Queridos religiosos y religiosas:

Me dirijo en especial a vosotras, queridas religiosas, ya que este encuentro es fundamentalmente con las religiosas, al cual se suman algunos religiosos presbíteros y hermanos profesos. Los religiosos presbíteros están invitados al encuentro de todo el Clero con el Obispo y los religiosos no sacerdotes son escasos en nuestra Iglesia diocesana.

Saludo  a todos con afecto y respondo a la felicitación que habéis querido expresar los diversos grupos de vida consagrada mediante el representante de cada uno de ellos. Respondo a todos con mi felicitación que extiendo también a todos los religiosos y religiosas de nuestra diócesis: a los que pertenecéis a comunidades agrupadas en Confer y los que no lo están, los que son de estas tierras y los venidos a fuera destinados a las casas de Almería para ayudarnos y vivir aquí entre nosotros vuestro carisma, una vida  en religión y de consagración al servicio de esta Iglesia diocesana.

Saludo a las diversas sociedades de vida apostólica y también a los institutos laicales de vida consagrada, a los miembros de los institutos agrupados en Cedis, que os habéis querido sumar, como en años anteriores, a esta felicitación navideña.

Estamos caminando hacia el final del Año de la Vida consagrada, que ha querido conmemorar los cincuenta años del Decreto sobre la adecuada renovación de la vida religiosa Perfectae Caritatis, del Vaticano II. Este aniversario eclesial se cumplían el pasado 28 de octubre, ya que en esta fecha fue aprobado por los Padres conciliares en 1965.

Este año dedicado a la vida consagrada viene siendo un año rico en iniciativas; y justamente terminará en poco tiempo, cuando nos encontramos ya inmersos en el Año Santo de la Misericordia. Este Jubileo Extraordinario, convocado por el Papa Francisco para toda la Iglesia, viene acompañado por el  Año Jubilar Dominicano, concedido por la Penitenciaría Apostólica para celebrar los ochocientos años de la aprobación de las Constituciones de la Orden de Predicadores por el Papa Honorio III. Con ello, podemos decir que gozamos de un cúmulo de gracias que responden a la generosidad de Dios para con nosotros, en un tiempo particularmente oportuno para estimular y promover el carisma religioso y de consagración de vida entre los bautizados. Hemos de hacer cuanto esté en nuestras manos para que, por medio de los religiosos y religiosas, y también de las demás personas de vida consagrada, el pueblo de Dios y la sociedad en general perciban en la vivencia de los diversos carismas un signo de la salvación que Dios ofrece, a la Iglesia y al mundo, mediante la vida de consagración de tantos hijos de la Iglesia.

En la Carta que el Santo Padre dirigía a todas las personas de vida consagrada, convocando este año de gracia, os decía el Papa con relación a esta efeméride eclesial que justificaba este Jubileo de los religiosos, es decir, el quincuagésimo aniversario de la aprobación del Decreto conciliar sobre la renovación de la vida religiosa: «Gracias al Concilio, la vida consagrada ha puesto en marcha un fructífero proceso de renovación, con sus luces y sombras, ha sido un tiempo de gracia, marcado por la presencia del Espíritu»[2]. Es el mismo santo Papa el que propone el modo de proceder en una situación de crisis vocacional en los países occidentales de tradición cristiana, donde han disminuido las vocaciones de forma significativa, indicando que, juntamente con la oración por las vocaciones «es urgente esforzase mediante el anuncio explícito y la catequesis adecuada, por favorecer en los llamados a la vida consagrada la respuesta libre, peo pronta y generosa, que hace operante la gracia de la vocación»[4].

Quiera el Señor preservar la vida comunitaria de vuestra pequeñas comunidades y la vida de las comunidades conventuales de clausura, recinto donde la vida trinitaria encuentra realización temporal, como un anticipo de aquello que esperamos. En el año que termina hemos celebrado el V Centenario de las Concepcionistas Franciscanas el 9 junio. Estas monjas de clausura llevan quinientos años habitando el Monasterio de la Purísima Concepción. Desaparecido hace ya quince años el monasterio de Concepcionistas de Vélez Blanco, sólo ellas con las Clarisas son  monasterios autónomos en nuestra diócesis, a las que hay que sumar la casa conventual de las Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada. Las tenemos muy presente en este encuentro y sentimos su presencia espiritual con nosotros.

Ojalá que este año dedicado a la vida consagrada termine con el enriquecimiento de vuestras comunidades, abiertas, como quiere el Papa, a proyectos de convergencia y común empeño, que ayudarán a toda la Iglesia a seguir mejor el camino de la santidad y a llevar a cabo formas de practicar la caridad cristiana que estimulen las vocaciones que necesitamos. Damos gracias a Dios porque nos ha bendecido con la llegada de una nueva comunidad de Religiosas Misioneras Agustinas  Recoletas, para incorporarse y colaborar con el complejo educativo del Seminario Conciliar y del Colegio Diocesano de San Ildefonso.

Os deseo unas felices y santas Navidades, llenas de gozo espiritual, de alegría que brota de la fe porque hemos conocido el amor que Dios nos ha tenido dándonos a su propio Hijo. Que la Virgen madre y san José intercedan por todos los religiosos y religiosas y por todas las personas de vida de especial consagración en la Iglesia. Os bendigo de todo corazón.

Almería, a 19 de diciembre de 2015.

                                                     X Adolfo González Montes

                                                              Obispo de Almería


[2] San Juan Pablo II, Exhortación apostólica  postsinodal sobre la vida consagrada y su misión en la Iglesia y en el mundo Vita consecrata [VC] (25 marzo 1996), n.64a.

[4] Francisco, Carta a los consagrados, n. 2.

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