Respuesta a la Felicitación de Navidad de lAs Religiosas

Queridas Religiosas:

Agradezco las palabras de felicitación navideña que acaba de pronunciar en nombre de todas  vosotras y de vuestros Institutos de vida religiosa ............  Este encuentro es una expresión viva de la comunión con el Obispo, que es Cabeza de la Iglesia particular y presencia de Cristo en ella.

Bien conocéis, queridas Religiosas, mi aprecio por la vida de consagración que “es un don de Dios Padre a su Iglesia por medio del Espíritu” (VC, n.1a). La vida de consagración religiosa “es parte integrante de la vida de la Iglesia, a la que aporta un decisivo impulso hacia una mayor coherencia evangélica” (VC, n.3a); y porque es así, la vida religiosa es una de las instituciones que determinan la misma vida de la Iglesia y la cualifican sacramentalmente, porque en la vida de consagración se expresa el destino trascendente del ser humano, por eso los votos dan un particular sentido escatológico a la vida de consagración religiosa, recordando a todos que “no tenemos aquí ciudad permanente, sino que andamos buscando la del futuro” (Hb 13,14).

Este sentido escatológico de la existencia consagrada es constitutivo de la misma, de suerte que si se ciega o se desfigura, la vida religiosa pierde significación y resulta estéril tanto para las personas de vida religiosa como para las demás. Permitidme por esto que insista en el carácter significante que debe acompañar la vida de los religiosos. Vuestra libertad en Cristo no tiene primordialmente un significado funcional, en el sentido de que, ante todo y en primer lugar, os hiciera más idóneas para mejor servir a los demás. La libertad de un corazón no dividido, como dice el Apóstol de las gentes, es para que sea el Señor y su reino quien lo llene (cf. 1 Cor 7,33-34), dando a entender a cuantos así lo contemplen que en el futuro será ésta la condición de los seres humanos en Dios. Por eso la libertad que os concede el corazón indiviso llega a los hermanos revelando que el amor al prójimo se nutre del amor a Dios. Sólo así vuestra vida se hace servicio incondicional a los hombres. Como dice Vita consecrata: “En realidad, la vida consagrada está en el corazón mismo de la Iglesia, como elemento decisivo para su misión, ya que «indica la naturaleza íntima de la vocación cristiana» y la aspiración de la Iglesia Esposa hacia la unión con el único Esposo” (VC, n.3a).

Si así lo vivís vuestro servicio inapreciable a los hermanos adquiere una densidad de significación desbordante. Vuestra dedicación a la infancia y a la juventud, a los enfermos y ancianos, a los pobres y necesitados, objeto de vuestra vida apostólica, adquiere un valor testimonial de singular alcance: se hace expresión y manifestación del amor de Dios a los hombres y de su misericordia y perdón. En una sociedad materialista y consumista, sumida como está en una crisis espiritual y social que ha conducido a la recesión económica que padecemos,  vuestro servicio entregado a los necesitados se convierte en de amor divino y en una invitación a cambiar los valores del mundo por los valores del reino de Dios.

 Al felicitaros yo también, quiero agradecer a Dios el don de vuestra vida de consagración y darle gracias por la labor apostólica y de servicio a los hermanos que realizáis en la diócesis, pidiendo al Señor que os mantenga fieles a vuestro carisma, el de cada congregación e instituto. Que os ayude a redescubrir la forma nueva de vivirlo, en entera fidelidad al proyecto de vuestros fundadores, hombres y mujeres que en el origen de vuestra historia fueron movidos por el Espíritu Santo abriendo un camino de consagración en la Iglesia. Tengo muy presentes también a las religiosas de clausura, cuya vida de oración ininterrumpida sostiene la acción apostólica y pastoral de la Iglesia, porque todo es gracia.

Que el Niño de Belén, nacido de la Virgen María, así os lo conceda. Muchas gracias. ¡Feliz y santa Navidad!

Almería, 23 de diciembre de 2008

Auditorio Juan Pablo II

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería

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