Queridos profesores, formadores y seminaristas:

Con este acto académico inauguramos hoy un nuevo curso, después de haber celebrado al Misa del Espíritu Santo. La apertura nos proporciona la ocasión para recordar con agradecimiento ante la comunidad académica al fallecido Director del Centro de Estudios Eclesiásticos, que nos ha dejado recientemente de forma prematura: nuestro muy estimado y recordado profesor de la Facultad de Teología de Granada y de esta Centro durante tantos años, el Dr. D. José Luis Sánchez Nogales, que el Señor haya recibido en su gloria. Su marcha ha sido para nosotros una merma importante de posibilidades, tanto por su preparación como por su calidad como docente.

El Señor «hiere y venda la herida», leemos en el libro de Job, y hoy presentamos al nuevo Director del Centro, el profesor Dr. Andrés Francisco Rodríguez Quesada, que tiene ahora por delante una tarea que le confiamos convencido como estoy de que su preparación y competencia contribuirá de modo notable a llevar adelante este centro superior del Seminario Conciliar, afiliado a la Facultad de Granada. El nuestro es un centro que ha vivido en diez años un cambio generacional en la docencia y, sin duda, como sucede con el paso del tiempo, en la mentalidad. Las nuevas generaciones de profesores han supuesto una apuesta por el futuro del Seminario en la que hemos puesto el mayor empeño, sin escatimar medios dentro de la modestia de nuestros recursos humanos, materiales y espirituales.

Si más vocaciones tuviéramos, progresivamente avanzaríamos en la consolidación de este Centro de Estudios Eclesiásticos. Sin embargo, estamos contentos con el esfuerzo realizado y vemos como comienzan a sentirse los frutos del empeño puesto en la renovación del Seminario, ya que en este nuevo curso se incorpora al claustro de docentes como profesor de Sagrada Escritura el Dr. D. Javier Ocaña Gámiz, después de su paso por las Universidades de Almería, Navarra y el Instituto Bíblico de Roma, no sin haber ampliado estudios en la Universidad Hebrea de Jerusalén y en períodos de investigación en la Escuela Bíblica de la Ciudad Santa. Como la especialidad de la exégesis bíblica es un importante cometido docente en un curriculum teológico, celebramos la incorporación de don Javier a la docencia en un centro como el nuestro, convencidos de que nos ayudará con su preparación a consolidar el claustro.

Hemos de seguir haciendo cuanto esté en nuestras manos para contar con nuevos profesores propios del centro, pidiendo la ayuda del Señor. Sin embargo, los frentes que tenemos hoy abiertos en un Seminario como el nuestro hoy, piden de todos cuantos somos parte de esta comunidad de estudios y formación un esfuerzo aún mayor para contribuir, en nuestra medida a la mejor formación humana y espiritual de los seminaristas.

En este sentido, hago un llamamiento a los sacerdotes diocesanos para que contribuyan a esta tarea ineludible con el cultivo de las vocaciones sacerdotales, para atraer al Seminario a jóvenes bien dispuestos en razón de un discernimiento espiritual, que les lleve a optar por el ministerio, como nos exhorta constantemente el Papa. Del mismo modo, animo al equipo de formadores a seguir con ilusionado empeño haciendo el siempre difícil camino de guía y orientación, al tiempo que de esmerado acompañamiento de nuestros seminaristas.

A todos llamo a encomendar al Espíritu Santo la maduración de las vocaciones al ministerio, pidiendo a Dios que nos las conceda, conscientes de las dificultades que la sociedad de hoy y la cultura ambiente generan en los jóvenes educados en la fe. Tenemos la esperanza de que el Sínodo, que va a comenzar sobre los jóvenes y las vocaciones, nos ayude a discernir el camino que hemos de seguir, teniendo como tenemos memoria del camino que ya hemos recorrido en las últimas décadas. No partimos de cero, tenemos una historia de adaptación a los tiempos que atraviesa todo el postconcilio y llega hasta hoy. Esa historia es testigo de algunas decisiones tomadas que se han acreditado como erróneas, y repetirlas sería poco razonable y sus consecuencias demoledoras para las vocaciones.

Un Centro de Estudios Eclesiásticos cumple una función irremplazable en una diócesis para la formación de los candidatos al ministerio pastoral; contribuye de manera decisiva a la promoción intelectual, espiritual y pastoral del clero diocesano; ayuda a sostener la vocación intelectual de un buen número de sacerdotes, necesarios como colaboradores del Obispo en la guía espiritual del presbiterio y de la Iglesia diocesana en su conjunto; y sirve a la preparación de clérigos, junto a laicos cualificados bien preparados para la administración solvente de la Curia y del Tribunal eclesiástico, cuya naturaleza eminentemente pastoral resulta imprescindible en una diócesis.

La colaboración del Centro de Estudios Eclesiásticos con el Instituto Superior de Ciencias Religiosas es de especial valor, para aunar en un proyecto amplio y generoso la formación de clero y laicado, en un tiempo en el que la cultura agnóstica de nuestro tiempo supone un importante reto a la nueva evangelización de una sociedad como la nuestra, cuya génesis es imposible explicar sin la historia del cristianismo. Vivimos en el ambiente de una concepción histórico-social que hoy tiende a convertir en mera cultural secular incluso las manifestaciones más genuinas de la fe mediante la manipulación del lenguaje. Hoy se nos propone una «re-significación» de los fenómenos e instituciones, patrimonio histórico y obras de la religión que las haga digeribles para una sociedad altamente secularizada, para que puedan ser mejor fagocitadas por la cultura secular y la sensibilidad agnóstica de nuestros días. Ignorar esta realidad no es ser “pro-activos”, como ahora se dice, sino perder la capacidad de reconocimiento de los signos de los tiempos, que son unos positivos y otros no.

Estamos ante un reto, ciertamente, de amplio espectro: un reto que hemos de afrontar con decisión, pero no es posible tomar decisiones sin convicciones definidas, iluminadas por la fe en Cristo, capaces de roturar un tiempo nuevo. Que la Virgen María de la Merced y san José, patrón de las vocaciones sacerdotales, nos ayuden con su acompañamiento espiritual y su intercesión.

Queda inaugurado el Curso académico 2018/2019 en el Centro de Estudios Eclesiásticos de Almería, en el Seminario Conciliar de San Indalecio.

Almería, a 24 de septiembre de 2018

                  + Adolfo González Montes

                          Obispo de Almería

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