Queridos hermanos sacerdotes diocesanos;
Padres de la Orden de Agustinos Recoletos;
Ilustrísimos señores Alcaldes del Alto y Bajo Andarax;
Hermanos y hermanas en el Señor:

Hoy es un día de gozo para las parroquias del Bajo Andarax, ya que al confiar a la Orden de Agustinos Recoletos estas comunidades parroquiales, hemos querido ofrecer a todas y cada una de las comunidades que les confiamos un párroco o administrador parroquial con las mismas facultades pastorales que el párroco en los términos establecidos por el derecho de la Iglesia. Estoy profundamente agradecido a la Orden de Agustinos Recoletos, que desde décadas atrás ha puesto a disposición del Obispo de Almería algunos de sus sacerdotes, cuya labor nos ha permitido atender la cura pastoral de un buen número de comunidades diocesanas, que sin su contribución apostólica y pastoral se habrían visto privadas de una atención pastoral como sólo la puede prestar un sacerdote que haya asumido de forma propia e inmediata la cura pastoral de cada comunidad, como verdadero pastor inmediato de la misma.

Justo al comenzar el nuevo curso puedo decir que, cuando la urgencia de atender estas parroquias del Bajo Andarax, me llevó a pedir una ampliación del número de sacerdotes de la Orden de Recoletos, la solicitud con que el Padre Provincial y su Consejo han atendido mi ruego, me permite confiar que en los años que van a seguir, no menos de tres, estas comunidades van a tener un pastor propio. Tres sacerdotes para nueve comunidades, de la cuales Alhama de Almería es la villa que reclamaba una particular atención, para poder extender desde ella la acción apostólica y pastoral de la nueva comunidad de Agustinos. Ya mi venerado Predecesor quiso en su día lograr de la Provincia de San Nicolás de Tolentino una comunidad para el Bajo Andarax, y hoy es el día feliz en que esta nueva comunidad es una realidad.

La presencia de estos tres sacerdotes evitará la dispersión en la acción y la concentración en la cura pastoral específica, que se verá potenciada por la vida de consagración de sus miembros, dada su condición de religiosos. En este sentido, quiero recordarles a ellos de manera particular que al ponerlos al frente de estas comunidades, he tenido muy en cuenta la labor que han de desarrollar como verdaderos pastores, organizando la vida parroquial según sus constantes propias: predicación esmerada, preparada, meditada que vaya jalonando a lo largo del año litúrgico los misterios de la fe, por los cuales nos llega sacramentalmente a todos la gracia que regenera y santifica la vida de los fieles. El punto culminante de la predicación es la plegaria eucarística, donde se recita y proclama en la acción litúrgica la historia de nuestra salvación, cuyo centro y culmen es el misterio pascual, presente en la santa Misa.

Con la celebración esmerada y conforme con la mente y la ley de la Iglesia, la catequesis y la instrucción de adolescentes y jóvenes, es una tarea de delicada actuación, fiel a la transmisión de la doctrina, metodológicamente acertada y didácticamente acomodada a cada situación personal. El Plan pastoral vigente pone un particular énfasis en esta labor catequística, cuyo principal protagonista es el sacerdote, ayudado de los catequistas y colaboradores en la educación de la fe. Entre ellos tienen papel primordial los padres, que han de colaborar estrechamente con el sacerdote.

La preocupación por retomar la evangelización y formación de los jóvenes y la recuperación cristiana de las parejas que quieren contraer matrimonio cristiano, son asimismo tareas pastorales ineludibles. La visita a las familias, el apostolado familiar y su incorporación a la vida parroquial cuando se hallen alejadas; el contacto con los enfermos y la preocupación por los ancianos, sobre todo los que se encuentran más en mayor soledad; el diálogo con los menos practicantes; la acción caritativa con los pobres y necesitados, inmigrantes y transeúntes; la atención a los visitantes y las atenciones y actuaciones solidarias y culturales; el despacho parroquial, fuente y ocasión de un intercambio pastoral y marco de entrevistas múltiples que extienden la acción pastoral a las personas que llegan a él; la administración pastoral, en fin, que exige y pide el cuidado de los libros sacramentales y la custodia del archivo parroquial, y otras actuaciones. Actividades todas que llenarán plenamente el tiempo y horario de cada jornada de cada sacerdote, ayudado por los consejos parroquial y económico, que deben constituirse conforme a derecho.

Después de situaciones de secularismo marcado, de abandono de la vida religiosa sacramental y devocional, las parroquias del bajo Andarax como otras muchas de la diócesis viene recuperando, gracias a la labor de sacerdotes abnegados, el pulso cristiano de su propia tradición, en tiempos particularmente hostiles a la fe cristiana, cuando se extiende una cultura y una mentalidad que parece querer poner a Dios entre paréntesis en la vida cotidiana y alejar el cristianismo de las constantes culturales de la vida social.

Tenéis ante vosotros, queridos sacerdotes a quienes hoy se os confían estas parroquias del bajo Andarax, una tarea difícil y hermosa al mismo tiempo: mostrar el verdadero rostro de Cristo, aun cuando la tentación de presentarlo sin verdadera identidad pudiera parecer que se hace más atractivo. En la desfiguración del rostro de Cristo está la principal causa de la desfiguración del cristianismo. El la confesión por Pedro tenemos la verdad de nuestra fe, pero si hemos de mantener esta verdad, que lleva consigo la aceptación del misterio de Dios irreductible a las imágenes que de él y de Cristo nos hacemos los hombres, entonces es necesario que hagamos de la transmisión de la doctrina de la fe tarea sustancial de nuestro ministerio.

Pedro quiso apartar a Cristo de su camino hacia la cruz, pero en el camino del calvario y en la cruz es donde Dios revela el alcance de su amor por nosotros. En la entrega de su Hijo al mundo es donde el Padre ha revelado su amor por él. Afrontar la evangelización de nuestra sociedad exige ofrecerle la verdad de Dios, su trinidad de amor y la verdad del hombre, creado a imagen de Dios, fundamento de su dignidad. La importancia de la catequesis y de la instrucción en la fe dará contorno propio al credo, para que cuantos se confiesan cristianos sepan de verdad en qué, o mejor aún, en quién han creído y con palabras de san Pablo: “Por este motivo estoy soportando estos sufrimientos; pero no me avergüenzo, porque yo sé en quién tengo puesta mi fe, y estoy convencido de que es poderoso para guardar mi depósito hasta aquel Día” (2 Tim 1,12).

Terminamos estas reflexiones conscientes de que la cura pastoral engendra a la fe nuevos hijos y conserva la vida sobrenatural de los ya nacidos a la fe gracias a la entrega existencial de los pastores, que han de configurar su vida con Cristo y unir a su sacrificio redentor la renuncia que lleva consigo el ministerio.

No dejamos de agradecer al párroco saliente la entrega generosa con que ha servido a esta comunidad de San Nicolás de Bari, de Alhama, colaborando con las instituciones y con todos los grupos sociales y culturales, y afrontando con verdadero entusiasmo la revitalización de la tradición religiosa y la obra de restauración de esta iglesia que brilla con esplendor propio en esta celebración. Que el Señor se lo pague.

Confío a la intercesión de la santísima Virgen, amadísima en todas las comunidades cristianas con advocaciones diversas, la cura pastoral que vosotros, queridos Padres, asumís con ilusión y deseo de servir por razón del Evangelio.

Iglesia parroquial de San Nicolás

Alhama de Almería, a 12 de septiembre de 2009

+ Adolfo González Montes

Obispo de Almería

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