Ilustrísimo Señor Pro Vicario general, Vicarios y Delegados episcopales, Vicario judicial y ministros del Tribunal eclesiástico, Directores de los organismos de Curia, Oficiales y personal auxiliar:

Agradezco vivamente las palabras de felicitación que acaba de dirigirme el Pro Vicario general. Este gesto tradicional es expresión del hecho principal, es decir, el hecho de que la Curia episcopal es el instrumento apto mediante el cual el Obispo extiende su propio ministerio episcopal. El Obispo, en efecto, puede llegar gracias a la Curia al conjunto de tareas que lleva consigo este ministerio, que da unidad y cohesión a toda la comunidad diocesana, a cuyo servicio ha sido instituido por Cristo.

Por esto conviene tener presente el principio establecido por el Decreto conciliar sobre el ministerio pastoral de los obispos Christus Dominus, que afirma: «Los sacerdotes y los laicos que pertenecen a la Curia diocesana han de ser conscientes de que colaboran con el ministerio pastoral del obispo. Hay que organizar la Curia diocesana de tal manera que el obispo tenga un instrumento adecuado no sólo para administrar la diócesis, sino también para realizar las obras de apostolado»[1].

Bien es verdad que ésta es una definición genérica de la Curia diocesana, ofrecida por el decreto conciliar sin pretensión de ser una definición técnico-jurídica, pero ofrece los elementos básicos que es preciso tener en cuenta para evaluar la labor que se confía a la Curia como instrumento administrativo, judicial y pastoral que coadyuva en el desarrollo del ministerio episcopal. Este principio, pues, es de gran importancia para orientar el cometido de los organismos de la Curia, porque de este principio emerge el sentido teológico y pastoral que inspira la colaboración que dichos organismos de la Curia ofrecen al Obispo y a la Iglesia diocesana con un único objetivo: el bien espiritual de los fieles.

Siguiendo la reflexión de algunos canonistas, podemos recapitular la función de la Curia diocesana del siguiente modo: 1º) Es un órgano colaborador del Obispo y, en consecuencia, quienes en están en la Curia deben tener presente que prestan su ayuda al ministerio pastoral. 2º) Su cometido no se limita a la labor administrativa, sino que “se extiende a la realización de las obras de apostolado”. 3º) La Curia debe organizarse de manera que sea “un instrumento adecuado, según las circunstancias o características de los diversos lugares y la adaptación a las necesidades actuales” [2].

Desde el principio de mi ministerio he pretendido hacer realidad esta concepción de la Curia diocesana derivada del concepto de la misma propiciado por el Vaticano II, si bien la experiencia me hizo ver enseguida que sólo progresivamente se puede lograr el conjunto de objetivos que tiene la Curia. Los objetivos que se propone obtener la Curia miran al logro del mayor bien de los fieles, que se ha de derivar del ejercicio pastoral eficazmente desarrollado del ministerio del Obispo como sucesor de los Apóstoles, a quien se ha confiado la Iglesia particular en la que ejerce su ministerio pastoral.

Teniendo en cuenta que para que la Curia diocesana funcione a satisfacción se hace preciso contar con las personas idóneas, no siempre es fácil contar con ellas dadas nuestras limitaciones. Esto hace que a veces nos falten personas para estar al frente de los organismos de la Curia y una sola persona se ve obligada a afrontar la orientación y funcionamiento de varios organismos, cumpliendo funciones de Vicario, delegado episcopal o director de organismo (secretariado u oficina), sin poder cubrir todos los servicios del mismo modo.

De aquí la diligencia con la que se debe actuar y la generosidad que han de poner en juego las personas a las que se confía un cargo en la Curia diocesana; sobre todo, los presbíteros, ya que en su caso estos cargos en la Curia no les eximen de las obligaciones pastorales que tienen al frente de sus comunidades parroquiales y las diversas acciones apostólicas que el ministerio pastoral lleva consigo.

Del mismo modo los laicos que colaboran con los cargos el ministerio pastoral del Obispo y asumen diversas tareas, principalmente administrativas, dentro de la Curia han de comprender que se ven en la necesidad de secundar la tarea de los presbíteros del modo que les es propio, pero también con aquella diligencia y generosidad que les aleje de un concepto meramente contractual de las funciones que ejercen. En este sentido, es de agradecer en especial la colaboración que prestan a la Curia algunos laicos sin otro interés que el servicio a la Iglesia diocesana.

Al recibir una año más la felicitación de todos ustedes, quiero expresar públicamente mi agrade cimiento a todos por la labor que desempeñan y, mismo tiempo pedirles comprensión por las limitaciones que nos acompañan, las mías propias y las que las circunstancias nos imponen. Desearíamos contar con más personas y tener las mejores cualificaciones para el ejercicio de cada uno de los cargos y cometidos. No duden, sin embargo, que quienes colaboran con el Obispo en la Curia diocesana gozan de mi confianza y cuentan con la ayuda del Señor, que es con mucho lo más importante. Les aseguro que el Obispo valora mucho cuanto son y hacen, aunque mi deber sea estimularles siempre al logro de la perfección en la ejecución de sus tareas.

Con este público agradecimiento a su labor, quiero felicitarles la Navidad a y rogarles que hagan extensiva esta felicitación a sus familias, a los que bendigo de todo corazón.

¡Feliz y santa Navidad! Que Dios nos conceda un venturoso año del Señor de 2014, y que veamos cómo son vencidas las dificultades que tiene que afrontar nuestra sociedad.

Almería, a 19 de diciembre de 2014.

                                                                       + Adolfo González Montes

                                                                                Obispo de Almería

[1] II Concilio Vaticano, Decreto sobre el ministerio pastoral de los obispos Christus Dominus, n. 27.

[2] J. Mª Díaz Moreno, S.J., «Principios teológico-canónicos reguladores de la organización de la Curia Diocesana», en F. Aznar Gil-J. San José Prisco (Coord.), La Curia Diocesana. La función administrativa (Salamanca 2001) 25.

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