DISCURSO EN EL ENCUENTRO DE NAVIDAD CON EL CLERO

Querido Sr. Obispo emérito,
Queridos sacerdotes y diáconos:

Me es muy grato poder dirigirme un año más a todo el clero diocesano secular y regular, a los sacerdotes que forman el presbiterio diocesano y a los diáconos. Con vuestra colaboración el ministerio apostólico del Obispo lleva a término aquel ejercicio ministerial que es propio de los sucesores de los apóstoles, pero que se realiza en la comunión del Colegio presbiteral que el Obispo preside.

Necesaria comunión de los presbíteros y del Obispo

Nuestro ministerio, en efecto, es una participación colegial del ministerio de Cristo como Maestro, Sacerdote y Pastor de la grey que Dios Padre le ha confiado. Doy gracias a Dios por esta comunión de hermanos al servicio del pueblo de Dios en la Iglesia de Almería. Nadie puede realizar su ministerio pastoral por sí solo, aislado de los demás hermanos sacerdotes, porque todos participamos del sacerdocio de Cristo, en aquella forma específica y diferenciada del sacerdocio real de los bautizados, que es verdadera representatio Christi y que el Obispo ejerce en plenitud.

Exhorto, por ello, a todos los sacerdotes a ayudarse recíprocamente a que ningún presbítero quede aislado del presbiterio en el ejercicio del ministerio. Es necesaria esta ayuda mutua que han de prestarse los sacerdotes para mantenerse en aquella comunión que da sentido y eficacia al ejercicio de su ministerio pastoral. Reitero la voluntad de la Iglesia sobre asunto y, por ello mismo, quiero hacer observar a todos la importancia que tienen los encuentros de arciprestazgo, las sesiones de formación, a las que se convoca a todos los sacerdotes y a las que todos han de procurar asistir organizando su tiempo de forma que les sea posible el encuentro con los hermanos sacerdotes y con el Obispo diocesano.

No por sabidas dejan des ser siempre oportunas estas observaciones, que han de estimularnos a la fidelidad a la misión recibida y al compromiso de la comunión fraterna en el presbiterio con el Obispo, que cuenta igual que el presbiterio con la ayuda ministerial de los diáconos. Una ayuda que ha de ser la que corresponde a un ministerio ordenado propio.

La instauración del diaconado permanente

Si hemos decidido, justamente, la instauración del diaconado permanente ha sido para introducir de modo estable en la vida de la Iglesia diocesana este servicio que emana del sacramento del Orden y constituye un ministerio propio, don del Señor a su Iglesia. Por esta razón, he pedido recientemente a los miembros del Consejo presbiteral que contribuyan de manera decisiva a la presentación y selección de aquellos candidatos idóneos al diaconado permanente, a fin de poder trazar un programa diocesano que concrete en nuestra Iglesia particular de Almería la Ratio fundamentalis institutionis diaconorum permanentium, publicada en 1998 por la Congregación del Clero y seguida de la conveniente adaptación para nuestro país, realizada por la Conferencia Episcopal Española, con las Normas básicas para la formación de los diáconos permanentes en las diócesis españolas (Madrid 14 de abril de 2000).

A ambos documentos me he referido ya, tras haber escuchado un último y definitivo parecer del Consejo presbiteral, antes de proceder a la instauración del diaconado permanente, cosa que me proponga hacer una vez que contemos ya con candidatos firmes a este ministerio. Razón para que todos los sacerdotes que puedan contribuir a la presentación y elección de estos candidatos colaboren en ello, sabiendo que al hacerlo prestarán un importante servicio a nuestra Iglesia.

Para llevar a cabo la instauración se han de dar los pasos indicados por las Normas básicas:

1º. Es el párroco quien ha de presentar al Obispo el candidato, acompañando por escrito las razones de su idoneidad, historia de vinculación a la comunidad parroquial y compromiso apostólico del aspirante.

2º. Se ha de tener en cuenta que, si el candidato es aceptado, ha de comenzar un año propedéutico bajo la dirección del presbítero a quien el Obispo nombre director de formación de los futuros diáconos, cargo que las Normas distinguen del Delegado episcopal para los diáconos ordenados, cargo que puede unir a sus propias funciones el Vicario para el Clero.
Corresponde al director para la formación acompañar a los candidatos y mantener el contacto obligado con sus familiares y las parroquias a las que pertenecen y en las que tienen sus compromisos apostólicos los aspirantes.

3º. Además de los tres responsables ya indicados se suma el director espiritual del aspirante o candidato, que es un sacerdote distinto en cada caso, expresamente aprobado por el Obispo.

4º. Si los aspirantes son jóvenes, terminado el propedéutico, han de iniciar su formación teológica y pastoral con el objetivo de obtener como mínimo la diplomatura en Ciencias Religiosas, allí donde hay un Instituto de esta naturaleza. Donde no lo hay se ha de confeccionar un plan de formación según la ratio formationis, plan que se impartirá en un centro a tal efecto, que puede ser, en nuestro caso, el Centro de Estudios Eclesiásticos del Seminario; si bien, el plan ha de ser específico y ha de consistir en un curso para diáconos durante tres años, de modo que alcance al menos mil horas lectivas a lo largo del trienio. No será nunca posible acceder a este plan de estudios sin los estudios previos al menos de secundaria; o bien según lo previsto por la ley civil para mayores de 25 años sin estudios reglados de secundaria.

No me extiendo ahora en detallarles el desarrollo del plan de estudios ni tampoco la formación humana, espiritual y pastoral, sin la cual no pueden acceder a las órdenes sagradas los candidatos al diaconado.
Si les he expuesto estos puntos es para que el perfil del aspirante al diaconado no se aparte de la mente de la Iglesia acerca de los candidatos al ministerio ordenado, que adquiere una particular importancia en los candidatos al presbiterado. Se trata con esto de evitar que se consideren aspirantes al diaconado personas que pueden ser, además de buenos cristianos, excelentes colaboradores de las parroquias, pero que no responden al perfil del candidato al ministerio ordenado. El diaconado es un ministerio de institución divina y encarna la autoridad ministerial de la Iglesia en forma propia, asumiendo aquellos cometidos u oficios eclesiásticos que le son asimismo propios en el ejercicio del ministerio pastoral.

Por esta razón, dicen las Normas: “Los candidatos al diaconado permanente deben ser personas probadas e irreprensibles, sinceras y dignas, íntegras en guardar el tesoro de la fe, generosas y compasivas, y capaces, si la tuviere (en el caso de los diáconos casados) de guiar a la propia familia (cf. CIC, can. 1029). Se les pide la madurez humana necesaria (responsabilidad, equilibrio, buen criterio, capacidad de diálogo) y la práctica de las virtudes evangélicas (oración, piedad, sentido de Iglesia, espíritu de pobreza y de obediencia, celo apostólico, disponibilidad, amor a los hermanos).” (Normas para las diócesis españolas, n. 14; cf. Ratio, 30-32).

Las Normas precisan además que la edad mínima para la admisión a la ordenación diaconal es la misma que para la ordenación de un presbítero, cuando se trata de jóvenes, es decir 25 años para el candidato célibe; y 35 años para el candidato casado. En el caso de este último las Normas precisan: “Cuando el aspirante al diaconado sea un hombre casado, será necesario el consentimiento de su esposa y un tiempo de cinco años por lo menos de vida conyugal, que asegure la estabilidad de la familia. También será conveniente que sean consultados los hijos si son mayores. La esposa debe estar dotada de aquellas virtudes y cualidades cristianas y humanas que no sólo no supongan impedimento al ministerio que ha de desempeñar el marido, sino que lo facilite, mediante su colaboración. La educación de los hijos será ejemplar y deberá existir un auténtico testimonio de hogar cristiano (PABLO VI, Sacrum diaconatus ordinem [SDO], de18 de junio de 1967, nn. 11 y 13).” (Normas para las diócesis españolas, nn. 19 y 20).

Por otra parte se precisa asimismo que los candidatos podrán proceder y desarrollar “cualquier actividad profesional que no sea contradictoria con el ministerio del diaconado y pueda conjugarse con el ejercicio de este ministerio. Como norma general, deben tener garantizado un sostén vital digno para ellos y, si la tuviere, para su familia” (Normas para las diócesis españolas, n. 22).

En el caso de que un diácono permanente consagre su vida entera al servicio eclesial y de manera especial si lo hace, además, abrazando el celibato, a fin de configurarse con Cristo en aquella forma de suma conveniencia para el ejercicio del ministerio ordenado, vigen para él las normas canónicas que garantizan el sustento de los clérigos diocesanos (Directorio para el ministerio y la vida de los diáconos permanentes, nn. 15-20).

He querido proponer estas ideas generales sobre el perfil de los candidatos al ministerio del diaconado permanente, aprovechando la presencia aquí de buena parte del presbiterio diocesano, para que al dar los primeros pasos que vamos a dar en la diócesis en orden a la instauración de este ministerio en la Iglesia de Almería, todos los sacerdotes sean conscientes de la delicada empresa que tenemos entre manos y no haya lugar a equívocos. Está en juego tanto la identidad del ministerio ordenado como el bien del pueblo de Dios en su conjunto.

Visita “ad limina Apostolorum” del 26 de febrero al 5 de marzo de 2005

Durante los últimos meses del año la Curia diocesana ha trabajado en los informes a partir de los cuales se ha elaborado la redacción final del Obispo para presentar en la Santa Sede la Relación quinquenal, de enero de 1998 a diciembre de 2003. Hemos trabajado con tesón en esta Relación, que ha supuesto sin duda alguna para cada organismo y departamento de la Curia episcopal un control en profundidad a la situación real de la diócesis. La estadística y la interpretación de los datos conspiran para darnos una radiografía de nuestra realidad diocesana que hemos vertido en unas 300 páginas que describen la vida de la Iglesia en Almería.

Una visión comparada de la estadística diocesana de 1 de enero de 1998 y 31 de diciembre de 2003 nos permite sacar algunas conclusiones:

1998

Superficie: 8.774
Población total censada: 501.761
Población flotante e inmigrante no registrada: ca. + 50.000
Fieles católicos: 495.000
Número de sacerdotes diocesanos: 120
Número de sacerdotes religiosos: 35
Número de seminaristas mayores: 29
Número de seminaristas menores: 14
Número de religiosos no sacerdotes: 22
Número de religiosas: 434
Número de parroquias: 223
Número de institutos católicos de educación: 22
Número de institutos católicos de beneficencia: 42


2003

Superficie: 8.774
Población total censada: 565.310
Población flotante e inmigrante no registrada: estimada ca. + 60.000
Fieles católicos: 529.503
Número de sacerdotes diocesanos: 139
Número de sacerdotes religiosos: 39
Número de seminaristas mayores: 20
Número de seminaristas menores: 12
Número de religiosos no sacerdotes: 17
Número de religiosas: (institutos religiosos + sociedades de vida apostólica): 390
Número de Institutos seculares de vida consagrada sacerdotal: 1
Número de Institutos seculares de vida consagrada laical: 2
Número de parroquias: 220
Número de institutos católicos de educación: 23
Número de institutos católicos de beneficencia: 23

Los cambios que arroja la estadística del quinquenio

La población de la diócesis, coincidente con la provincia ha crecido en el quinquenio en 125.000 personas estimativamente, teniendo en cuenta el número de población censada nueva y de población no censada flotante.

Si la población católica sólo se puede establecer sobre la base del censo, esta población ha aumentado en 34.503, poco más de la mitad de la población censada en el quinquenio, lo que significa que de las 63.549 personas censadas en este período, 29. 046 no son católicos y pueden ser cristianos de otras Iglesias o bien no cristianos, es decir, en su mayoría musulmanes, excluido el sin duda pequeño porcentaje sin religión al menos declarada o no creyentes y agnósticos.

Un dato extraordinariamente esperanzador es que, a pesar de los fallecimientos de sacerdotes, el número global de los sacerdotes incardinados que ejercitan el ministerio en la diócesis ha aumentado en 19 sacerdotes más en el último quinquenio; a ellos hay que sumar todavía cinco religiosos más, pasando de 35 a 39. Todo ello ha sido posible por las fecundas ordenaciones sacerdotales de este último quinquenio. Naturalmente no podemos cerrar los ojos ante el envejecimiento de los sacerdotes ni dejar de restar los 17 que han fallecido en este período de tiempo. Ha subido más de un punto la edad media de los jubilados de 77,2 a 78,4, pero ha bajado ligeramente la edad media del clero de 58,88 a 58,63; y ha aumentado notablemente el número de habitantes por sacerdote: de 2.964, 07 en 1998 a 3.176 a finales de 2003.

En estos años ha descendido el número de religiosas, pasando de 434 a 390 y, aunque ha aumentado el número de institutos católicos de educación, ha decrecido casi hasta la mitad el número de estos institutos consagrados a la beneficencia; bien es verdad que algunas de las comunidades religiosas femeninas han pasado de una dedicación prácticamente completa a la educación a la de atención prioritaria a cuestiones de orden social.

El caso particular de las parroquias para las concentraciones de mayor población

Aunque las parroquias siguen siendo prácticamente las mismas, hemos suprimido tres de puro carácter nominal, quedando en 220,. Aún así, la verdad es que la tarea que han de asumir las parroquias existentes en relación con su elevada población, en algunos casos, es tal que esas comunidades parroquiales de elevada población están demandando los primeros pasos para la creación un nuevo complejo para parroquial que funciones durante algún tiempo como comunidad filial de la parroquia matriz. Es lo que ya estamos realizando en Adra, con la construcción del nuevo complejo de La Curva. La reciente visita pastoral a las comunidades parroquiales de la población y municipio de Adra me ha permitido ver esta necesidad, muy sentida además en el barrio de pescadores, donde hoy se ubica la capilla de la Virgen del Carmen.

Todo el Poniente ha experimentado un crecimiento tan grande de población que está exigiendo un nuevo plan de parroquias, que tendremos que abordar poco a poco. En el caso de la ciudad, quiero informar al clero de que la deseada permuta, que comenzó siendo propuesta del Ayuntamiento de Almería hace años, no ha podido realizarse por imperativo de la normativa vigente según decisión de la administración municipal. Por esta razón nos hemos visto obligados a tomar una determinación en firma que nos permita construir el nuevo complejo parroquial de San Luis Gonzaga en la parcela de nuestra propiedad junto al Seminario diocesano.

Al quedar el nuevo complejo más apartado de su delimitación noreste, será conveniente volver a delimitar el territorio de las parroquias colindantes. La nueva parroquia de Jesucristo Salvador, en cuyo complejo parroquial hemos comenzado a trabajar, absorberá parte de la población hoy sin la debida atención pastoral por su ingente crecimiento.

En Roquetas de Mar hemos dado pasos importantes para avanzar en el complejo parroquial del Puerto de Roquetas. Contamos ya con la escrituración de la nueva parcela que nos va a permitir dar los primeros pasos. Las necesidades de este municipio tan extenso son grandes. Aguadulce, La Envía y poblaciones como El Parador exigen nuevos planteamientos parroquiales que, al menos, hemos de programar, en vistas a su ejecución en la medida de nuestras posibilidades. La iglesia y el amplio complejo parroquial incorporado de San Juan Bautista han venido a paliar una necesidad perentoria y que ha requerido de años para su materialización. Damos gracias a Dios por su culminación.

A ello hay que sumar el programa de construcción y rehabilitaciones de casas rectorales en la diócesis. Un programa, en efecto, que pretender proveer de vivienda sacerdotal y locales a la parroquias que carecen de ellos y los necesitan para la acción catequísitica y apostólica, además de burocrática. Se trabaja en los primeros pasos para las casas de Olula del Río, que ya cuenta con proyecto, y Huércal de Almería, esta última en espera de avance de una negociación con el Ayuntamiento cuenta ya con un primer estudio del estado de la casa actual y obra necesaria. Más avanzado está el proyecto de Cantoria. En construcción está ya la casa de Pulpí y están recién terminadas la rehabilitación completa de la casa de Zurgena y la intervención en la casa de la parroquia de Santiago Apóstol de la capital, posible gracias a la previa gestión de compra del párroco emérito. Igualmente se estudia la adquisición de casa para Fondón.

En estos dos últimos años ha habido que contar con intervenciones menores en casas, para su ocupación por los sacerdotes, en algunas parroquias rurales más y en la ciudad, al tiempo que afrontando algunos alquileres. Otras casas han sido objeto de convenios de restauración, generalmente con algún Ayuntamiento, con aprovechamiento parcial de apartamento para el sacerdote y local para la parroquia.

Seminario diocesano y vocaciones

El número de seminaristas mayores se ha mantenido todo el quinquenio entorno a 20, después de haber bajado algo el número más alto mediados los años noventa. En este momento tenemos dos diáconos que están en estudios en Salamanca y el próximo día 6 de enero, en la fiesta de la Epifanía del Señor podré ordenar otros tres diáconos más. Así, pues, apenas iniciado el nuevo año serán cinco los diáconos diocesanos que, si todo marcha a su ritmo, al final de curso pastoral podrán ser ordenados presbíteros.

El Seminario Menor es tarea delicada, pero muy esperanzadora, ya que está más que demostrado que las vocaciones no nos van a venir todas de las necesarias de los ambientes juveniles de las parroquias. Hay que pedir a los sacerdotes que aún mantienen ciertas reservas su clara y decidida colaboración con el Seminario Menor, anteponiendo las orientaciones de la Iglesia a su propio criterio.

La acción pastoral y apostólica

No podemos detenernos ahora en un análisis pormenorizado de la acción pastoral y apostólica, pero el trabajo realizado para la visita “ad limina” deja ver bien el esfuerzo que hemos de realizar para renovar la catequesis y adecuar la celebración liturgia a la mente de la Iglesia. La primera exige una decidida voluntad de transmitir la fe sin disolver sus contenidos en la mentalidad ambiental, hostil en gran medida al mensaje evangélico y al cristianismo como orden de civilización de transcendencia moral.

En este sentido, se imponen algunas reflexiones. Primero, hemos de ser conscientes de que en una buena iniciación cristiana de los niños y de los adultos que vienen a la fe, así como en las catequesis o formación de adultos ya bautizados estamos poniendo los fundamentos de la fe cristiana del futuro inmediato, no ya del lejano en el tiempo. Tenemos que organizar las necesarias escuelas de catequistas y llamar con propiedad a las cosas. Aunque tenemos catequistas, no tenemos ni todos los catequistas que necesitamos ni tampoco todo lo preparados que exigen las circunstancias. Los sacerdotes han de ser conscientes de que son ellos no sólo los primeros catequistas, sino también los responsables de una buena organización de la catequesis en las parroquias y que a ellos se les pide un compromiso decidido con la selección y orientación de los catequistas con que han de contar.

La liturgia está pidiendo que aprovechemos bien este año de la Eucaristía para proponernos metas pastorales que ordenen las misas y las celebraciones sin presbítero, pero también que devuelvan el culto eucarístico a las comunidades parroquiales. Este es un año privilegiado para organizar donde sea posible los domingos por la tarde la adoración vespertina y la bendición con el Santísimo, acompañadas en los casos que las circunstancias y las comunidades pueden hacerlo del rezo de vísperas. Habiendo como hay tantas pequeñas comunidades de religiosas que han planteado su compromiso apostólico en el marco de las parroquias, ¿no podrían estas religiosas ser verdaderas animadoras con el sacerdotes del culto eucarístico vespertino de los domingos? Se trata de algo que no puede ser paliado sin más por el culto eucarístico de los jueves u otros días de la semana. El plan pastoral en vigor traza unas metas que es preciso irse proponiendo y alcanzando en las parroquias.

Sigue a buen ritmo la renovación de las comisiones de Caritas parroquial y se van haciendo nombramientos que renuevan la acción de las personas en tan importante sección del compromiso parroquial. No hay que tener prejuicios contra la organización de alguna sección de Caritas supraparroquial donde las circunstancias lo aconsejen y sea posible. A veces, algunas comunidades no pueden por sí solas afrontar los compromisos asistenciales de Caritas, pero un centro común podría ser de solvencia.

Los nuevos Estatutos de los Consejos parroquiales de pastoral son normativos para la constitución de estos consejos en cualesquiera comunidades parroquiales donde se quieran constituir como tales consejos. No se trata de que las parroquias elaboren estatutos propios para estos consejos, sino de que apliquen los que acabamos de aprobar y tienen carácter diocesano.

Donde no sea posible contar con un consejo parroquial de pastoral y con el consejo de asuntos económicos, los nuevos Estatutos indican ciertos procedimientos de participación de los fieles que dan solución a situaciones más precarias que las de las grandes parroquias. Siempre es el juicio ponderado del párroco, de acuerdo con el arcipreste el criterio para decidir sobre la conveniencia de establecer el consejo parroquial de pastoral o actuar de otro modo.

Nuevas Normas aprobadas

Además de los Estatutos de los Consejos parroquiales, durante el año que termina se han aprobado importantes normas para la vida de la Iglesia diocesana, como son las nuevas Normas para la elaboración o renovación de los Estatutos de una Hermandad o Cofradía y la Nueva Normativa diocesana en materia de Asuntos económicos. Su aplicación se va realizando progresivamente y en el nuevo año han de adquirir plena implantación. Es obvio que la aplicación más importante de la Normativa sobre economía es la que afecta al régimen de sustentación del clero. Las parroquias han de hacer cuanto esté en su mano para que vayan cubriendo la financiación posible de sus sacerdotes, pero más importante que esto es la aportación que corresponde a cada parroquia al fondo diocesano.

Por otra parte, son bastantes las cofradías que renuevan sus estatutos para adecuarlos al Código de Derecho Canónico de 1983. Junto con los nuevos estatutos de muchas cofradías, también se han aprobados algunos estatutos de asociaciones públicas y privadas de fieles

Estructuras renovadas al servicio de la vida eclesial diocesana y proyectos inmediatos

Pasando a otro orden de cosas, el año que acaba se cierra con una inversión importante, ya realizada en obras de rehabilitación de estructuras que están al servicio de la vida de la Iglesia diocesana. El Seminario Casa de Espiritualidad de Aguadulce “Reina y Señora” funciona ya a plena satisfacción. Dedicada su iglesia y altar, el pasado 31 de mayo del año que acaba, no sólo sirve a los fines del Seminario Casa de Espiritualidad, sino también auxilia en mucho la vida sacramental y de piedad de los fieles del entorno. Como lo principal para nosotros ha de ser el bien de los fieles y su santificación, y como la población de estas zonas es alta, se ha de hacer lo que se pueda para paliar la falta de parroquias o iglesias filiales. Lo exige el bien común del pueblo de Dios, al que nos debemos.

A este propósito, hay que decir que la nueva parroquia de San Juan Bautista está contribuyendo notablemente a la recomposición del tejido eclesial de una zona ampliamente secularizada y afectada por problemas sociales que nos son patentes. Espero que la fórmula elegida para su atención pastoral contribuya a obtener los objetivos pastorales que nos proponemos.

El Seminario diocesano ha logrado superar los dos tercios de su obligada rehabilitación, aunque restan algunos trabajos que ha ya han presupuestado para el año 2005 y sólo con el 2006 se alcanzará a terminar la rehabilitación posible, con excepción estricta del pabellón que ocupa el Colegio diocesano y que sólo podrá acometerse una vez levantados los nuevos módulos de este Colegio, que nos proponemos renovar no sólo materialmente sino como proyecto educativo. De momento ya es una realidad el módulo de Infantil, que pudimos bendecir e inaugurar el pasado 18 de octubre, en la fiesta del evangelista san Lucas, que narra la historia de la infancia de Jesús.

Una vez que la nueva Casa Sacerdotal “San Juan de Ávila” de Almería funciona a satisfacción, salvo los problemas que siempre da el acabado de las obras, la vieja Casa de la Plaza de Bendicho corría riesgo de abandono y derrumbe. Hemos acometido su rehabilitación con un fin imperioso: dar cabida a los organismos de la Curia diocesana que requieren ubicación y estructuras funcionales. Se nos ha prometido la entrega en dos meses, pero aunque sean tres, el traslado a ella del Tribunal Eclesiástico y de las Delegaciones episcopales para la Enseñanza Católica, el Patrimonio cultural de la Iglesia y Catequesis, Liturgia y Ritos y Ecumenismo, así como algunos otros servicios pastorales de la Curia permitirán liberar el Palacio Episcopal para instalar en él el Archivo diocesano, devolver a su lugar las oficinas de la Administración diocesana y remozar la residencia episcopal.

Todo, naturalmente, llevará su ritmo propio y el tiempo necesario, según nuestras posibilidades y llevando a cabo las operaciones que se hace preciso poner en ejecución, que no son ciertamente pocas ni escasas en dificultades.

Es lo que ha sucedido con la parroquia de San Luis Gonzaga, a la que ya me he referido. Esperamos haber puesto en marcha las operaciones económicas que nos permitan afrontar los primeros trabajos en esta parroquia, en Jesucristo Redentor y en la nueva Iglesia de Santa María Madre de Dios del Puche.

Para el próximo mes de mayo se nos ha prometido la terminación de la pequeña, pero suficiente iglesia ecuménica de la Urbanización de Valle del Este, que pondremos bajo la advocación de Nuestra Señora del Valle, y que hemos podido afrontar gracias a la generosa financiación de la familia cristiana que preside la empresa que construye la Urbanización, así como la gestión enteramente amistosa y de colaboración del Ayuntamiento de Vera. Les estamos muy agradecidos.
Hay otros proyectos y operaciones en programa, pero se hace preciso esperar a su consolidación para poder hablar de ellos.

Llamada a la santificación de sacerdotes y fieles en el Año de la Eucaristía y de la Inmaculada

No quiero terminar sin volver sobre la importancia que tiene el aprovechar bien este año de gracia que se nos ofrece su declaración por el Papa como año de la Eucaristía y de la Inmaculada. Vuelvo sobre lo dicho. Hemos de aprovechar bien sus posibilidades pastorales para encauzar la celebración de la Eucaristía, a tenor de las orientaciones de la Iglesia: Se han de leer y meditar, pero sobre todo aplicar a la vida cristiana los últimos documentos pontificios sobre la Eucaristía. En primer lugar, los tres del Papa: la Carta encíclica Ecclesia de Eucaristia (17 de abril de 2003), la reciente Carta apostólica Mane nobiscum Domine (7 de ocubre de 2004), y el Mensaje también reciente “Eucaristía y Misión” para la última Jornada misionera mundial. A estos importantes documentos hay que añadir la Instrucción de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos Redemptionis Sacramentum (25 de marzo de 2004).

Además de ahondar en el misterio eucarístico, poniendo de manifiesto la doctrina de la fe sobre la Santísima Eucaristía, los documentos invitan a la recta celebración de la Misa y la recuperación y correcta celebración del culto eucarístico fuera de la Misa. Es una constante de las enseñanzas de la Iglesia el imperativo de hacer justicia al Sacramento del Altar resaltando su fundación divina, su valor sacrificial, en cuanto sacramento del sacrificio de Cristo y sacrificio de la Iglesia; su condición de ágape fraterno no asimilable, sin embargo, a otras comidas y banquetes en los que el hombre celebra a sí mismo. La celebración de la Misa es indisociable de la condición sacerdotal de quien hace y preside in persona Christi el Sacramento para edificación del Cuerpo de Cristo y consumación en él de la unidad y comunión eclesial. En la celebración eucarística alcanza su meta la evangelización y se anticipa la participación escatológica de la vida divina. De ahí la imposible reducción de la Misa a un mero servicio religioso que hubiera de establecerse con criterios de un servicio funcional a los fieles.

Por todo ello ni el sacerdote ni los fieles pueden ejercer un dominio sobre el Sacramento que va contra su misma naturaleza sacramental. Nunca lo pensaremos suficientemente. Hagamos de nuestra parte todo lo necesario al servicio de Cristo y de su Iglesia. No dejemos una y otra vez de considerar que de ello depende también nuestra santificación. Es ésta una ocasión más para repensar nuestras celebraciones y para no saltar sobre la práctica consagrada por la tradición de no dejar de celebrar diariamente la Eucaristía como si hubiera de resarcirse el sacerdote de su agobio dominical. Nadie debe dejar sin la Eucaristía a los fieles con el prexto del descanso ni tampoco celebrar en número superior a la prudente ley de la Iglesia que quiere salvaguardar la celebración eucarística y establecer las mejores condiciones subjetivas del sacerdote que la preside.

Por otra parte, los 150 años que nos separan de la declaración dogmática de la Concepción Inmaculada de la Virgen María es ocasión propicia para dar un contenido mariano a este año de gracia, que redundará sin duda alguna en beneficio de la piedad popular y fortalecerá en la conciencia de los fieles la convicción de fe de que la humanidad de Cristo no se puede separar de la humanidad de Santa María, de quien la recibió. Es lo que he pretendido poner de relieve al pedir un monumento en homenaje a la Inmaculada. No se trata de una propuesta triunfalista o que soslaye el interés por los problemas que plantea a la fe la sociedad de hoy. Todo lo contrario, al hacer caer en la cuenta de la tradición religiosa que alimenta nuestra cultura, ponemos de manifiesto el suicidio cultural que representa su secularización ideológicamente programada, cuando la “cristofobia” parece ser el precio de la libertad del ciudadano laico de nuestros días.

Vincular la carne de Cristo, hombre pleno al tiempo que plenamente divino, a la carne de Santa María Virgen es poner ante los ojos del hombre de hoy el destino de nuestra humanidad en Dios y el sinsentido de pretender buscarla fuera de Dios. Es, ciertamente, afirmar las raíces cristianas de nuestra cultura, proponiendo a nuestros contemporáneos que a la sociedad no se la educa desde la administración del Estado, sino por referencia a la visión del mundo de los mismos ciudadanos y de los colectivos y grupos que articulan el tejido social. Una sociedad será culturalmente ella misma o será una colectividad de sometidos al dictado de las conciencias por élites que anulan la libertad valiéndose un ejercicio abusivo e inmoral del poder político.

Tributar un homenaje humilde y definido, privado y público a la Madre de Cristo y Madre de Dios en nuestro tiempo es fidelidad al Evangelio y aliento para llevarlo a todos y extenderlo sin avergonzarnos de él.

Os invito, queridos sacerdotes, a caminar en el nuevo año, con la gracia de Dios, por el camino de la santidad, en la comunión del presbiterio y siempre con los “ojos fijos en Cristo Jesús”. Que la actualización estos días y siempre de su nacimiento en Belén nos ayude a ello. Con estas convicciones os deseo a todos una feliz Navidad y un año nuevo de gracia del Señor.

Almería, a 23 de diciembre de 2004

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería

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