Querido hermano, Obispo electo de Guadix,

Ilustrísimo Sr. Deán Presidente;

Señores Capitulares:

 Agradezco las palabras de felicitación que acaba de pronunciar el Sr. Deán Presidente del Cabildo Catedral, en este tradicional acto navideño. Quiero corresponder a este gesto anual animando a los señores Capitulares a tener en gran estima este Capítulo de Canónigos, que el Obispo diocesano tánto aprecia como institución presente y activa en la vida de nuestra Iglesia particular; como personalmente aprecia a cada uno de los capitulares por el consejo y la colaboración con que le asisten en el ejercicio de su propio ministerio episcopal.

Desde el principio de mi ministerio, como bien es conocido, he querido consolidar la institución capitular, tratando de nutrirla con miembros que gozaran de estima sacerdotal y destacaran de una u otra manera por razón de los servicios prestados a los fieles cristianos, en razón de los oficios que han desempeñado en la diócesis. Se trata de una elección, en régimen de libre nombramiento, tal como está prevista por el derecho de la Iglesia, que en ningún modo ha querido nunca otra cosa que acertar, asumiendo, como en todas las cosas humanas, el riesgo del error. Los nombramientos realizados han querido siempre tener en cuenta las distintas sensibilidades que he podido apreciar dentro del presbiterio diocesano y, tras haber oído al propio Cabildo.

Ante el paso del tiempo y los relevos que se han ido imponiendo, las consultas realizadas al Cabildo sobre posibles candidatos a su incorporación al mismo como nuevos capitulares, han pretendido contar con un número razonable de candidatos que permitieran al Obispo, llegado el momento, el nombramiento de personas competentes, que hayan destacado, tal como señala el can. 509, tanto “por su doctrina e integridad de vida” como por haber desempeñado “meritoriamente su ministerio”. Cualquiera puede razonablemente entender que estas exigencias requeridas por el Código tienen en todas las personas sus límites, pero debe salvarse el juicio global atendido el proceso ministerial seguido por cada uno de los sacerdotes sobre los cuales ha de recaer el nombramiento.

Por otra parte, los Estatutos que rigen el Cabildo y que han sido aprobados por el Obispo, y en los últimos meses modificados levemente para su mejoramiento, han intentado combinar la autonomía del Cabildo con el principio establecido por el derecho, según el cual y a tenor del canon 157 se establece el principio de libre colación episcopal de los oficios eclesiásticos por parte del Obispo en su Iglesia particular; de suerte que todos y cada uno de los oficios pueden ser libremente designados por el Obispo, oído el Cabildo. Los Estatutos combinan el nombramiento de los oficios estables, mediante libre colación del Obispo, con el nombramiento mediante elección por los capitulares, que el Obispo consiente y aprueba, en orden a una mayor autonomía de la institución del Cabildo.

Que sea así es el resultado de la eclesiología del Vaticano II y, en consecuencia del desarrollo postconciliar de la teología del ministerio episcopal, inseparable de la teología de la Iglesia particular. Al Cabildo se confían importantes cometidos juntamente con el primero y principal: la liturgia de la Iglesia Catedral, en la cual concelebran y asisten al Obispo en el ejercicio del munus sacderdotalis, del cual ellos mismos como presbíteros participan de modo colegial, habiendo sido incorporados a él mediante la ordenación por la imposición de manos de los obispos diocesanos.

Entre estos cometidos más principales, reviste particular importancia el mantenimiento, custodia y promoción del patrimonio histórico-artístico y documental de la Catedral, particularmente el mantenimiento de su fábrica, continente obligado para poder soportar el complejo patrimonial religioso y cultural que constituye y el rico acerbo de bienes artísticos, documentales y otros bienes muebles de diverso género que la Catedral alberga.

Desearía vivamente que ambos cometidos fueran valorados en lo que representan, y estimados como deber y vocación al servicio de la Iglesia particular y a favor de todos los fieles, pues la Catedral constituye por sí misma un signo cuasi sacramental como Iglesia madre de la diócesis y ámbito de los divinos oficios. De ahí que el rezo de las horas y canto del coro, juntamente con las celebraciones solemnes de la eucaristía presididas por el Obispo, constituya la quintaesencia de la actividad canonical. A ella se suma la salvaguarda de la Iglesia madre y de sus bienes culturales, que sirven a la proclamación de la palabra de Dios y celebración de los misterios de la fe; bienes que son testimonio vivo y eficaz de la historia de la Iglesia Católica a lo largo de los siglos.

Al agradecerles la felicitación anual, permítanme señores Capitulares, que ponga el énfasis que merece ponderar ante el Cabildo los cometidos que, al aceptar el oficio,  los Capitulares asumen y prometen cumplir. Es justo que el derecho salvaguarde la autonomía que requieren las personas jurídicas para el cumplimiento de sus propios fines, pero las instituciones se acreditan en la medida en cumplen los fines que les dan razón de ser y justifican su existencia.

Hoy tenemos, además, un motivo particular, que a todos nos llena de contento, para celebrar con gozo este encuentro navideño de Obispo y Capitulares, como es el reciente nombramiento del Canónigo Doctoral de este Cabildo durante los últimos años, Don Ginés García Beltrán, como Obispo de Guadix. Todos le hemos felicitado al nuevo Obispo, y la diócesis se alegra sobre manera de este nombramiento con el que el Santo Padre nos ha obsequiado esta Navidad. Encomendamos al Obispo electo de la diócesis hermana de Guadix al Señor y a la Santísima Virgen, al tiempo que agradecemos al Autor de todo don y bien, el Dios de todas las misericordias, que haya querido distinguir a este Cabildo almeriense para estimularnos a todos a una mayor fidelidad a nuestro ministerio en favor de todos los fieles. Querido Don Ginés, ad multos annos!

Con los ángeles que anunciaron el nacimiento de Jesús a los pastores, demos  gloria a Dios, al tiempo que nos sumimos todos, estos días llenos de devoción y piedad cristiana, en la contemplación del misterio revelado en Belén, donde nos es dado ver a Dios en carne humana para nuestro gozo y salvación.

Termino reiterando mi felicitación a todos los señores Capitulares y deseándoles una feliz y santa Navidad, al tiempo que, como siempre, bendigo de corazón sus personas y tareas en esta Santa y Apostólica Iglesia Catedral.

 S.A.I. Catedral de la Encarnación

+ Adolfo González Montes                                                                                                                              

Obispo de Almería

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