Queridos diocesanos:

En esta procesión de alabanzas a nuestra Patrona, Nuestra Señora la Virgen del Mar, hemos querido sacar a la calle su sagrada imagen y en este desfile procesional acercarla al pueblo fiel que con tanto amor venera y rodea con su piedad y cariño esta efigie venerable de la Virgen María, Madre de Cristo y Madre de la Iglesia.

Que la Virgen salga para recibir este tributo de amor que le ofrendan tantos miles de hijos es expresión de la fe cristiana de los moradores de esta noble ciudad y de estas tierras abiertas al Mar Mediterráneo y a las gentes que llegan por él. Los católicos no estamos solos en esta porfía de amor a María, también otros cristianos tributan este mismo amor a la mujer que legítimamente invocamos todos los bautizados como Madre de Dios, por ser la madre del Hijo de Dios, Jesucristo nuestro Señor. También desde fuera de la Iglesia se contempla con admirada veneración y respeto la imagen de María, la humilde mujer de Nazaret, esposa de José y madre de Jesús, la sagrada Familia de Jesús, María y José, que con su vida ejemplar de comunión en el amor nos ayuda y estimula nuestro amor por el matrimonio y la familia, patrimonio espiritual de la civilización humana, santuario de la vida y célula básica de la sociedad, comunidad fundamental de personas, iglesia doméstica imagen de la comunidad eclesial.

Por eso, esta tarde queremos renovar nuestro amor por la Madre espiritual de los discípulos de Jesús, y sintiendo su amparo espiritual, nos dirigimos a la santísima Virgen María y con fervorosa piedad le presentamos la plegaria que brota de nuestros corazones cristianos, pidiéndole por la salud y estabilidad de todas las familias:

«Virgen y Madre, Santa María del Mar, escucha en esta tarde nuestra oración por las familias, para que crezca el amor de los esposos y fructifique en el amor de los hijos, escuela de convivencia y de paz social, escuela de comunión eclesial. Ayúdanos a comprender que la familia es creación divina, comunidad de amor donde se aprende a crecer en el amor y a entender la vida como concordia y convivencia fraterna entre los seres humanos, miembros todos de la gran familia de Dios.

Sostén a los esposos con tu maternal intercesión ante tu divino Hijo, y como hiciste con los jóvenes esposos de Caná, acude en socorro de los esposos que se hallan en dificultad, al borde de la ruptura o alejados de aquel anhelo de felicidad que los llevó al matrimonio. Ayúdales a renovar su amor recíproco.  Que los jóvenes lleguen a comprender que la gran aventura del amor humano es proyecto divino que no se puede vivir de espaldas a Dios y a su ley, que amor se aprende en la escuela doméstica del amor recíproco de padres e hijos.

Que el deseo de bienestar estimule a los responsables de la vida pública a poner los medios materiales y morales a su alcance que hagan posible el trabajo necesario para una vida con dignidad, superando los egoísmos e intereses de diverso orden, tantas veces disimulados y cubiertos de aparente interés general, pero que soslayan y marginan el interés común de la sociedad.

Te encomendamos a los jóvenes sin trabajo, a los que han decidido buscarlo, no sin dificultades, lejos de su hogar. Te pedimos a ti, Madre solícita de todos tus hijos, sobre todo de los que se abren a la vida con esperanzada ilusión como los jóvenes, que inspires en sus formadores la orientación responsable que los abra a una solidaria integración en la sociedad mediante el saber y el trabajo, el desarrollo de las virtudes cristianas y el aprecio de los valores morales, y sentimientos de misericordia con aquellos que yerran y necesitan amparo y perdón para volver a intentarlo.

Recaba de tu amado Hijo, Señor y Pastor de nuestras almas, que la fe ilumine la vida de nuestra sociedad, tentada a olvidarse de Dios y del Evangelio de Cristo. Tú que concebiste a Jesús por obra del Espíritu Santo, ayúdanos a vivir movidos por este mismo Espíritu que procede el Padre y que por Jesucristo ha sido ha derramado sobre nosotros, para que conozcamos y le amemos a Dios misericordioso, que por amor nos ha creado y nos ha redimido.

Al pedirte en esta hora por las familias y por los jóvenes, te pedimos por el futuro de nuestra sociedad y de la Iglesia. Ponemos Dios nuestra esperanza de permanecer cristianos y con tu ayuda ser capaces de llevar el Evangelio a los hombres y mujeres de nuestro tiempo que se alejan de tu regazo. Nos ponemos bajo tu protección maternal, porque sólo queremos, Señora y Reina, que nos protejas, tu amor, Señora, tu bendición. Contigo, Estrella de los Mares, suplicamos de Dios por Jesucristo, permanecer en la fe que hemos recibido de nuestros mayores y transmitirla con acierto a las nuevas generaciones. Amén».

Almería, Plaza Circular

28 de agosto de 2016

                                   X Adolfo Gonzáles Montes

                           

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