Representantes de los diversos medios de comunicación,
Queridos amigos:

Me es muy grato poder felicitarles la Navidad en el contexto de esta comida de fraternidad que el Obispo ofrece a los medios de comunicación, como un gesto de reconocimiento a su estimable labor social y a la atención que prestan a la vida de la Iglesia, a sus actividades apostólicas y pastorales y a su mensaje.

La vida de la Iglesia es inevitable, aun cuando deliberadamente se quiera ocultar o bien oscurecer, porque la vida de la Iglesia pertenece a la misma sociedad y en ella la Iglesia es portadora de los valores espirituales que han dado sentido a nuestra cultura. Lo repetimos con el deseo de que los prejuicios y las motivaciones ideológicas no impidan a los comunicadores de los diversos medios dar cuenta objetiva de la labor de los católicos, no sólo de aquello que la Iglesia hace y dice, o promueve en nuestras sociedades de tradición cristiana, sino también en la geografía donde se halla menos implantada que en nuestros países  de tradición cristiana.

Sucede que, mientras los hecho graves que ocurren en la Iglesia, que no tienen justificación alguna ni pueden ser disimulados, han sido ampliamente utilizados por algunos para crear una opinión que enjuicie de forma negativa a la Iglesia Católica, otros hechos son silenciados o apenas dados a conocer. Se silencia la razón de ser del mensaje religioso, con demasiada frecuencia, para detenerse tan sólo en lo hostil que puede resultar a la mentalidad contemporánea, dando por supuesto que por hecho de ser una mentalidad de hoy es en sí misma incuestionable.

Aún cuando podríamos detenernos en ello, quiero referirme ahora a un solo una realidad, cuyo silenciamiento unas veces, justificación inaceptable de que suceda otras, y  en cualquier caso siempre poco publicada,  es la persecución que los cristianos en tantos países y la hostilidad que tienen que sufrir por su fe. Se persigue a los cristianos hasta su exterminio social y a veces físico en algunos países, y se les fuerza  a emigrar por necesidad, para salvar la vida o para poder vivir en libertad.

Las noticias, aun cuando son poco difundidas o comentadas, permiten enumerar las situaciones claramente lesivas de los derechos humanos, entre los cuales se encuentra como pieza clave el derecho a la libertad religiosa. Así, hemos de hablar de la dramática persecución hasta el genocidio de los cristianos en Sudán durante las dos últimas décadas, sin que al presente, aun cuando la situación ha mejorado sensiblemente en relación con años pasados, se haya hecho todo lo necesario para parar las matanzas, la represión y el acoso a las comunidades cristianas del Sur de este país africano. Estos últimos meses viene siendo actualidad la preocupante violencia ejercida contra los cristianos en Iraq, una persecución que tiene por objetivo expulsar del país a las comunidades cristianas caldeas. No es suficientemente conocida la discriminación y total obstaculización de la presencia pública del cristianismo en Arabia Saudí. En países de tradición más tolerante, que se mueven en la órbita occidental como Egipto y Marruecos, también se obstaculiza el ejercicio pleno de la libertad religiosa, ya que no resulta fácil poder cambiar de religión. En general, salvo en algunos emiratos del Golfo, en los países musulmanes no es fácil ser cristiano, particularmente en Afganistán y en Paquistán, pero también en Indonesia, y en países africanos como Nigeria y algunos países subsaharianos, en los que ha crecido el integrismo fundamentalista islámico en los últimos tiempos. Otro tanto hay que decir sobre la vida de los cristianos en algunos estados de la India, donde un brote de hinduismo intolerante ha venido a sumarse desde hace un par de décadas a la hostilidad contra los cristianos que se produce en los territorios musulmanes de la India, donde se hace difícil una convivencia pacífica de las confesiones religiosas, algo difícil de comprender en la tradición tolerante de la India.

Del mismo modo hay que hacer referencia a la situación que viven los cristianos en China, particularmente los católicos, a los cuales el régimen político trata de forzarlos a entrar en una Iglesia Nacional Patriótica controlada por el Partido Comunista, al modo como lo intentaron los regímenes totalitarios del comunismo soviético en tiempos todavía recientes en la Europa del Este.

Tendríamos que hacer especial mención en estos días de los cristianos que viven en el Oriente próximo, en el escenario donde aconteció la historia de la revelación bíblica y la historia de Cristo Jesús, cuyo nacimiento conmemoramos. Los cristianos han sido presionados para abandonar sus tierras de nacimiento y sus negocios y trabajo en Palestina y en Israel, pero también en el Líbano, donde una guerra civil y la presión de Siria siguen condicionando la duración estable de la paz después de tantos años de guerra civil y guerra con Israel.

Sería muy necesario hacer otras menciones y detenernos en otros análisis, pero este recorrido es suficiente, para hacernos una idea del sufrimiento de muchas comunidades cristianas en el mundo; y para caer en la cuenta de que hoy, como a lo largo de la historia de la Iglesia, la persecución de la fe cristiana es de actualidad porque forma parte de su vida. ¿Por qué los medios de comunicación no le prestan toda la atención que merece? Se trata de garantizar el derecho fundamental a la libertad religiosa, que hoy compartimos cuantos vemos en el respeto a los derechos humanos y a la dignidad de la persona el fundamento de la convivencia en verdadera libertad

Mi propósito en esta breve alocución no es, sin embargo, afrontar un debate con los medios de comunicación sobre tema de tanta gravedad y actualidad, sino agradecer la crónica religiosa y la atención que ustedes prestan a la vida de la Iglesia, al tiempo que les invito a examinar la objetividad, competencia y cualificación con que se procede en la información sobre temas religiosos y sobre la vida de la Iglesia Católica y otras confesiones cristianas en el marco cultural y social de nuestros días. Les invito a preguntarse por los motivos que les llevan a acentuar y dar relieve a unas cosas y a moderar el eco de otras.

Muchas gracias por haber aceptado un año más la invitación a participar en esta comida de fraternidad de las Navidad. Una vez más reitero mi gratitud y felicitación, pidiendo para todos ustedes y sus familias y empresas las bendiciones del Niño de Belén.

Muchas gracias. ¡Feliz Navidad!

Almería, a 29 de diciembre de 2010

 

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería
Pin It

BANNER01

728x90