Queridos hermanos sacerdotes;

Ilustrísimo Sr. Alcalde y miembros de la Corporación

Excelentísimas e Ilustrísimas Autoridades;

Queridos feligreses de Félix;

Queridos hermanos y hermanas:

En este día en el que la cristiandad occidental celebra la consagración de la Basílica de San Juan de Letrán, la iglesia «madre y cabeza de todas las iglesias de la Urbe y del Orbe» por ser la catedral del Obispo de Roma, habéis querido entregar a vuestro santo Patrón san Roque, el peregrino de Montpelier, el bastón de mando del municipio. Con ello os proponéis honrar la protección que os ha otorgado a lo largo de vuestra historia cristiana, al tiempo que os comprometéis a dar testimonio de vuestra profesión de fe. A ello quiero referirme al final de la homilía.

Sé que vuestra fe católica es proverbial y vuestra trayectoria histórica así lo atestigua. Por eso, en este día de la fiesta de la Catedral de Roma quisiera con mi presencia entre vosotros confirmar vuestra vida cristiana y afianzar vuestra comunión con toda la Iglesia diocesana, mediante la cual todos los fieles de nuestra diócesis se hallan en comunión con el Sucesor de Pedro, nuestro amado Papa Francisco, fundamento visible de la comunión de la Iglesia universal. El bastón de reidor mayor que hoy entregáis a San Roque es un signo exterior de la fe cristiana que sentís y profesáis en vuestro corazón. Con este acto público manifestáis que os proponéis mantener la fe recibida de las generaciones que os precedieron; y que estáis dispuestos a dar siempre testimonio del Evangelio en vuestra vida privada y pública, llenando de sentido vuestros sentimientos, palabras y acciones. Viviendo de este modo, inspirados por la fe os mantenéis en la esperanza que nadie puede arrebataros; y como creyentes con esperanza cierta, estáis dispuestos a vivir el amor a Dios en el amor al prójimo, sobre todo en los más necesitados de nuestros hermanos, los pobres, los que carecen de trabajo y de hogar, los migrantes que llegan hasta nosotros; y de manera muy especial, los enfermos, sobre todo los incurables.

San Roque fue en la época medieval un santo investido del poder de curación de los apestados, en un tiempo en que la medicina no podía socorrer una enfermedad cruelmente infecciosa, que diezmaba las poblaciones indefensas. En aquella época los seres humanos experimentaron de forma radical la fragilidad de la vida humana, conscientes de que sólo Dios puede salvar de la muerte ocasionada por una enfermedad incurable, en la que se manifiesta el alcance de la muerte definitiva y eterna que causa la la infección del pecado, que sólo Dios puede curar.

La santidad de san Roque se manifiesta en la atención que prodiga a los apestados durante su peregrinación a Roma, de suerte que su gran caridad se convierte en lección de cómo quien socorre a pobres y enfermos, poniendo tan sólo la fe en Dios, que es el auxilio definitivo de la debilidad humana, se convierte en medio extraordinario de curación para los demás; aun cuando tenga que afrontar la persecución y la cárcel como vuestro santo Patrón. Dios acredita en la vida y muerte de san Roque que sólo la caridad permanece y el fruto del amor dura siempre. La fe y la esperanza pasarán cuando alcancemos la visión de Dios, pero la caridad dura siempre, pero “el amor no pasa nunca” (1 Cor 13,8), porque estamos llamados a vivir eternamente felices en el amor de Dios, que nunca acaba.

Los santos son quienes saben dar su propia vida por los demás olvidándose de sí mismos. Lección de santidad de singular alcance por su ejemplaridad en tiempos de especial dificultad. Por eso, al honrar hoy a vuestro santo Patrón, tened presente que fue su comunión con Cristo, templo donde habita la plenitud de la divinidad, donde Dios Padre nos ha ofrecido la regeneración de la humanidad, manifestada en la humanidad resucitada y gloriosa de Cristo. A ella se llega a través de la cruz que lleva consigo toda donación de sí y toda generosa entrega de la propia vida para que los demás no la pierdan. Ojalá esta ejemplaridad del santo peregrino aliente vuestras mejores empresas de fraterna solidaridad y laboriosa construcción de una sociedad más humana y conforme con la voluntad de Dios, desterrando de vosotros las enfermedades del espíritu que son las más difíciles de curar, porque todo lo infeccionan y conducen a la pandemia de los egoísmos de diverso cuño que todo lo corrompen.

Quiera el Señor bendeciros por intercesión de vuestro santo Patrón, al que hoy honráis agradecidos a sus favores a lo largo de vuestra historia de fe cristiana. Que, por su oración, sigáis fieles a la tradición de fe recibida y de la que todos los cristianos hemos de dar testimonio en la sociedad de nuestros días. Que la Virgen, cuya gloriosa Asunción a los cielos en cuerpo y alma precede a la fiesta de san Roque, sostenga vuestra fe con su maternal cuidado; y que esa fe inspire vuestro compromiso en favor de una verdadera una paz social basada en la justicia y la caridad.

Iglesia parroquial de Felix

8 de noviembre de 2014

                                                           + Adolfo González Montes

                                                                Obispo de Almería

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