísimo Sacramento sobre el sufrimiento de los cristianos en China y en aquellas partes del mundo donde son perseguidos a causa del Evangelio.

3º. Procuren asimismo las comunidades parroquiales proponer a los fieles una tiempo de adoración eucarística, ya ante el Sagrario o durante la exposición del Santísimo Sacramento, con voluntad de comunión en Cristo con todos los cristianos de la Iglesia en China.

4º. Finalmente, pido a las comunidades religiosas y a las personas de vida consagrada apliquen el rezo del santo Rosario por esta intención; e invito a los sacerdotes recomendar a todos los fieles que en el rezo del santo Rosario, práctica habitual en tantas comunidades durante el mes de mayo, se encomiende a la intercesión de la Santísima Virgen María a nuestros hermanos de China y a cuantos sufren a causa de su fe en el mundo.

En Almería, a 21 de mayo de 2011.

+ Adolfo González Montes

Obispo de Almería



[1] Benedicto XVI, Carta a los obispos, presbíteros, personas consagradas y fieles laicos de la Iglesia en la República Popular China, n. 19.

[2] Benedicto XVI, Alocución en la audiencia general (miércoles 18 de mayo de 2011).

[3] Mons. Renzo Fratini, Carta a S. E. Mons. Juan Antonio Martínez Camino, del 20 de mayo de 2011.

[4] Cf. Commission des Épiscopats de la Communauté Européenne (COMECE), La liberté relieuse, fondement de la politique des droits de l’homme dans les relations extérieures de l’UE (Bruselas 2010).

[5] Vaticano II: Declaración sobre la libertad religiosa «Dignitatis humanae», n.2.

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