Lecturas bíblicas: Éx 23,20-23: Sal 90,1-6.10-11 (R/. 11); Aleluya: Sal 102,21;  Mt 18,1-5.10

Hermanos sacerdotes concelebrantes;

Excelentísimas e Ilustrísimas Autoridades civiles y militares;

Miembros del Cuerpo Nacional de Policía, que celebráis el patrocinio

de los Santos Ángeles Custodios;

Hermanos y hermanas en el Señor:

Celebramos esta misa votiva de los Santos Ángeles Custodios con motivo de la fiesta del Cuerpo Nacional de Policía, que tiene a los Santos Ángeles Custodios como patronos, y se encomienda particularmente a su protección, al tiempo que los miembros de este cuerpo de seguridad del Estado se ocupan de la custodia del orden social y garantizan la seguridad ciudadana.

Los seres humanos no estamos solos en el mundo creado, con nosotros y confiados a nuestra responsable custodia, se halla el orden animal de tantos seres vivos que comparten con nosotros este prodigioso escenario y soporte del mundo creado que habitamos; y sobre nosotros, el mundo celestial, donde Dios es glorificado por los ángeles y al que son asociados los santos.

Dios ha creado a los ángeles, que glorifican al Creador, y ha querido asimismo encomendarles auxiliar a los hombres al servicio de nuestra salvación eterna. La sagrada Escritura dice que los ángeles fueron creados por Cristo y para él, porque todo cuanto existe fue creado por Dios mediante su Verbo eterno, «en los cielos, en la tierra, las cosas visibles y las invisibles… todo fue creado por él y para él» (Col 1,16). También los ángeles fueron creados por Cristo, en él y para él, y así leemos en la carta a los Hebreos, con referencia a la encarnación del Verbo, que cuando Dios, en su designio de salvación de la humanidad, «introduce a su Primogénito en el mundo, dice: “adórenle todos los ángeles de Dios”» (Hb 1,6).

Los ángeles están al servicio del Hijo de Dios, y los evangelios describen su actuación: anuncian a María el misterio de la encarnación del Salvador en sus purísimas entrañas, y a los pastores el nacimiento del Mesías redentor; confortan a Cristo en el desierto y en su pasión, y anuncian la resurrección del Señor a las santas mujeres (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n 333).

La Iglesia recibe la fe de Israel en la creación divina de los ángeles y en su condición de estar al servicio de la historia de nuestra salvación. Los evangelios afirman que, «llegada la plenitud de los tiempos» (Gál 4, 4), la fe de Israel se ha cumplido en el mismo Jesús, de quien dan testimonio los ángeles. En el Antiguo Testamento encontramos algunas de las misiones que Dios confía a los ángeles al servicio de la humanidad, y del pueblo elegido en particular. La primera lectura de esta misa, tomada del libro del Éxodo, recoge parte del llamado «código de la Alianza» de Dios con Israel, y en él se dice que Dios pone un ángel al servicio de su pueblo, cuya función es de protección y guía para que el pueblo elegido pueda entrar en la tierra prometida. Sería muy hermoso recorrer los diversos textos sagrados siguiendo los cometidos que Dios confía a los ángeles.

Jesús habla de los ángeles y, como hemos escuchado en el evangelio, dice que los ángeles de los niños «están siempre viendo en los cielos el rostro de mi Padre celestial» (Mt 18,10). Hablando así, Jesús afirma que los ángeles no abandonan la presencia de Dios mientras sirven a los hombres, manteniendo a los niños en el recinto angélico de la inocencia, que corre el peligro de verse perturbada por la maldad y el crimen de los malvados. La inocencia de los niños dimana de su proximidad a Dios, por eso Jesús cuida de los pequeños con especial ternura, prohibiendo escandalizarlos; y advirtiendo a los adultos del pecado de herir la inocencia de los niños.

La Escritura presenta a los ángeles en figura humana para acercar su existencia y misión a los hombres; sin embargo, no son homologables con los hombres, pues se hallan en un orden de la creación que no podemos percibir por ser de naturaleza espiritual e incorpórea, aunque real y consistente como todo cuanto Dios ha creado y, por esto mismo, tienen en común con los hombres su condición de criaturas. Han sido creados para Cristo y puestos al servicio de su cuerpo místico en orden a la salvación. Como dice el Catecismo de la Iglesia Católica, toda la Iglesia se beneficia del ministerio de los ángeles, uniéndose a ellos en la adoración de Dios cuando celebra la sagrada liturgia (CCE, n. 335).

Sobre los ángeles no podemos hacer ciencia ficción como no podemos hacerla sobre Dios, aunque la imaginación religiosa puede dar cauce a creaciones artísticas de diverso género, muchas veces fantástico y otras mitológico. No es esto lo que nos interesa destacar, sino el ministerio que Dios ha confiado a los ángeles en favor nuestro. Tenemos que tener bien presente que Dios ha querido que toda nuestra vida esté rodeada de la custodia y la intercesión de los santos ángeles, y cada uno de los seres humanos goza de esta especial protección de Dios que nos asiste por medio de los ángeles custodios, sin quebrar nuestra libertad de seres moralmente responsables de nuestros actos (cf. CCE, n. 336).

Bien habéis elegido, los miembros del Cuerpo Nacional de Policía, como patronos de vuestra misión social a los Ángeles custodios, porque el servicio que prestáis a la sociedad se asemeja a la misión de los ángeles, custodiando y protegiendo a cuantos, en condición de ciudadanos, formamos parte de una sociedad a la cual servís generosamente. Por eso, apreciamos y agradecemos vuestro constante sacrifico por mantener el orden justo, fundamento de la paz social. Un sacrificio que os lleva tantas veces a exponer vuestra propia vida para defender la vida de quienes se ven amenazados por los violentos y por cuantos intentan subvertir el orden democrático con acciones contrarias a la ley.

Confiamos a la intercesión de la Virgen María y de los santos Ángeles custodios vuestra vida y vuestras familias, pidiendo para todos los miembros de este importante Cuerpo de Seguridad del Estado la bendición de Dios.

S.A.I. Catedral de la Encarnación

27 de septiembre de 2018

                  + Adolfo González Montes

                         Obispo de Almería

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