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Alocución del Obispo de Almería

Eminentísimo Sr. Cardenal Legado del Santo Padre Francisco:

Eminencias, Excelencias Reverendísimas, queridos señor Nuncio Apostólico y hermanos en el Episcopado.

Ministro Provincial de los Franciscanos y Director General de los Sacerdotes Operarios

Diocesanos.

Excelentísimas e Ilustrísimas Autoridades civiles y militares.

Queridos sacerdotes, diáconos, religiosas y fieles laicos.

Queridos hermanos y hermanas:

 

Al terminar la santa Misa de la solemnidad de la Anunciación del Señor, titulo de nuestra Catedral y de tantas iglesias parroquiales diocesanas, quiero agradecer la presencia de cuantas personas se han congregado hoy aquí para asistir la Beatificación de los Siervos de Dios José Álvarez Benavides y de la Torre y 114 compañeros mártires, que entregaron generosamente su vida por amor a Dios y a Cristo. Nos ha congregado en torno a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía la memoria martirial de los nuevos beatos, por cuya vida y muerte damos gracias a Dios. Con gozo agradecemos a Dios, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, la glorificación de los nuevos beatos, testigos de Cristo, configurados con el Testigo fiel y veraz por el martirio como el más grande amor, porque «nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13).

El ejemplo de los mártires nos conmueve y el ejemplo de su fe nos estimula; y quisiéramos aprender de ellos que nada se ha de anteponer a Dios, porque sin él todo pierde su verdad y genuino valor. Sólo la existencia de Dios y la revelación de su amor misericordioso por nosotros manifestado en el sacrificio de Cristo, «que fue entregado por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación» (Rom 4,25), es garantía de sentido para el mundo creado y fundamento de la esperanza de la humanidad.

El martirio es el triunfo del amor sobre el odio, la victoria de la justicia de Dios sobre la injusticia de los hombres, sobre el quebrantamiento de sus mandamientos, sobre la violencia fratricida. Los mártires dieron su vida manteniendo su fidelidad a aquel en quien habían creído y en quien habían depositado su esperanza y al que amaban por encima de todo, y hoy la Iglesia los presenta como ejemplo altísimo de amor generoso y perdón que reconcilia y aúna, congregando a cuantos se sienten no sólo impactados, sino atraídos por el valor y la fuerza humanizadora que tiene su testimonio en favor de la verdad hasta la muerte.

Por ellos, don que Dios nos hace, le damos gracias, y con esta acción de gracias a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, quiero daros las gracias al Santo Padre Francisco y a la Congregación para las Causas de los Santos. Señor Cardenal Amato, transmita al Papa nuestra gratitud y los sentimientos de plena comunión de esta Iglesia con el Sucesor de Pedro.

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Homilía de las I Vísperas de la Anunciación del Señor

Vigilia de la Beatificación de los Mártires de Almería del siglo XX

Lectura bíblica breve: 1 Jn 1,1-2

Queridos hermanos y hermanas:

El Señor ha querido, en su providencia, que la Beatificación de los mártires de Almería, después del largo proceso de años de estudio y preparación llegara a su término en esta solemnidad del Señor, titular de nuestra Santa Apostólica Iglesia Catedral. El sacrificio de los 95 sacerdotes de la causa que encabeza el Deán del Capítulo de la Catedral aúna en una común confesión de fe, sellada con la sangre, a los presbíteros que fueron inmolados, algunos de ellos eran miembros del Capítulo de esta Catedral de la Encarnación.    

 

Suben a los altares, partícipes de la gloria de Cristo, los ministros del Evangelio que configuraron su vida con la vida de Cristo y su muerte con la suya. Procedían estos sacerdotes mártires de los presbiterios de las diócesis que ocupaban la geografía de la provincia de Almería, cuyos límites geográficos hoy son también límites geográficos de la actual diócesis almeriense. Por razón de la geografía diocesana de la provincia fueron llevados al sacrificio presbíteros de las diócesis de Granada y Guadix; los de esta última diócesis, junto con su Obispo, el Beato Manuel Medina Olmos, unieron su suerte a la de los sacerdotes de Almería y su Obispo, el también Beato Diego Ventaja Milán.

A la glorificación de los dos obispos se suman hoy los presbíteros de esta causa, acompañados por los mártires del laicado católico, procedentes en su mayoría de los movimientos devocionales y apostólicos más pujantes en aquellos años del pasado siglo. Entre ellos, se encontraron dos valerosas mujeres. Una de ellas, Carmen de Adra, que no quiso dejar de ser cooperadora estrecha de la parroquia y de sus obras sociales y apostólicas, defensora de su patrimonio cultural y religioso; y Emilia, de etnia gitana, que aprendió a rezar el rosario en la escuela de María mientras esperaba dar a luz a su hija.

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Carta de información a los diocesanos sobre la próxima
beatificación de los mártires de Almería

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Queridos diocesanos:

1. El pasado 7 de noviembre del año en curso de 2016, en el contexto de la Jornada martirial, leíamos en público el listado de los mártires de Almería que van a ser beatificados, una vez que así lo ha decretado el Santo Padre y tras años de estudio de la Causa y pormenorizado examen de la misma. En esta Jornada comenzábamos a dar noticia de la identidad de los mártires de Almería incluidos en la Causa «José Álvarez-Benavides y de la Torre y 114 compañeros muertos en odio a la fe», que serán beatificados en nuestra Iglesia diocesana en fecha ya cercana, apenas terminen los trabajos de preparación y el despliegue de la logística que este hecho extraordinario en la historia contemporánea de nuestra diócesis lleva consigo.

Con fecha del pasado 15 de junio, en la Carta a los diocesanos «El Papa Francisco manda promulgar el “Decreto de martirio” de los mártires de Almería», comunicaba a la Iglesia diocesana que había terminado el recorrido para la Beatificación de la Causa de los Mártires de Almería.

Esta causa tiene su contexto propio en la persecución religiosa que comenzó el año 1934 y se recrudeció de forma crudelísima durante la guerra civil española de 1936 a 1939, y en cuyo origen —como ha quedado reflejado en el así llamado «Congresso Peculiare» de la Congregación de las Causas de los Santos, que examinó la encuesta histórica y el sumario probatorio de los mártires— «se encuentra un profundo odio contra la Iglesia católica» (Relatio et vota, Roma 2015, 18).

El proceso ordinario de esta Causa se instruyó en la diócesis de Almería del 11 de abril de 1995 y 21 de mayo de 1998. La Congregación había concedido el preceptivo nihil obstat el 8 de julio de 1993 para el formato primero de esta Causa, que constaba de 93 Siervos de Dios iniciales, candidatos a la beatificación. Sin embargo, los trabajos de campo y la encuesta llevada a cabo por la Comisión histórica diocesana, constituida al efecto para investigar los hechos que justifican la Causa, aconsejaban la incorporación de más de una veintena de candidatos para su inclusión en la Causa, por haber sufrido la muerte por odio a la fe con las características propias del martirio. Tras la consulta realizada a la Congregación romana para las Causas de los Santos, ésta respondería aceptando la inclusión de los nuevos candidatos con el nihil obstat preceptivo el 17 de noviembre de 1998.

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