Discurso de Clausura de la Exposición
«Luminaria. Dos milenios de Cristianismo en Almería»

Ilustrísimos Señores Vicarios,
Excelentísimo Cabildo Catedral,
Excelentísimas e Ilustrísimas Autoridades;
Sacerdotes, religiosas
Señoras y señores:

         Con esta última visita y los actos culturales y religiosos de hoy y mañana clausuramos felizmente la exposición «Luminaria. Dos milenios de Cristianismo en Almería», que inaugurábamos el pasado 15 de mayo. Teníamos que haber clausurado esta exposición el pasado mes de septiembre, pero ha sido razonable alargar su duración ante el éxito obtenido por esta primera muestra del patrimonio cultural de la Iglesia diocesana de Almería.

         La exposición ha estado guiada por el mejor de los intereses: dar a conocer la belleza de la fe y el contenido de la misma, que no es sino Jesucristo, Palabra encarnada de Dios, por la cual fueron hechas todas las cosas. Luminaria ha querido poner de manifiesto la voluntad de la Iglesia diocesana no sólo en conservar el legado patrimonial generado por la historia de la fe cristiana en nuestro suelo, sino la disposición a mostrarlo y darlo a conocer en las condiciones sociales y culturales de una sociedad avanzada como la nuestra. La Iglesia no ha creado bienes culturales para su ocultamiento, sino primero para manifestar la gloria de Dios y contribuir a la salvación del hombre. Como dice san Ireneo, la gloria de Dios es que el hombre viva y, por eso, la gloria de Dios y la felicidad del hombre van juntas.

El arte sagrado tiene, en primer lugar, una finalidad doxológica, es decir, de acuerdo con la etimología griega de la palabra y con su contenido litúrgico, tiene como finalidad la alabanza y glorificación de Dios. El arte sacro exalta la majestad y la gloria de Dios, inseparables por ser la gloria y majestad que a Dios convienen de su amor y misericordia, pues el mundo creado y redimido por Dios es fruto de la caridad divina. Al glorificar a Dios el arte sacro alaba y exalta el amor y la misericordia divina, que son la sustancia de la vida del hombre. Porque Dios es amor (cf. 1 Jn 4,8), el hombre tiene un futuro de vida en plenitud, de vida sempiterna y de felicidad colmada. El arte sacro canta por eso la creación y narra la historia de la salvación como historia de la vocación humana, de la llamada de Dios a la felicidad plena, que el hombre sólo puede alcanzar mediante la participación de la vida divina. Ahora bien, sin redención del pecador no hay acceso alguno a la participación de la vida de Dios. De ahí que el arte sacro recoja la historia de redención vertida en plástica expresión y sacramento, en su propia plasticidad, del amor redentor del Creador del mundo y Padre de los hombres, caridad divina revelada en la historia de Jesucristo.

Retablos e imaginería escultórica, iconos y expresiones pictóricas diversas y la arquitectura que los alberga están al servicio de este fin y no de otro. La platería que labra los vasos sagrados y los enseres y utensilios que sirven a la celebración de la santa Misa, y modela y repuja los ostensorios y custodias de altar y de asiento para la adoración del Santísimo Sacramento, no tiene por finalidad la confección de objetos de arte que se agotan en su propia belleza artística para deleite de cuantos los contemplan y se gozan en la forma de su figura. Plata, oro y piedras preciosas tienen la función de mover a la glorificación del Redentor en la adoración del Sacramento del Altar, donde la presencia de Cristo es, en palabras de santo Tomás de Aquino, memoria de su pasión, sacramento que llena el alma de gracia y mediante el cual se nos da por anticipado la prenda de la gloria futura.

Al hacer hoy un primer balance de Luminaria hay que poner de relieve que, en muy alta medida, el éxito de la muestra estriba en que son mayoría los visitantes que han reconocido percibir en las piezas contempladas una historia de luz y de amor, que narra los acontecimientos que jalonan nuestra salvación, y la vida de la Iglesia que la proclama y dispensa. He tenido ocasión de escuchar comentarios diversos de guías y conductores de grupos que, sin duda, exhiben conocimientos diversos sobre la arquitectura y la plástica de la Catedral, pero que lo ignoran casi todo sobre el origen del arte sagrado que la Catedral encierra, desconocen la razón de ser de la plástica sacra y su finalidad doxológica, catequística y litúrgica.

Hay quien piensa que los púlpitos son dos por puro juego simétrico e ignoran la estructura de la liturgia de la Palabra que los concibió, y que históricamente se dividió en la lectura de la epístola y la proclamación del evangelio, dando origen en las grandes construcciones a las dos cancelas gemelas de los presbiterios y a los púlpitos. Hay quien explica con gran convencimiento las historias supuestamente secretas, incluso esotéricas, que la ejecución artística de las imágenes y la plástica de los iconos encierra. No faltan quienes acentúan la prehistoria pagana que cada signo cristiano ineludiblemente escondería y lo ignoran todo sobre la prehistoria judía del cristianismo. Explican algunos el itinerario de la liturgia como puro ceremonial, pero ignoran el número de los sacramentos y su identidad; hacen suya la crítica religiosa, pero nada saben de la naturaleza de las virtudes teologales representadas por bellas alegorías femeninas que dan cuenta de la vida cristiana; o de las virtudes cardinales que dan marco ético a la existencia personal del cristiano y a su compromiso social. ¿Por qué es Cristo el Pantocrator del universo representado en el tímpano mayor de las portadas románicas y góticas de iglesias y catedrales?, y ¿por qué su figura aparece acompañada de los evangelistas y de sus alegorías? ¿Por qué ha de ser la imagen de Cristo Salvador, Maestro o Buen Pastor el bajorrelieve representado en el respaldo o bajo el dosel de la cátedra episcopal?, o ¿por qué la caridad ha de adornar su sillar? No se puede acceder al misterio del templo cristiano si se desconoce la razón de su arquitectura y las representaciones que le dan figura; como no es posible invocar la mediación de los intercesores que, unidos a Cristo Mediador, suplican por nosotros a Dios, sin distinguir entre los santos el lugar singular de María Virgen o la función de cimentación eclesial que la fe otorga a los Doce apóstoles de Cristo.

La caída de la formación religiosa está cegando la capacidad de comprender en su verdad el arte cristiano y, en particular el arte sacro. Se explican con gran convicción historias que se asignan a unas u otras representaciones del santoral, aunque no se pueda precisar quiénes son los cuatro doctores de la Iglesia occidental y por qué ocupan el lugar que le destinan los retablos, o dónde debe ubicarse en ellos el lugar del titular del templo. No es necesario que aludamos al desconocimiento de la historia sagrada por las jóvenes generaciones, incapaces de distinguirla de la mitología pagana, y mucho menos de descubrir en la representación de la historia de la salvación los elementos del clasicismo griego y romano, profusamente utilizados por el arte del Renacimiento y el Barroco en la exaltación estética del catolicismo frente al protestantismo después del Concilio de Trento.

Las explicaciones guiadas tienden a disolver la crónica en anecdotario y, contra la naturaleza propia del arte sacro, tienden a diluir su razón religiosa en la mera descripción de la evolución de las formas artísticas y los estilos. Tenemos la intención de proponer unos cursos de formación en arte sacro que capacite a los guías que han de explicar el interior de la Catedral y el museo catedralicio que nos proponemos erigir canónicamente a tenor de la ley de la Iglesia sobre esta materia y conforme a la legislación acordada entre la Iglesia y el Estado. Los buenos resultados obtenidos con relación a los guías de Luminaria nos estimula a proseguir en el empeño.

Ahora sólo nos toca felicitar a cuantos han hecho posible Luminaria y agradecer el apoyo recibido de tantas instancias y personas que han manifestado su interés en la muestra. Primero quiero dar las gracias a la Comisión organizadora y al Comisario de la exposición, don Miguel Romera Domene, miembro del Cabildo Catedral. Su apoyo ha sido decisivo para sacar adelante esta exposición de una parte importante del patrimonio cultural de la Iglesia diocesana. Los temores han sido vencidos y los resultados son con creces muchos más de los esperados. Eran temores naturales, porque la mayor parte de las piezas mostradas no eran conocidas para todos los diocesanos, aunque sí lo eran para las comunidades de las que proceden aquellas piezas que son propiedad de las parroquias. Para las personas que frecuentan las celebraciones eran también conocidas muchas de las piezas que van exhibiéndose al ritmo del año litúrgico.

La exposición ha servido, además de para cumplir el objetivo de dar a conocer el patrimonio eclesiástico, para catalogarlo por primera vez en gran parte o estudiarlo mejor y más pormenorizadamente; y para proveer su custodia y restauración en las condiciones más idóneas. Algunas piezas carecían de documentación y su estudio ha requerido particular atención y cuidado. Se han restaurado piezas para poder exhibirlas en la exposición, pero hemos elaborado un programa de restauraciones que va a seguir a su clausura. Hago un llamamiento a las instituciones y entidades que pueden ayudarnos a conservar en condiciones deseables el patrimonio de la Iglesia y a restaurar las piezas necesitadas de una intervención especial, tanto procedentes las que forman parte del patrimonio histórico artístico como las que pertenecen al patrimonio documental.

El patrimonio cultural de la Iglesia de Almería se podrá estudiar ahora mejor, pero se ha de proceder respetando la normativa canónica que lo protege y evitando cualquier comercialización contraria a la normativa de la Iglesia y de la ley civil, y siempre respetando los derechos eclesiásticos de su titularidad. Este patrimonio es, ciertamente, patrimonio de la Iglesia y no sólo posesión eclesiástica, y sin dejar de ser un bien cultural nacional de tratamiento y custodia regulados por la legislación civil, está asimismo sometido a la legislación canónica y a la legislación acordada entre la Santa Sede y el Estado Español. Esta última no sólo obliga a las instancias de la administración central y a la Iglesia, sino también a las instancias autonómicas y locales.

Hemos recibido muchas felicitaciones de visitantes y cartas múltiples, correos electrónicos y pareceres. Al final de la muestra podemos dar una cifra, muy aceptable, de unos 60.000 visitantes. Si se tiene en cuenta que esta es la primera muestra del género y la ubicación geográfica de nuestra capital, es una cifra muy estimable. Más de ochenta centros de enseñanza, no sólo de nuestra provincia sino también de fuera, han visitado la muestra; sumándose a ellos instituciones culturales diversas, incluida nuestra Universidad. Congresistas y turistas que han gozado de nuestras costas y sierras se han sumado a los visitantes. Por la exposición han pasado excursiones de pensionistas y residencias y centros asistenciales de la tercera edad, viajes promocionados y particulares tanto de la provincia como de distintas partes de España, algunos grupos de las costas atlánticas y cantábricas. Lo han hecho igualmente las comunidades eclesiales, los arciprestazgos diocesanos y multitud de parroquias, cofradías e instituciones de la diócesis de Almería, de la archidiócesis metropolitana, de las diócesis de la provincia eclesiástica de Granada y de las otras diócesis de Andalucía y del resto de España. Todos los Obispos de Andalucía han visitado la muestra, acompañándonos en la inauguración, y otros se han sumado privadamente a los visitantes, incluido el Nuncio de Su Santidad. A ellos y a las autoridades y representantes de la sociedad que estuvieron con nosotros estoy particularmente agradecido.

Merecen también reseña las visitas de los estudiosos del arte en general y de los expertos que tienen por objetivo el examen y catalogación de las muestras que se editan anualmente en nuestro país. Hay que hacer mención, además, de los reportajes y entrevistas realizados por radios y televisiones de la región y nacionales. Hemos de mencionar, entre ellas, el programa religioso de Canal SUR y el Canal 1 de TVE, así como algunas televisiones privadas, entre ellas Popular TV.
El catálogo de la exposición ha recibido un juicio elogioso y agradecido de instituciones culturales y particulares, entre ellos historiadores del arte y especialistas en exposiciones. Se han encargado catálogos de partes muy diversas de la geografía española y también se han producido pedidos comerciales. Se ha difundido ampliamente el magnífico DVD realizado por la empresa «Mito Comunicación S. L.». Las colecciones de postales y reproducciones de las piezas expuestas se ha han distribuido con profusión. De todo ello esperamos obtener, a la hora de los balances, una ayuda para terminar de financiar esta exposición que la Iglesia diocesana de Almería ha ofrecido como contribución cultural a la ciudad y a la provincia.

Doy las gracias a cuantos han patrocinado la exposición, en primer lugar a Sus Majestades los Reyes de España, Don Juan Carlos y Doña Sofía, que han aceptado amablemente la presidencia de honor de la exposición, y al Jefe de la Casa de Su Majestad por las gestiones realizadas. Nuestro agradecimiento a la Fundación de la Obra Social y Cultural de Unicaja, principal colaboradora de la diócesis en el campo social y cultural, a las Fundaciones de Caja Murcia y Caja Duero, con cuyo apoyo hemos podido financiar parte de la exposición, aunque la aportación más importante ha recaído sobre la propia diócesis con la gestión de la muestra, que va desde el montaje a su mantenimiento por el Obispado con la colaboración del Cabildo Catedralicio con su Deán al frente. No quiero dejar de expresar, del mismo modo, nuestro agradecimiento a todas las demás entidades civiles, institucionales y sociales, entre las que he de mencionar al Ayuntamiento de la capital de Almería y a su Alcalde. Gracias a las instancias que nos han prestado piezas para esta exposición: el Museo de la Catedral de Córdoba y su Cabildo, el Palacio Episcopal de Córdoba, el Museo de Almería y el Archivo catedralicio de Guadix y el municipal de Almería. Fuera de las piezas cuyo origen acabo de mencionar, todas las demás proceden de las parroquias y archivos de nuestra diócesis, particularmente de la Catedral de la Encarnación.

Hoy, cuando la Iglesia celebra la memoria del Papa León Magno, doctor de la Iglesia, que con dulce firmeza y sabiduría frenó los riesgos de la invasión de los bárbaros, garantizando la paz a la Iglesia y salvando la cultura, damos gracias  Dios por poder clausurar hoy la exposición «Luminaria». Con ella hemos querido documentar también nuestra historia y exponer la razón religiosa de su propia identidad, la que comenzó a germinar con la predicación apostólica, avanzó hacia la sociedad cristiana del reino de los hispano visigodo, y, tras la dominación musulmana, dio el impulso decisivo a la restauración de la sociedad cristiana a finales del siglo XV y fue pasión y tarea durante el siglo XVI.  Una historia de fe y cultura cristiana que habría de fructificar en el catolicismo del Barroco, sin el cual no es posible comprender el alma de Andalucía ni tampoco entender que la luz prodigiosa del Mediterráneo haya sido el trasunto de la luz increada, que es Verbo de Dios, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo (cf. Jn 1, 9).

Quiero terminar con una referencia al Papa León, a cuya memoria litúrgica que hoy celebramos me he referido. León el Grande no sólo tiene un lugar de honor en la historia del dogma católico, sino en la historia de la liturgia, ya que muchos textos del sacramentario veronés son obra suya, llamado por esto «sacramentario leoniano». La historia de la Iglesia y la crónica del santoral destacan de él su contribución, como hemos dicho, a la paz y la salvaguarda de la cultura en Europa como obra singular de su mediación sacerdotal y de su sabiduría y capacidad para el gobierno universal de la Iglesia como Sucesor de Pedro. León, además, hizo valer sus dotes políticas en las embajadas con las que salió en Mantua el año 452 al encuentro de Atila; y en la misma Roma el año 455 al encuentro de Alarico, rey de los vándalos salvaguardando así el legado histórico y cultural de la Iglesia antigua tras las visitudes de la evangelización de la Europa mediterranea. En el siglo V, en momentos de especial dificultad, León brilla con el fulgor del cristianismo en la época convulsa que le tocó vivir, defendiendo la fe católica frente las desviaciones que hubo de padecer la Iglesia y contribuyendo como papa de la Iglesia a la formulación del dogma de Cristo del Concilio de Calcedonia, a la declaración del misterio de la Encarnación, titular de nuestra Catedral  y de tantas parroquias diocesanas (cf. E. Lodi, Los santos del calendario romano [Madrid  1999] 460ss). Esta titularidad no fue obra de sola devoción, sino propósito de fe frente a la cualquier disolución de la identidad de Cristo, Dios y hombre verdadero, en la cadena de profetas y hombres religiosos de la humanidad.

Es una gracia de Dios que su intercesión nos acompañe y que su magisterio nos ilumine en este día, para que Cristo, Luz increada y hecha carne en la inmaculada Virgen María, estrella del Mar, sea hoy como ayer y siempre confesado en la fe, siempre oscura y luminosa al mismo tiempo, verdadero Señor de la historia.

Gracias, muchas gracias a cuantos nos han visitado y gracias a todos ustedes, que nos honran una vez más con su presencia.

Queda clausurada la Exposición «Luminaria. 2 milenios de cristianismo».

Santa y Apostólica Iglesia Catedral de la Encarnación
Almería, a 10 de noviembre de 2007
En la fiesta de San León Magno

+ Adolfo, Obispo de Almería
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